‘Au revoir’, hispanos

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La selección española de balonmano no disputará la final del Campeonato de Europa que se está celebrando en Dinamarca. Francia, vigente oro olímpico, ha derrotado a la campeona mundial (30-27) en la antesala de la final. La derrota en semifinales pone punto y aparte a la travesía nórdica de los pupilos de Manolo Cadenas. El trayecto en el torneo continental ha estado marcado por la irregularidad y la falta de buenas sensaciones. El domingo, la lucha por la medalla de bronce (15.00 horas, Teledeporte).

José Manuel Sierra (35), portero de la selección española de balonmano. Foto: EHF / Uros Hocevar
José Manuel Sierra (35), portero de la selección española de balonmano. Foto: EHF / Uros Hocevar

Era un adiós anunciado, casi previsible. España, que navegó sumida en un mar de dudas durante todo el torneo, terminó marchándose el día que mejores minutos regaló. Jugadores y cuerpo técnico buscaron la luz que iluminara a un equipo oscuro durante las siete entregas celebradas en suelo danés. Sólo se hallaron fogonazos, explosiones fugaces. Había resquicios para el optimismo, pero se diluían pronto. El partido contra Francia enfrentaba las dos almas del equipo de Cadenas: la refulgente y breve frente a la sombría y recurrente. Terminó imponiéndose la menos deslumbrante.

Francia no fue un muro infranqueable, aunque Thierry Omeyer comenzara desquiciando al ataque español. Los tres primeros disparos frente al arco galo se toparon con alguna extremidad del carismático arquero. En el área rival, Luc Abalo y Daniel Narcisse ponían tierra de por medio. España se atascó y el choque pudo haberse roto entonces. Los galos disfrutaron de rentas de cinco goles en el ecuador de la primera parte. Se rehicieron los hispanos, que confiaron su respuesta al magisterio de Joan Cañellas.

Y la figura del central catalán creció. Comenzó a dominar el partido, lo hechizó. Francia menguó, aunque también se achicaron los compañeros de ataque de Cañe. Se confió la suerte del equipo al dorsal 21 y todo el peso emotivo de la semifinal reposó sobre sus espaldas. El arrebato español igualó el choque y el arreón previo al descanso dejó a los campeones mundiales por delante (12-14). Cañellas encontraba grietas en la zaga francesa; ‘les bleus’ chocaban contra la mejor versión defensiva de los hispanos. Regresó la 6-0 alta, la que condujo a la gloria en Barcelona. Doce piernas en constante movimiento y una línea alejada ocho o nueve metros de la portería que guardaba José Manuel Sierra.

Claude Onesta cambió al inquilino del arco. Sentó a Omeyer y apostó por Cyril Dumoulin. La mala gestión que los hispanos hicieron de las exclusiones francesas reforzó a quienes habían terminado el primer período boqueando. La ventaja se tornó en desventaja. Cambió la suerte del partido y el control regresó a las manos del rival. Francia tomó aliento y subió la intensidad en su retaguardia. Valentin Porte, Michael Guigou y Abalo sumaban con facilidad. La iniciativa era gala. Resistía España asistida por el monólogo de Cañellas. El ‘savoir faire’ del polivalente cerebro hispano mantuvo a los suyos en el partido.

Francia abrió un pequeño hueco a falta de diez minutos. Consolidó la diferencia y se llevó el partido y el pase a la final. Colectivamente fue mejor. Más redonda, más completa y más armónica. Onesta encontró más jugadores capaces de responder al reto que Cadenas. En Francia muchos brazos aportaban, en España muy pocos. Hubo errores en ambos planteles, pero los fallos de los de rojo pesaron más. Un cóctel de datos resume las carencias españolas: el horrible partido de Jorge Maqueda en el lanzamiento exterior (sólo convirtió dos de 11 intentos); la escasa eficacia de los porteros (poco más del 20 por ciento) y la infrautilización de varios hombres (lo que obligó a que otros acumularan mucho esfuerzo).

El traspié en la semifinal corona una actuación global insuficiente, alejada del esplendor demostrado en anteriores campeonatos internacionales. Los hispanos regresarán a sus correspondientes clubes con un bagaje correcto en victorias pero pobre en juego. El grueso del grupo que compone la selección en los últimos tiempos ha dado un paso atrás. La presea de bronce es el único consuelo que aguarda. Croacia, el último obstáculo.

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