Benedicto XVI: Un paso atrás del catolicismo

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Este artículo es, en realidad, una adaptación de un comentario que dejé hace unos días en “El Papa Benedicto XVI: de espaldas a los fieles y de cara a la Cruz”,  publicado por Ana Belén Fernández. Fue ella misma la que me propuso publicar este comentario como ahora lo veis, en formato artículo, a lo que accedí de forma gustosa. Aclaro que he efectuado algunos cambios y he introducido algunas cosas que me han venido a la mente en estos días, pero en esencia es lo que dejé escrito, que por supuesto podéis consultar en la sección de comentarios del texto de Ana Belén. Recomiendo leer primero el excelente artículo de la compañera y a continuación este, para ayudaros a entender el tema y las críticas al mismo.

Ana Belén, no estoy de acuerdo con algunas afirmaciones que haces en tu artículo, y me gustaría expresar el porqué de mi oposición.

La primera de ellas es el tema con el que inicias el texto, la crítica a los Donatistas. Explicas que “aquellos sacerdotes que fueran inmorales no podían, precisamente por ello, dar los sacramentos, ya que éstos, se verían afectados de la impureza de tan impío mensajero, eliminando con ello la validez de los mismos” y elogias la contrarréplica de Santo Tomás, que afirmaba que “los sacramentos son objetivos, no siendo la persona más que un simple mensajero una vez transmitida la potestad sacerdotal, e independientemente de su moral, lo único que hace es administrar la intercesión divina”. Pues bien, he de decirte que yo estoy de acuerdo con los donatistas; ellos, como muchos otros (recuerdo el caso de Savonarola, que criticaba los lujos y vicios de la Iglesia de aquel siglo XIV-XV y pedía una vuelta a la pobreza del Evangelio) fueron simplemente aniquilados o ignorados por, precisamente, denunciar que Papas, Obispos y demás miembros de la curia romana no actuaban del modo en que se esperaba de acuerdo a lo escrito en los textos de los Evangelistas. Desde luego no viajaron, como Juan el Bautista o Jesucristo, con una mano delante y otra detrás. Precisamente una de las cosas que movió a Lutero colgar de la puerta de la iglesia de Wittenberg sus famosas tesis fue el viaje que efectuó a Roma, en el que vio la realidad de la poderosa Iglesia católica: vendiendo indulgencias para costear la San Pedro. Esto que digo está documentado por los historiadores.

Lo siguiente con lo que no estoy de acuerdo es con el asunto del latín. Afirmas que Juan XVIII se equivoco al ceder a “un adaptarse a los tiempos en post de un progreso hacia nadie sabe donde” y prosigues que “Sin un idioma común, unitario como el latín, con una dogmática común en todos los rincones del planeta, sin la connatural idea de universalidad que lleva inscrita la Iglesia, el catolicismo yace”. Concluyes, al referirte a lo que supuso que Lutero tradujese la Biblia al alemán que “la Iglesia Católica siempre mantuvo que la dogmática es una, la que se dicta desde Roma, y que sus pastores, los sacerdotes, eran los únicos que podían leerla siguiendo corporativamente, por así decirlo, esos dictados”.

Yo no creo que la sustitución del latín haya influido en que la religión católica, al igual que el resto de Iglesias cristianas, viva un periodo de descenso. El latín se convirtió en la lengua oficial del estado -romano- por conveniencia doble: primero, vehicular el mensaje de Dios en un lenguaje hablado desde Portugal hasta prácticamente Iraq suponía tener mucho ganado para su expansión; segundo, continuar con una lengua muerta que muchos, a partir de cierta época de la Edad Media, no entendían, suponía tener más poder y reafirmar precisamente la idea de que sólo la Iglesia interpreta el mensaje divino. Tampoco creo que el transmitir el mensaje de Dios a través de las lenguas vulgares sea la causa: recordemos que gran parte de las lenguas hoy habladas en Europa (castellano, francés, italiano, rumano, catalán, portugués) son lenguas romances, es decir, provienen del mismo latín. Por su parte Lutero al traducir al Biblia al alemán hizo que la gente se aproximase de forma directa al mensaje de Dios, algo que jamás había existido. Saber de primera mano, sin una interpretación única, -y estarás de acuerdo conmigo, Ana Belén-, da libertad. Si te dejan reflexionar sobre lo que lees, eres libre. Y en aquellos tiempos, y eso lo diré más adelante, libertad no es que sobrase.

El tercer punto de mi oposición está en la frase que va a continuación, cuando dices “el otro gesto del Papa, trascendental en mi opinión, el dar la misa de espaldas, supone un gesto de humildad por parte del sacerdote. En contra de lo que los bienpensantes puedan creer, dar la espalda a Cristo no es un gesto de cercanía al pueblo, sino un acto más bien de soberbia por parte del clérigo que creyéndose más que un simple mensajero del corpus bíblico muestra su cara a los fieles como si éstos en lugar de mirar al Dios en la cruz en el que creen para entender mejor su mensaje, tengan que mirar la cara al párroco” No creo que un clérigo, mirando al pueblo de Dios mientras da misa, esté cometiendo un acto de soberbia contra Dios, es más, en ningún pasaje del Evangelio he leído que el mismo Cristo predicase a las gentes de espaldas a ésta. Además, no es creíble la prédica de un sacerdote si este no está mirando a los fieles a los ojos, como hermanos. Lo siento, pero lo veo una vuelta a tiempos en los que el sacerdote tenía un poder cuasi místico que no le corresponde. Y sí, para entender la palabra, hace falta comunicación, oral y gestual, y de espaldas poco se hace. Además, cuando dices que “ … del clérigo que creyéndose más que un simple mensajero del corpus bíblico…”, entonces no entiendo qué hace Benedicto XVI, creyéndose más que un simple mensajero del corpus bíblico, por mucho representante de San Pedro en la tierra que sea. Y aunque sea quien marque la doctrina de la Iglesia, no consigo entender que los papas, históricamente, hayan usado su puesto y autoridad dentro del Catolicismo para dar como doctrina de la Iglesia ciertos aspectos políticos de su conveniencia, según la época que fuese. ¿O por ejemplo dice Jesús, en algún lugar, que hay que hacer la Guerra Santa? Pues las Cruzadas contaban con la bendición papal…

