Barcelona reclama su derecho a reutilizar residuos

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Change.org refleja la petición de los barceloneses para la derogación del artículo 63.2 d de la ordenanza sobre el uso de las vías y los espacios públicos de Barcelona. Dicha ordenanza sanciona económicamente (con multas de hasta 450 euros) a todo aquel que escoja y/o seleccione residuos depositados en la vía pública, incluyendo los que hay dentro de los contenedores.

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Contenedores en Barcelona

Esta guerra se ha desencadenado por un caso acontecido en 2011 donde se multó a un hombre con 90 euros, por mirar interesado un cuadro de un contenedor. Sólo entre los meses de enero y marzo de este año se han tramitado 3440 denuncias por casos como éste. Esta plataforma que cuenta con más de 40 millones de usuarios en todo el mundo, dota esta vez a los habitantes de la Ciudad Condal de la potestad para cambiar esta perturbadora situación para el entorno.

La petición presentada por Óscar Guayabero y respaldada hasta el momento por 1.418 firmas se basa en dos tipos de argumentos: sociales y ecológicos. Y es que resulta una necedad la posibilidad de multa ante la evidente falta de recursos de tantas personas en nuestro país. La triste realidad es que los altos índices de desempleo y los ascendentes marcadores de pobreza a los que se ve subyugado un número cada vez mayor de la población convierten la recogida de residuos para muchas familias en una necesidad.

En Change.org se argumenta que es lógico que exista un control sobre los residuos susceptibles de reciclado, pero se establece una balanza en la que se prioriza la reutilización ciudadana de estos desechos frente a la “obtención de unos pocos recursos”.

Así pues el embajador de esta iniciativa explicaba cordialmente a La Huella Digital las ventajas de la reutilización frente al reciclaje:

“Cuando se reutiliza algo no pierde valor de uso y por tanto su amortización en cuanto a huella ecológica es mayor. Por ejemplo: Si se reutiliza una silla, ese objeto sigue teniendo el mismo valor de cuando se fabricó. Por tanto las horas, energía, materiales usados siguen amortizándose. Si esa silla de madera se convierte en biomasa, se recicla el material pero su valor de uso cae en picado. Un solo uso y como combustible. Si fuera de metal y ese metal se fundiera para hacer otra silla, habría pérdidas  por el camino e inversión energética en hacerlo. Es la segunda ley de la termodinámica. En cada paso se pierde valor”.

Además Guayabero razona que si el objeto de esta ordenanza es impedir el beneficio de la venta ilegal de estos desechos hay otros recursos legales que no damnifican a los ciudadanos realmente necesitados.

Por otro lado, y centrando el tema en la cuestión medioambiental, en la página, el autor de esta solicitud se cuestiona si el ayuntamiento busca monopolizar el reciclaje. Según Óscar Guayabero, es lícito obtener rentabilidad del reciclaje, aunque solo sea por sufragar el gasto de la recogida de basuras, pero no lo es tanto sancionar a quien se encarga de hacerlo particularmente.

Llama la atención la doble moral municipal en este caso especialmente. Siempre hemos oído por parte de las instituciones en forma de mil campañas publicitarias la importancia de un consumo sostenible  del reciclaje y de la reutilización de residuos; es decir, la famosa regla de las 3R que en su momento enunció Greenpeace.

Con el artículo 63.2d de la OUVP, los vecinos de Barcelona pierden su derecho a reutilizar todo tipo de materiales en pro de la preservación del medio ambiente. Pero yendo un paso más lejos, esta parte de la ordenanza se puede interpretar como un ataque directo a la libertad individual. ¿Qué ocurre si me apetece amueblar mi salón con esa mesita auxiliar de la que se deshizo ayer el señor del quinto?

Está claro que al impedir la reutilización, se fomenta el consumismo, una de las mayores lacras que sufre nuestro planeta, pero además de esto se impide el desarrollo de la creatividad que todo proceso de reutilización lleva implícito. Un gratificante ejemplo de esto resulta el proyecto solidario llevado a cabo durante los años 2010 y 2011 por la Fundación Arrels y el diseñador industrial Curro Claret. En dicha iniciativa participaron personas sin hogar construyendo taburetes y otros elementos de mobiliario doméstico a partir de una pieza metálica y materiales recogidos en la calle. El proyecto llamado taburete 300, además de su evidente valor sostenible, promovía la integración de estas personas marginadas por la sociedad.

Los argumentos son de peso y seguro que la propuesta sale adelante. Lo que sí está claro es que la organización va a dar guerra hasta conseguir su objetivo. Bajo la etiqueta #reuseisnotacrime y mediante actos públicos que se están gestando la lucha sigue más allá de Change.org. Confiamos en que el artículo 63.2d, que tira por tierra todo valor social, solidario y ecológico sea derogado en los próximos días.

Fuente de las imágenes: everystockphoto

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