¡Bienvenida, Miss Derechona!

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“Ya viene, ya viene”, entonaban y entonan los niños de la Escolanía del Valle de los Caídos desde que nuestro Presidente del Gobierno, expirando en su extremaunción política, convocaba elecciones para el día 20 de noviembre (los niños de la Escolanía gritaban por este motivo, no por la resurrección de Franco, aunque dado el lugar y dada la fecha, no me hubiera extrañado nada).

“Ya viene, ya viene”, vocean los periódicos, las radios y las televisiones, algunos en forma de publirreportajes, con Rajoy, Maricomplejín para unos, Mesías pepero para otros, sobre un rascacielos de business con –según muestra el diario La Razón– pequeños y medianos empresarios, esos que –según dicen- serán los primeros que se beneficiarán de la más que evidente victoria del Partido Popular en las próximas elecciones generales. Las gaviotas llenarán de guano todo un rosal.

Se frotan las manos algunos, no ya sólo por el PP, sino porque España, pese a su carácter centroizquierdista, se está haciendo muy de derechas. La derecha, aunque no esté ocupando no las calles, sí acampa en los medios de comunicación, las administraciones, algunas conciencias y muchos bolsillos. “Venceréis, pero no convenceréis”, le espetó Unamuno a Millán Astray en la Universidad de Salamanca. De haberse producido hoy ese encuentro, el segundo le hubiera replicado: “Pero les llenaremos las barrigas”. Mintiendo, claramente.

España ha visto cómo ha menguado su carácter militar, pero sigue admirando a los tipos que llevan un parche en el ojo. Como a Millán Astray, como a un tal Esparza, que trabajaba en la COPE, se fue de esta por progre y encontró su hábitat natural en Intereconomía, con el Opus por detrás, que agarra la bandera de España –por los cuernos, iba a decir- y grita: “Orgullosos de ser de derechas”. Santiago, y cierra España no con un caballo, sino con un gato.

La derecha, empezando por la convergente Cataluña, donde gobierna una derecha rancia y nacionalista –perdón por la redundancia-, continuando por los feudos gaviotiles de Aragón, Baleares, Cantabria, las dos Castillas, Ceuta, Valencia, La Rioja, Madrid, Melilla y Murcia, con la rara avis extremeña, más el partido del latin-lover Cascos, ha empezado a convertir los estómagos en estadísticas, a destapar el despilfarro y la mala gestión de un gobierno socialista que se lo ha puesto muy fácil para ganar, y a recortar –palabra maldita en la calle Génova y en el condado de Mas- en lo que más duele. Y espérense a que el PP gane las elecciones.

Pese a los gritos indignados, pese al repateo del “me han quitado la piruleta”, pese a las quejas particulares, España ha votado eso. Muy llamativo el dato de la abstención, también el de los votos nulos, pero las reglas del juego no te garantizan nada utilizando esas cartas. La derecha arrolló en las urnas y no lo hizo apuntando a sus votantes con una pistola en la sien. Lo hizo de forma pasiva, silenciosa, camaleónica y contemplativa: no es que la derecha haya vencido en España, sino que la izquierda –la partidista, digo- es un vegetal, como los bonsáis de Felipe.

Tampoco es que nos haya gobernado la izquierda. Yo diría, más bien, que nos han gobernado los progres, ricos con el bolsillo lleno y que llevan a sus hijos a colegios privados, pero que simpatizan con el discurso que suena bien, el solidario, el socialista. Algunos votantes de izquierda se han dado cuenta de que otorgaron su voto a alguien que no, que no los representa, que no, que no… ya conocen el habitual estribillo.

No se puede decir “subiremos los impuestos para mantener –no ya mejorar- las pensiones, la sanidad y la educación”, cuando tú, alto cargo socialista, te has subido el sueldo antes de congelarlo, tienes un coche que te cagas, la escolta de Darth Vader te acompaña a mear, llevas a tus hijos a un colegio privado bilingüe y, encima, tienes garantizada una pensión millonaria de por vida. No ‘semos’ tan ‘gelipollas’ algunos, oiga.

El rol de los complejos ideológicos ha cambiado. Antes, el hombre de derechas hablaba bien de la República para que no le dijeran franquista; retiraba el cuadro de la Virgen del Rocío por una copia del Guernica para que no lo llamaran carca; aplaudía las películas de Almodóvar y renegaba del western; leía a Federico García Lorca y escondía a García Serrano, y compraba dos periódicos, El País y otro de derechas, mostrando el primero y leyendo el segundo pero, repito, mostrando el primero.

