Así se vive el Carnaval de Río de Janeiro

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Carnaval de Rua

En contra de todo lo que se pudiera pensar, el verdadero carnaval de Río de Janeiro no se viste de lentejuelas, plumas y grandes decoraciones. Las inmensas cabalgatas, las hileras de desfiles y las fantasías (disfraz en portugués) de millones de colores se reservan sólo para las Escuelas de Samba y los espectadores con dinero para una entrada en el Sambódromo. El resto de cariocas (gentilicio de Río de Janeiro) se divierte de la forma más humana que existe: bailando en la calle.

Si mirásemos desde una vista aérea cómo estuvo Río desde el pasado 4 al 8 de marzo, sin duda veríamos multitudes de personas que, en diferentes puntos de la ciudad, y de forma permanente, se divierten bailando entre pelucas de colores chillones, máscaras atadas a la cabeza y disfraces a cada cuál más ingenioso. La “ciudade maravillosa” se vuelve más maravillosa aún cuando saltas por sus calles rodeado de miles de expresiones de felicidad. La música invade todo, y durante las 24 horas Río no deja de brincar. Por el día el ritmo comienza en cuanto amanece, y son los blocos los protagonistas. Estas bandas de charanga animan hasta al más aburrido, y sus trompetas, platillos y tambores recorren la ciudad sin parar ni un segundo de tocar. Son músicos errantes que, subidos a una camioneta con potentes altavoces, o a mismo pie de calle sin más artilugios que sus propios instrumentos, son seguidos por miles de personas moviéndose a su ritmo durante horas. Los blocos más importantes y más multitudinarios se viven en los barrios de Centro y en Santa Teresa, respectivamente. En el primero es imprescindible no perderse el Bloco Cordao da Bola Preta, el más antiguo de todo Río, pues se celebra desde 1908. Recorre Río Branco, la calle financiera carioca por excelencia. Impacta verdaderamente festejar el carnaval entre altos edificios de oficinas y sedes de los más importantes bancos mundiales. En Santa Teresa, el barrio bohemio al que se puede acceder en tranvía, el Bloco das Carmelitas congregó este año a más de 20.000 personas, siendo uno de los más concurridos. Y el más popular y más festivalero es el Bloco Gay que sale de la plaza del General Ossorio, en Ipanema. A falta de un día en especial para ello, las horas en las que transcurre son consideradas la celebración del Orgullo Gay brasileiro.

Sin importar el punto en el que te encuentres en la ciudad, andar, bailar y cantar son los requisitos imprescindibles para seguir a un bloco. ¡Y la bebida, que no falte! Entre el bullicio de la gente y la temperatura que no baja de los 30 grados, la ingestión líquida es continua. Pero que nadie se preocupe porque bebida nunca falta. Son numerosísimos los puestos ambulantes de todo tipo de comida y de bebida que se sitúan en cualquier calle. Incluso los más arriesgados meten sus carros con enormes neveras llenas de cervezas, refrescos y agua dentro de los blocos, y es posible comprarlas mientras saltas al compás de la charanga. Lo mismo ocurre con la comida: en un minuto de parada puedes adquirir en cualquier rincón perritos calientes rellenos con todos los ingredientes que se te ocurran, pinchos de carne y de pollo y mazorcas de maíz. Es imprescindible detenerse un momento para reponer fuerzas y seguir la marcha.

Al llegar la noche, sólo los más enérgicos (o los que no hayan ido detrás de un bloco durante el día, ni tengan intención de hacerlo a la mañana siguiente), siguen todavía en las calles. Principalmente, también en contra de lo que se pudiera pensar inicialmente, el Carnaval de Rua es diurno. Pero aún así la oferta nocturna no se acaba, sobre todo en la zona de Lapa, el barrio preferido de los jóvenes. Algunos blocos, aunque eso sí, de un tamaño menor y no tan intensamente, amenizan con su música, la calle está llena de gente, no falta bebida, comida ni ganas de pasarlo bien, y son muchísimos los locales que ofrecen fiestas especiales por carnaval, algunos de ellos con bandas de música brasileira en directo: es muy divertido entrar y bailar en pareja al ritmo de Samba, Bossa Nova o Forró.

Aunque las fechas en las que más gente se reúne son las propias de los días de carnaval (viernes, sábado, domingo, lunes y martes), en realidad, el Carnaval de Rua empieza mucho antes. Durante semanas anteriores numerosos blocos ya se instalan en las calles de Río y son seguidos con gran entusiasmo por cariocas deseosos de celebrar su fiesta más popular. Y por supuesto, tampoco la clausura del carnaval significa el fin de los blocos: las ruas aún pueden disfrutar de su compañía durante varios días más.

