Automatic Kafka y la deconstrucción del universo

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Ashley Wood y Joe Casey crean un universo único en el que los superhéroes, la cultura pop y el existencialismo dan lugar a una obra tan estrafalaria como atractiva.

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Portada del Cómic

Allá por los años 80 Alan Moore le abrió los ojos al mundo por segunda vez con Watchmen después de que Eisner lo hiciera con sus novelas gráficas hace décadas, recordando que los cómics eran algo más que superhéroes buenos salvando el mundo de supervillanos malvados. Esa obra inició la deconstrucción y una era de gris cinismo que ha hecho que hoy día sea habitual ver una obra autorreflexiva sobre los superhéroes. Sin embargo desde las mentes de los autores indie Ashley Wood y Joe Casey llega una obra que se replantea la deconstrucción desde una nueva perspectiva, una fea, decadente y crítica.

Automatic Kafka es el nombre del protagonista, un robot que pasó sus días como superhéroe junto con un estrafalario grupo y que ahora pasa las horas muertas entre drogas y pornografía.

La vida no es tan interesante cuando no hay que salvar al mundo.

El titular protagonista, harto de lo cotidiano, busca hacer algo de utilidad y dar sentido y trascendencia a su vida, y para ello decide intentar volver a la circulación… como imagen pública. Aprovechándose de su pasado como prestigioso superhéroe tanto él como las compañías le crean una imagen mediática como presentador, actor y en general imagen de múltiples productos. Mientras tanto el resto de sus viejos compañeros se pudren en la miseria o siguen al servicio de unos vagos intereses, perdidos en sí mismos y apenas una sombra de lo que una vez fueron.

Automatic Kafka no es sólo una reflexión sobre los superhéroes. En el cómic versa “sólo para adultos”, y en efecto es así. No sólo por las dosis de erotismo y violencia que exhibe el cómic, sino por los temas que trata y la ácida visión que el conjunto Wood/Casey aporta. Esta es más una crítica a la sociedad contemporánea que a los superhéroes, más una reflexión sobre nuestro futuro, nuestro presente, qué compone nuestro mundo, qué nos alimenta, qué nos hace pensar. Desde el patriotismo exacerbado hasta la telebasura, Automatic Kafka desenvaina su espada y no deja títere con cabeza. El toque personal que aporta el estilo único de Wood logra crear un mundo único, misterioso pero cercano, fascinante pero repulsivo, y aporta una atmósfera propia y reconocible al instante. Toda la obra es un juego de ficción-metaficción, una reflexión sobre la madurez y la dureza de este cruel mundo que nos consume de una forma u otra, y sus autores lo observan todo con una mirada tan ácida que duele.

Versa al inicio del cómic una introducción que dice que este cómic es tanto un insulto a nuestra inteligencia como el resultado de meses de esfuerzo sobrehumano, que esto es una broma y al mismo tiempo la búsqueda por una magnum opus. La respuesta es que sí, lo es. Automatic Kafka no es una obra fácil de comprender o leer, de las de amar u odiar. Aquellos que tengan la desgracia de no quererla pensarán que el montón de frases pretenciosas e imaginería abstracta que la adornan están vacíos. Pero aquellos que descubran sus intenciones más profundas tendrán el placer de disfrutar de uno de los cómics con más personalidad del momento, una obra reflexiva y realmente madura que devuelve al cómic a su legítimo puesto como noveno arte.

Portada del cómic obra de Ashley Wood.

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