Becarios con (mala) experiencia

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becarioprecarioEstoy en quinto de carrera, a unos meses de terminar mis estudios, y hasta hace unos días era becaria. Como otros tantos jóvenes en mi situación, buscaba formarme en una empresa sobre la profesión que desempeñaré el resto de mi vida. ¿Qué ocurre cuando unas prácticas de empresa no son lo que deberían ser?

La figura del becario precario, los cafés y las fotocopias que realizan los estudiantes en prácticas en las películas americanas, los trabajos tediosos y que nadie quiere hacer que desempeña el último en llegar a la empresa… Son tópicos que todos conocemos sobre el estudiante que comienza su andadura en el mundo laboral, pero la realidad va más allá.

Miles de jóvenes comenzamos con ilusión a formarnos en una empresa y la gran mayoría terminamos trabajando gratis. Sí, trabajar gratis, porque ser becario no es hacer todo lo que te manden sin supervisión, no es estar más horas de la cuenta, ni es sustituir el trabajo de otra persona.

Esta es la realidad de muchas empresas. Se nutren de jóvenes ilusionados que aún están en la universidad para cubrir puestos de trabajo, no para ayudarles en su formación; sino para ahorrarse sueldos, cotizaciones y vacaciones.

Tristemente, las empresas saben que aunque cien estudiantes digan que no a su abusiva oferta, siempre habrá alguien que considere esa oportunidad como la puerta definitiva a su futuro laboral.

En mi caso, empecé unas prácticas contenta, emocionada y llena de ilusión; una ilusión que poco a poco se fue tirando por la ventana de la tercera planta del edificio donde se supone debería estar mi tutor de prácticas.

Ese es otro de los problemas, la universidad y la empresa, al realizar el convenio de prácticas, suelen asignar sendos tutores, que en algunas de las ocasiones apenas vemos o ni siquiera llegamos a conocer.

Como iba diciendo, mi ilusión y mis ganas se fueron rompiendo cuando vi que mi única función en la empresa era conseguir más dinero para el jefe. Mis labores apenas tenían que ver con mi carrera, pero pensé que poco a poco iría demostrando que sé hacer lo que me habían dicho que iba a hacer.

En las prácticas las cosas se complican. Conozco otros jóvenes que como yo descubrieron que lo que esperaban de su aprendizaje laboral no iba a ser como habían prometido. Destrozarse las manos grapando documentos, acabar con la oreja roja de contestar al teléfono o convertirse en el secretario personal del jefe, son algunas de las realidades con las que nos encontramos los universitarios.

A mí no me educaron para romper un contrato, para romper un compromiso. Pero tampoco me educaron para infravalorarme a mí misma, ni para tolerar malos modos.

Cuando era pequeña, y aún ahora, mi madre me decía que cuando apilas un folio, dos, o tres no pesan; igual que pasa con las situaciones incómodas. ¿Pero que ocurre cuando sobre una sola mano sostienes ya cien folios? ¿Y cuando son mil? Acaba siendo excesivo y al final se te caerán y se desparramarán por el suelo. Lo mismo ocurre con las palabras, los gestos, las malas formas que duelen: terminan por pesar demasiado y acabas no pudiendo con ellos.

Antes de que los folios os doblen la muñeca, llenaos de valor y decir que no. Os digo yo que es complicado, pero si aún os queda un poco de amor propio hacedlo. Tenemos que hacernos respetar y acabar con los abusos, si todos nos levantamos podemos conseguir que la política de las empresas cambie.

Es muy típico oír a trabajadores, que igual están ya a las puertas de la jubilación, decir que ellos también pasaron por ello, que todos comenzaron sin cobrar, que era la única forma de aprender. La diferencia ahora es que podemos ser becarios hasta los treinta años, sin cobrar o con sueldos irrisorios; que muchas empresas no se preocupan de nuestra formación, sino de ahorrarse dinero y que las oportunidades laborales dignas escasean.

Tal vez esto sea una generalización, ahí fuera aún hay gente muy buena que se dedica a formar estudiantes de verdad para después contratarlos. Ojalá yo me encuentre con alguno de esos grandes padrinos, porque llevo cinco años haciendo prácticas, muchas veces siendo autodidacta, y con unos ingresos totales de 110€.

Imagen de Antonio López Muñoz 

1 Comentario

  1. Estoy en una situación parecida a la tuya, solo que llevo 4 meses y medio de los 6 requeridos aquí (México) y los tratos son denigrantes y siempre los becarios terminamos haciendo el trabajo de los demás empleados, las injusticias en cuanto a horarios son excesivas, y no valoran a nadie, si tuviera menos meses en éste lugar (y eso que es un centro de certificación de programas de diseño, autorizado y todo, las instalaciones son horribles y el “jefe” nos tacha de incompetentes cuando es su empresa la que esta siempre en pésimo estado) ya me habría cambiado. Le hacen falsas promesas a los becarios de clases gratis de programas de diseño y solo si hay lugar y avisas con semanas de anticipo podrían tomarte en cuenta, aunque en cualquier momento si alguien que si pague por esos cursos ( que no sean becarios) decide entrar al curso no les cuesta nada sacarte y avisarte en el último momento. Nos culpan por no tener comprimiso pero ni ellos lo tienen con su empresa ni país. Esperemos que esto termine porque afecta el rendimiento y eficacia de todo este tipo de medios.

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