¡Ay, qué cruz!

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Y tras este periodo de exámenes para muchos estudiantes, dónde el agobio ha corrido entre exámenes y trabajos parciales acelerados para que no nos caiga la desgracia de tener que abandonar la playa a principios de septiembre, no cabe otra cosa qué decir: “Ay, qué cruz“.

Claro que uno se plantea si todas las cruces son iguales y tienen la misma efectividad porque, en ese caso, convendría ver la misma cruz de la victoria que vio Constantino en el año 307 (por aquello de saber que se saldrá airoso de la batalla estudiantil).

Aquí el famoso emperador romano Constantino paso a la Historia, entre otras cosas, por ser uno de los mayores defensores del Cristianismo; su madre era Santa Elena y su padre, Constancio, uno de los césares procedentes de la tetrarquía de Diocleciano que le abrió el paso al gobierno.

A la muerte de Diocleciano, Roma volvió a convulsionar ante las diversas disputas de generales que exigían el trono. En el año 307, Constantino se dirigía a la batalla del puente de Milvio cuando dijo ver en la lejanía una cruz blanca con un mensaje escrito: “Con este símbolo, vencerás” y, efectivamente, venció.

No podría decir con exactitud si lo que le dio la victoria fue el símbolo o la espada (aunque, personalmente, opto por lo segundo) pero él interpretó que fue el Dios de los Cristianos el que lo encaminó hacia la victoria. Por eso, al verse en deuda, en el año 311, redactó el Edicto de Milán por el que ninguna persona sería perseguida en función de su religión y de ese modo, los paganos no perseguirían más a los cristianos, así como en el 325 celebró el famosísimo Concilio de Nicea dónde se cedió a la divinidad a Jesús y acabó con el arrianismo (una rama religiosa que entre las diversas diferencias que presenta con el cristianismo comúnmente conocido, destaca la humanización de Jesús siendo este representado como un profeta y no como un Dios).

Además y para no quedarse corto le regaló al Papa el palacio real. ¡Quién fuese Papa en aquel momento!

1 Comentario

  1. “Y entonces el cristianismo cayó en el tiempo y en la Historia.” Emile Cioran.

    En el tiempo porque postergó la vuelta de Dios a la Tierra hasta el fin de los tiempos. En la Historia porque, al pactar con el poder terreno, con el poder finito, perdió su cabida entre los ideales ejemplares. Vendió la bonita propuesta que postulaba a cambio de la vulgar capacidad de influir en los asuntos mundanos.

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