Asesinas caritativas: “La locura corre por toda mi familia… ¡galopa casi!”

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Ningún personaje puede venirme más al pelo en este momento que el insigne Bitelchus: “‘¡He visto El exorcista 167 veces y cada vez que la veo la encuentro más graciosa!” Otro tanto me pasa a mí (aunque no he llegado a batir tal récord) con Arsénico por compasión . Apareció en 1944, dejando claro que las carcajadas pueden ser también en blanco y negro. Un disparatado cuento de Halloween con amor, humor y misterio a partes desiguales.

Mortimer Brewster (Cary Grant) acaba de casarse con Elaine Harper (Priscilla Lane). Antes de disponerse a disfrutar de su luna de miel, tendrá que pasarse por casa de sus tías Abby y Martha para comunicarles la buena nueva. Mientras su esposa permanece en la casa vecina, deseosa de visitar las cataratas del Niágara, y un taxista aguarda fuera, pretendiendo cobrar una carrera que nadie va a pagarle, Morty asiste a un enredo fenomenal de confusiones desquiciantes: las entrañables y aparentemente inofensivas ancianas han transformado el saloncito de su casa en una trampa peligrosa para los visitantes que llegan en busca de una habitación confortable… El revés de la trama lo anuncia la llegada «accidental» de dos personajes singulares: el menudito doctor Einstein (Peter Lorre) y un ser terrorífico que al señor Brewster va a resultarle más que familiar…Para completar el vodevil, un pariente demente que se cree nada menos que el presidente de los Estados Unidos, portazos que desestabilizan el reloj del comedor, un sótano que es en realidad Panamá, o viceversa, y continuas idas y venidas de la policía al domicilio.

De esta cinta de Frank Capra (conocido, sobre todo, por Qué bello es vivir) señalo los dos aspectos que más llaman mi atención: el poder expresivo de Grant (lo veríamos más tarde en Encadenados, Con la muerte en los talones o Charada, aunque son numerosos y excelentes los papeles representados en su currículum), que juega su mejor baza con gestos de una elocuencia soberbia;  por este personaje (única participación con Capra en su carrera) ha sido comparado con otros cómicos como Jerry Lewis o con el más actual Jim Carrey. Segundo, que la acción se desarrolla casi por completo en una sola estancia del hogar de las hermanas Brewster: no en vano, el libreto original es una obra de teatro, homónima, escrita por Joseph Kesselring (tal vez sólo esta de entre sus 12 creaciones pareció tener éxito) y estrenada en Broadway poco antes. ¿Cine negro? ¿Farsa macabra? ¿Película de sobremesa? ¿Suspense policiaco más comedia circense? Quizá un poco de todo esto; quizá nada en términos precisos, porque su frescura, dinamismo y originalidad la colocan en un peculiar lugar propio.

Entre sus curiosidades podemos citar la relativa a Boris Karloff, actor consagrado del cine de terror del primer tercio de siglo (y ya mencionado por el «nuevo Bela Lugosi» en Ed Wood), que muchos asociarán con Frankenstein. Boris participó en la performance teatral pero no en la película, lo que constituyó un chascarrillo continuo en la gestación del filme, pues Raymond Massey, el actor que daba vida al grimoso Jonathan Brewster, se parecía demasiado a Karloff con tanto maquillaje y caracterizado de aquella guisa. La obra original y posterior adaptación se fechan durante el conflicto bélico internacional: esto explica que Capra se enrolase en las Army Signal Corps estadounidenses, y que no pudiera encargarse en persona de terminar de editar la película, al verse obligado a atender, hasta 1942, los requerimientos propios de su responsabilidad. Al parecer, el mismo Grant donó su salario íntegro, 100.000 dólares, a la fundación de ayuda norteamericana para los afectados por la guerra. Y en otro orden de cosas, para quienes disfruten con reminiscencias: el arcón que veríamos más tarde en La soga hitchcockiana, que hace las veces de morgue improvisada, nos retrotrae inevitablemente al «arcón de la ventana» de la mansión de tía Martha y tía Abby, donde reposa un invitado muy especial…

Recomiendo, como lo haré prácticamente de un modo invariable en lo sucesivo, que la disfrutéis en versión original: con el doblaje se desvirtúan ingeniosos juegos de palabras o la habilidad de Grant para lanzar su texto casi en trabalenguas con un desparpajo notable; también se pierde el particular acento de Peter Lorre. Aún recuerdo con regocijo que esta es, hasta el momento, apenas la única película que ha conseguido hacerme llorar de la risa. Inolvidable.

3 Comentarios

  1. Has hehco que desempolve una de las películas que llevaba más tiempo en mi pila de “cosas pendientes”. Es muy entretenida y Frank Capra es uno d elos directores de cien clásico que más transmite la alegría y candidez que tenía la mayoría de la gente de aquella época.

    Me quedo con la frase: “A parte de no ser legal está mal”

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