Lo último en lo que quiero mostrar mi desacuerdo es en la siguiente afirmación: “Si algún valor tiene la Iglesia Católica ese es sin duda su papel mediador entre el Estado, cada vez más totalizador, omnipresente y poderoso, y el individuo.” Prosigues afirmando que “La Iglesia siempre ha sido para muchos el rincón en donde se podían refugiar, sintiéndose libres precisamente por ser la única institución otorgadora de sentido, en el significado más existencial del término, de ese Estado (o monarquía absoluta o noble feudal o patricio esclavista, según las épocas) que lo más que nos ofrece es un marco colectivo de convivencia a cambio de un control férreo de nuestros actos y de nuestra posible individuación”; y a continuación dices que “no hace falta más que acercarse a los regímenes herederos de la Ilustración y ver las bárbaras persecuciones que se han cometido contra la Iglesia, en nombre de un Estado que nos prometía, sustituyendo las formas religiosas, la felicidad terrenal al mismo tiempo que aniquilaba todo sentido de la existencia humana”.

Siento decirte que la Historia está ahí para aprender de los errores, pero también de los aciertos, y que omites ciertos pasajes históricos en tus afirmaciones. Primero, la Iglesia Católica no tiene absolutamente ningún papel mediador, sino que le son aplicables desde mi punto de vista los calificativos que aplicas al Estado. Desde la caída del Imperio Romano y hasta la caída de los regímenes abolutistas en Europa -que inició la Revolución Francesa en 1789- la Iglesia Católica ha ocupado el papel del poderoso, del omnipresente, de una entidad totalizadora. Miles de personas, hombres, mujeres y niños, han muerto bajo la acusación de poseer y/o leer libros prohibidos, o de pensar cosas contrarias a la doctrina de la Iglesia. El mismo Galileo fue obligado a retractarse de su teoría heliocéntrica, que ha quedado demostrada como cierta. Respecto a los estamentos feudales, que yo recuerde eran Nobleza, Clero y el pueblo o campesinado, también llamados siervos de la gleba. Nobles y clérigos (no todos, por supuesto, honrosas excepciones me parecen aquellos que en los conventos y monasterios guardaron y trasmitieron el saber durante siglos) eran dos clases privilegiadas, que asfixiaban a los siervos de la gleba y que eran implacables contra quien osara cuestionar su hegemonía. De ahí saltaron a las monarquías absolutas, cimentadas en la legitimación religiosa de que el Rey lo era por voluntad divina. La Inquisición, sobretodo en España, alcanzó a través del miedo, la represalia, la tortura y las prohibición más poder que la mismísima monarquía, a la que sirvió en sus propósitos.

Olvidas que el Estado, hasta el racionalista siglo XVIII, estaba formado por una monarquía y una nobleza que ostentaba privilegios, poder y riquezas, y una Iglesia que legitimaba con sus prédicas aquel sistema y ostentaba una cota de poder inmenso, tanto que el Papa tenía uno de los mayores ejércitos de la época (hablo de la época medieval u Renacentista).

Por cierto, en la retahíla de “dictaduras marcadamente anti individuales y colectivistas” que enumeras, se te olvida una, la de Franco, cuyo sistema se daba en llamar “Nacionalcatolicismo”; que no era otra cosa que una imitación de la Alemania hitleriana que citas. El Franquismo contó con una Iglesia Católica que legitimó y apoyó un sistema donde el individuo no era libre para ser persona; para opinar y divulgar lo que cree y piensa de convicción. Un sistema donde los que pensaban diferente no cabían, donde por no ir a misa, por ejemplo, podía acarrearte la cárcel al ser tachado de rojo.

Por tanto, no creo que la deriva de Raztinger hacia las antiguas prácticas litúrgicas sea resistir al progreso, sino más bien volver atrás, a lo que tanto nos costó quitarnos. Si no quieres este progreso cimentado en la libertad individual y colectiva, ya me dirás si hoy, o ayer, tuvistes más libertad para plasmar, como y donde quieras, tus ideas. Nunca fuimos tan libres, no te equivoques. Estoy convencido de que por esta argumentación en otros tiempos yo estaría buscado por la Justicia. Te lo aseguro.

Fuente de la foto:
http://www.vozcatolica.org/94/BenedictoXVI.jpg

1 Comentario

  1. ¡Qué pena! ¿Dónde estará Ramiro? ¿por qué no respondes? Urge una respuesta, si no es Ramiro de otro. Yo es que soy muy zoquete para ello. Solo leo. Esto está llenándose de cuervos negros, es decir, curas.

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