Ahora, la derecha está orgullosa de su condición, y declara que las corridas de toros son un bien de interés cultural, rinde culto a la escultura de Federico Jiménez Losantos –no es ninguna coña: búsquenla en la tienda de internet de Libertad Digital, que la podrán obtener por 209 euros-, lleva en procesión a Esperanza Aguirre a la sede de Intereconomía, gritando algún feligrés un viva cada vez que anuncia un recorte, señala a las izquierdas como él causante de todos los males del país, y los condena al infierno laico de la ineptitud –ya digo, en parte, porque las izquierdas se lo han estado ganando últimamente-.

Mientras, la izquierda moderada se esconde, y solo sale a la calle ocasionalmente, como una manada atravesando la sabana: pegan unas voces, dicen “estamos aquí”, meten en el mismo saco fecal al PP y al PSOE, y corre a las diez menos diez al bar que está frente a su casa, que a en punto empieza el Madrid-Barça.

La izquierda que sale a la calle y toma la plaza y, de manera ridícula, también la playa o la montaña (seamos serios, y no hagamos de un botellón en la Costa Brava un acto de reivindicación política), pero se autodenomina cara al público como “movimiento indignado” y reniegan públicamente, por ejemplo, del programa electoral de Izquierda Unida, pese a que más de la mitad de sus propuestas electorales sean calcadas. Que se lo cuenten a Cayo Lara.

Del socialista, ni hablemos. Algunos científicos de Ferraz están desarrollando, basados en la piel del camaleón, un nuevo traje que permita al votante del PSOE pasar desapercibido como tal. El socialista, el de verdad, está defraudado como nadie, acojonado como nadie, sabe que, pese a sus siglas, el PSOE no ha gobernado –al menos, en la última legislatura- en España, se siente traicionado, y se caga en esa economía de Champions League de la que presumía Zapatero. Y si no, es un sectario.

“Ya viene, ya viene” o “Ya ha venido, ya ha venido”, con licencia para todo, a veces, de manera vírica, enfermiza y obscena. Quizás sea el caso más paradigmático el de Cataluña: en Sanidad, reducción de camas hospitalarias y quirófanos por las tardes, disminución de horarios de atención en consultas externas y cierre de casi medio centenar de servicios de urgencias nocturnos. “És necessari aquest sacrifici”, que diría Mas. Sin embargo, al Consejero de Cultura, Ferran Mascarell, no le duele dejarse 1.400.000 euros –no le duele porque no son suyos, sino que están sacados de las arcas públicas- en garantizar que Hollywood doble 25 películas al catalán. “Aquesta és la millor sortida de la pitjor crisi que està patint Catalunya: la cinematográfica”. Y eso que Pa negre va a los Óscar…

No es que tengamos a los políticos que merecemos, sino a los que queremos. Menos lamentos, y más responsabilidad a la hora de votar. Que sí, que la ley electoral es injusta… pero hay partidos que llevan diciendo muchos años que es necesario cambiarla –lo que pasa es que nadie se acuerda nunca de Izquierda Unida- y todo el mundo pasa de ellos como de la cacota. Concluyo con un consejo: léanse los programas electorales… y luego, créanselos o no.

Fuente de las imágenes:
PP: www.lavozlibre.com
Portada de La Razón: www.larazon.es
Artur Mas: Europa Press

6 Comentarios

  1. Si todo se redujera al mínimo exponente, entonces cualquiera podría ser presidente del gobierno.
    Nada es tan simple, y efectivamente, hay otros partidos mas allá de la derechona y de la izquierdona, como Unión Progreso y Democracía.
    Saludos.

  2. Ya sabemos de qué va todo.
    Quienes están ostentando el poder hacen lo que les da la gana, mucho invertir en cine, y mucho recorte en sanidad, eso en Cataluña como dices, pero no sólo allí, en cualquier comunidad autónoma, esté quien esté…
    No sé por qué coj*** el poder corrompe tanto a la gente, cuanto tienen más corrupción. Total, como dices, una vez que han sido lo que han sido, tienen su vida ya bien asegurada con todo lujo de comodidades, qué más les da lo que pensemos nosotros… (que por otra parte es cierto que mucha de la gente que ha salido a ‘quejarse’ ha ido con sus minis de calimocho y sus porros y demás, pero ha habido gente que lo ha hecho porque realmente reivindicaba sus derechos ¿qué pasa? que ésos son los cuatro gatos que han votado a otros que no sean la derecha o la izquierda, o han anulado su voto, el resto de la gente -especialmente los de izquierdas- estaban de resaca y total, para la mierda que está haciendo el PSOE, para qué levantarse a votar…- y los a los de derechas, que siempre son mucho más fieles, les pillaba de camino al volver de la iglesia…)

    A todo esto, has puesto la foto de la portada de la razón, y has hecho que me vuelva a cabrear… Machisssstas de mierda!

    Enhorabuena por el artículo, maestro.

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