Bazinga!

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Con un pijama de cuadros verdes a nadie podría asustar. Con ese atuendo y un andar robótico, como midiendo la temperatura ambiente y el rozamiento del suelo, nadie cabría esperar un desastre o un replanteamiento de su vida.
Sheldon Cooper se ha despojado de su vida tejana porque allí la Teoría de la Evolución es una mera opinión, un juicio que todos, como personas, podemos tener por la libertad de expresión que se nos supone. Pero no pasa de ahí.Los sinsentidos de los creacionistas mermaron la tolerancia por entonces existente de alguien que superaba en 87 puntos de coeficiente la normal que está establecida.

Ser maniático y crear armas mortales a los ocho años sólo podían significar un futuro universitario que llegaría tres años después, y así un conjunto de datos sobre todas las materias posibles (exceptuando los espectáculos carentes de ciencia ficción) que ningún enciclopedia podría almacenar.

Sheldon, con una casi imperceptible cara de sueño, se ha levantado y las seis y cuarto se precipitan en el reloj. El día universitario como doctor en física ha sido una nueva experiencia consistente en destrozar los andamios académicos de casi todo el personal de la facultad y de demostrar su supremacía en un alarde de magnificencia plagado de comentarios mordaces pero que no irrita y que se percibe real. Unas cuantas anotaciones en la pizarra mientras piensa el porqué del universo, el porqué de las partículas subatómicas, y a casa. El día ha salido redondo y rutinario, que es lo más importante.

El ascensor sigue roto y lleva así tres años. Subir al piso se ha convertido en una lección interesante sobre un tema trivial, porque todo en esta vida se puede explicar científicamente, nada es anecdótico y carente de análisis. Las paredes rebosan ladrillos rojos y se chocan con un papel pintado que bien puede ser blanco-verdoso o blanco-azulado, dependiendo del grado de daltonismo que me invada ese día. Los escalones están vestidos con moqueta verde y la puerta, de un azul y aspecto de acorazada, despliega un hogar aparentemente sencillo, pero realmente milimetrado.

El sofá posee la disposición de una pirámide social. Sheldon manda y le toca la cúspide, y el resto de vasallos elige un asiento donde comer incómodos, o donde no estar dementes. Todos deberían estar preparados para engullir comida tailandesa. Es importante que la sociedad entienda, o más bien su compañero de piso, que todo debe ser perfecto en la ingesta del menú oriental, americano, o extraterrestre. Una salsa no debe albergar mililitros de más pues la consistencia del plato de desmoronaría y el caos, propiciado por ese acto y la falta de atención del mundo en esos asuntos, atentaría contra todo ser vivo. Cómo pueden tomarse algo así a la ligera.

Todo grandioso cerebro necesita de un soporte inferior para tramitar mejor su vida. Por eso, sobre uno de los dos escritorios que informatizan la casa se encuentra un ordenador portátil rojo que simula un maletín intergaláctico, al que sólo le falta girar en una órbita alrededor de su amo y señor. Allí planea cuidadosamente cómo viajar en el tiempo y evitar que la raza humana fuera provista de individuos escasamente listos. Pero cae en la cuenta de que si volviera al pasado e impidiera el nacimiento de esos seres, él no podría sentir ese desprecio y no tendría ese pensamiento que le motivaría querer cambiar todo. Si, el clásico error de novato en los viajes temporales.

El egoísmo me provoca placer. El afán por acaparar todo o el sueño de ser el  protagonista por fin ha encontrado un sujeto donde desarrollarse y no producir asco, sino todo lo contrario. En él, ser un tirano o un capullo se eleva a una máxima categoría, ya que alguien así se lo merece. Mientras él siga divirtiéndome creyéndose el mejor (que lo es), yo valoraré hasta lo más cruel de su personalidad.

Por suerte, Sheldon Cooper le da vacaciones a sus neuronas o bien las de permisos pequeños en forma de recreos escolares en una gran tienda de electrónica. Así pues, los videojuegos y todo tipo de series y películas de ciencia ficción se adhieren a su forma de vivir y le permite hacer uso de su imaginación. Es una imaginación que corresponde a literatos y a grandes constructores de la ficción, pero él, haciendo gala de dotes científicas, mezcla su posible mundo irreal con una explicación real, así nadie se vuelve loco.

El emperador de la extraterrestre y superior dimensión sheldoniana debe tener un espacio personal. Qué es una habitación sino un templo. Quién puede dormir destartalado si puede formar una figura simétricamente perfecta en la cama. Eso sí, todo está vedado, pues los cómics o cualquier figura de ciencia ficción están embadurnadas de sortilegios, llenas de sistemas que te despedazan ante la mera señal de movimiento poco inteligente.

Una tienda de cómics tiene como mucho 14 años de edad. Sus habitantes tienen gafas a modo de buzos y más granos que una playa. Caminan inseguros, como si un chihuahua pudiera darse un festín con sus testículos, o como si una niña de su edad fuera capaz de matarle a navajazos. Por ello, estos seres calman su peligrosa vida de frikis en aquellos museos de arte repletos de páginas y mundos mejores que el suyo. Allí, donde un adolescente inteligente o fantasioso ansiaría vivir, Sheldon y sus secuaces tratan de ampliar sus colecciones, siendo su única preocupación. Así, todos seríamos felices.

¿Qué es una mujer sexualmente hablando? Quién es esa vecina escultural que menea sus curvas embutida en un uniforme con aroma a tarta de queso. Para él, no es nadie, sólo un sujeto más, una persona desovada de la humanidad que en concreto tiene un cerebro deficiente y que, por ello, no merece la pena profundizar. El afecto, el contacto humano, el cariño…Son tratamientos sociales que un insensato se esforzaría en experimentar. Nadie lo necesita para disfrutar de una vida plena, donde abrazar se convierte, más que en una absurda obligación, en una tarea difícil. Poner un brazo o brazos sobre el cuerpo de otra persona y presionar ambos torsos como si fuesen a fusionarse parece que requiera sudor, lágrimas y un equipo de supervivencia, además de un evidente planteamiento previo. La verdad es que como dijo Wolowitz, la mitosis será la solución para desarrollar la inteligente estirpe de Sheldon.

El día en el que Sheldon parezca coherente con el mundo en el que vive, estará de broma. Para ello, abrirá la boca con dolor, dibujando una mueca semejante a la que haría un hombre que intenta expulsar una piedra del riñón. Posiblemente, ese comentario se verá respaldado con un vocablo característico.

Jim Parsons, un actor que quiere hacernos sentirnos estúpidos al resto del planeta, lo ha conseguido. Gracias, de verdad.

Imágenes:
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