Balompié en territorio hostil

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El fútbol ostenta la hegemonía en el ámbito deportivo mundial desde hace décadas. Si volvemos la mirada atrás, y nos situamos en 1950, podemos contemplar cómo el fútbol fue capaz de trascender mucho más allá de lo deportivo. Brasil vio esfumarse todas sus esperanzas de lograr la Copa del Mundo en el mítico estadio de Maracaná frente a la selección uruguaya de jugadores como Schiaffino, Ghiggia, Varela… Aquella debacle deportiva de la selección carioca tuvo una repercusión sin precedentes entre la población en la historia reciente del deporte. Un país entero quedó conmocionado por una derrota que los periodistas brasileños habían vendido como victoria anticipada días antes. Hechos como éste parecen obligar a contemplar el fútbol desde una perspectiva concreta: el balompié lo inunda todo y los demás deportes no tienen más remedio que subordinarse a él.

La otra cara de la moneda del deporte rey la encontramos en países como Estados Unidos o Canadá, en donde el fútbol americano, el baloncesto, o incluso el béisbol, ocupan lugares hegemónicos en detrimento del fútbol. Resulta, cuanto menos curioso, la forma en que se ha relegado a un deporte nacido en la antigua metrópoli inglesa a favor de prácticas autóctonas aparecidas en las colonias. Esta diferencia se encuentra también en el lenguaje, al designar al fútbol con el vocablo soccer, reservando el sustantivo football para el fútbol americano.

Aunque no demasiados aficionados al fútbol conocen este dato, los Estados Unidos de Norteamérica participaron en los dos primeros Mundiales, en Uruguay 1930 e Italia 1934. La implicación de equipos en aquellas primeras ediciones de la Copa Mundial de la FIFA estuvo marcada en mayor medida por criterios geográficos y económicos, y en menor medida por aspectos meritocráticos del equipo en cuestión, ya que apenas hubo partidos de clasificación. Sesenta años pasaron desde la segunda participación (Italia 1934) y la tercera (USA’94); seis décadas en las que el fútbol nace, muere y renace en Norteamérica.

A pesar de estos comienzos vanguardistas en la historia de los Mundiales, el fútbol en Norteamérica es un deporte claramente minoritario. Los intentos de promoverlo han fracasado constantemente. El fichaje de David Beckham es el más reciente y popular intento de impulsar este deporte, aunque también encontramos ejemplos en décadas pasadas. Un caso paradigmático fue el ambicioso proyecto del New York Cosmos en los años 70, con jugadores de primer nivel como los campeones del mundo Pelé y Carlos Alberto; el alemán Franz Beckenbauer, y el controvertido Giorgio Chinaglia, componente del Lazio campeón de Liga en 1974, un equipo en el que se decía que casi todos los componentes viajaban armados. Jugadores de la talla de Johan Cruyff, el peruano Teófilo Cubillas, los británicos Gordon Banks y el desaparecido George Best, o el cañonero alemán Gerd Müller, contribuyeron, con su paso por equipos estadounidenses, al desarrollo del fútbol en esta zona del planeta.

El intento más claro de reavivar el maltrecho panorama futbolístico se produjo en el verano de 1994, con la organización de la Copa Mundial de la FIFA en Estados Unidos. El deporte se revitalizó, estadios como el Rose Bowl de Los Ángeles o el moderno Pontiac Silverdome de Detroit acogieron gran cantidad de público, aunque el fútbol nunca llegó a despegar por completo. Jugadores tan pintorescos como Alexi Lalas, el portero Tony Meola, Marcelo Balboa, Tab Ramos (quizás el más conocido por la afición española, debido a su paso por el Real Betis), Cobi Jones o Eric Wynalda, fueron la cara visible del proyecto.

Aquel plan no incluyó al país vecino, Canadá, con el que Estados Unidos comparte miles de kilómetros de frontera, e incluso algunos de sus equipos forman parte de competiciones como la NBA o la NHL. Aunque comparten gran cantidad de características culturales, llama poderosamente la atención que el combinado estadounidense se clasificó el año pasado para su octavo Mundial; mientras que los canadienses tan sólo disputaron la fase final de 1986. Bruce Wilson, uno de los grandes mitos del fútbol canadiense, jugó en México’86 con casi 35 años a las espaldas; llevaba dos años sin equipo debido a la desaparición de su equipo, los Toronto Blizzard, y de la Liga de Fútbol Norteamericana. El caso del futbolista canadiense y la repercusión social del Maracanazo parecen remitirnos a mundos distintos. La grandeza del fútbol.

Fuentes del texto:
www.fifa.com
Diario
As
Fuentes de las imágenes:
http://www.flickr.com/
http://fulhamexiles.files.wordpress.com/
http://www.sportshall.ca/

1 Comentario

  1. ¡Hola!

    Se me olvidó especificar que Bruce Wilson fue el capitán de aquella selección mundialista de Canadá.
    Espero que os guste el artículo.

    Saludos.

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