La noche en el Sambódromo

Al caer el sol, el Sambódromo da Marquês de Sapucaí se llena hasta la bandera. La fiesta que se vive en las calles se traslada entonces a las gradas situadas frente a la larga avenida por la que desfilan las escuelas de samba de Río de Janeiro. Unas 70.000 personas asisten a uno de los espectáculos festivos más famosos del mundo. Aquellos que van a bailar preparan sus últimos retoques en las calles cercanas al recinto. Repletos de exuberantes plumajes y de colores llamativos, pasean de un lado a otro para matar los nervios. Orgullosos de sus brillantes fantasías, posan ante las cámaras con un gusto exquisito.

Una vez dentro es impensable sentarse. Todo el mundo está de pie bailando, cantando, disfrutando de un momento único del año en el que no importa nada más, sólo la diversión. Ni siquiera la lluvia puede arruinar una noche en el Sambódromo. Mientras la gente agita las banderas de sus escuelas, se ve lucir por la pasarela a la multitud de personas disfrazadas que acompañan a las carrozas, cada una más despampanante que la anterior. Es muy difícil imaginarse la emoción que tienen que vivir los danzantes, bajo la agitada animación de todas las gradas que los rodean. Hay desfiles que llegan a contar con más de 6.000 personas bailando al ritmo del himno de la escuela. Un himno que, todo sea dicho, acaba siendo repetitivo, pues no deja de sonar una y otra vez desde que empieza el desfile de la escuela hasta que termina, algo que puede durar una hora sin ningún problema. Al final termina por ser un ritmo pegadizo que no se va de la cabeza en toda la noche.

Sin embargo, no estamos hablando de un espectáculo únicamente para el disfrute del gentío. Más bien es una competición basada en la alegría y la felicidad de todos los participantes, pero no por ello deja de ser una competición. Durante el desfile del Carnaval, las escuelas han de demostrar que el trabajo que han ido preparando durante todo el año merece la gloria del ganador. Todo se mide durante la pasarela: los vistosos disfraces, la perfección de las coreografías que se van sucediendo, la originalidad de las carrozas, el uso correcto de los tiempos, la composición de la canción, la actitud y pose de los danzantes, etc. Los jueces encargados han de tener en cuenta más de 40 aspectos (recogidos en 10 puntuaciones) durante la actuación para determinar cual es la ganadora del año. Resulta impresionante pensar en el tremendo esfuerzo que supone preparar el desfile durante todo el curso para que todo salga a la perfección.

Todas las escuelas de la ciudad se dividen en seis categorías diferentes, siendo sólo las dos primeras las que llegan a desfilar durante las fechas de Carnaval. El sábado lo hicieron las del Grupo A y se reservaron el domingo y lunes para las más altas escuelas cariocas. Las del Grupo A hacen lo posible por ascender al Grupo Especial y lo mismo hacen éstas para no descender.

Este año ha estado marcado por un acontecimiento peculiar. Tras el incendio que se produjo a principios de febrero en la Ciudad de la Samba, donde se encuentran los almacenes de las doces escuelas participantes, la Liga Independiente de Escuelas de Samba decidió que las tres escuelas afectadas por el fuego (Río Grande, Isla de la Unión y Portela) no descenderían puestos en la categoría como compensación por todo el daño sufrido. Sin duda, los desfiles de dichas escuelas se convirtieron en los momentos más emotivos de todo el Carnaval, cuando la grada al unísono aplaudió en agradecimiento y apoyo su paseo triunfal, tal como publicaban los medios brasileños al día siguiente. De hecho, el famoso futbolista Ronaldinho -ex jugador del FC. Barcelona y actualmente jugador del Flamengo- bailó entre las filas de Portela ante la alegría de la grada.

En la preparación de los disfraces y las carrozas cada escuela ha de elegir un tema en el que va a basar su actuación. A Portela le caracterizaba el color azul del mar, puesto que sus decorados eran sobre la navegación marítima. Por su parte, Unidos da Tijuca, realizó un homenaje al cine, representándolo con películas como Avatar, Indiana Jones, o el último éxito brasileño, Tropa de Élite. La ganadora de este año ha sido la escuela Beija-Flor, con un desfile dedicado a la vida y obra del cantante Roberto Carlos. Su desfile fue el último de todos, cuando el sol ya asomaba los primeros rayos de la mañana del martes. Quedó así por delante de Unidos da Tijuca y de Mangueira, segunda y tercera respectivamente.

Cuando acaba una escuela se puede ver en los alrededores del Sambódromo el cansancio de los danzantes. Una hora de baile sin cesar conduce al agotamiento puro. Se ven fantasías tirados por el suelo y carrozas nuevamente cubiertas para protegerlas de la lluvia. Tras una verja, mucha gente disfrazada aguarda su turno para entrar. Se palpan los nervios. Sonríen. Aunque llueva, sonríen. Saben que dentro les esperan 70.000 personas dispuestas a animar hasta la última gota de lluvia.

Fuentes del texto:
Fuentes propias
Fuentes de las fotos:
Fotos de los autores y http://www.lapatilla.com/site/2011/03/05/alegria-explota-en-calles-de-rio-que-vive-el-carnaval-de-la-pacificacion/

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