Asefa Estudiantes, crónica de un descenso anunciado

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El Asefa Estudiantes no ha sido capaz de obrar el milagro como en otras ocasiones y, con la derrota por 80-86 ante el UCAM Murcia, se despide de la Liga Endesa, un descenso histórico que deja a la máxima categoría del baloncesto español sin uno de sus buques insignia. Junto con el adiós a la elite llegó también la retirada de Carlos Jiménez. El que fuera capitán de la selección española campeona del mundo en 2006 abandona el baloncesto por la puerta trasera.

La Liga Endesa pierde uno de sus mayores activos: la afición del Estudiantes

La culpa del descenso del Estudiantes no la han tenido los veinte puntos del jugador del UCAM James Augustine, ni la lesión que impidió a Louis Bullock debutar con más semanas de margen para obrar el milagro, ni siquiera el fallido regreso de Pepu Hernández de principios de curso. El club estudiantil ha navegado por unas corrientes de mala gestión y pérdida de identidad en los últimos años, en un declive progresivo que ha terminado con el final lógico, pero amargo, de la pérdida de categoría.

Hace veinte años, la ‘Final Four’ de la Euroliga se disputó en Turquía, igual que sucederá el fin de semana que viene; y en Estambul se dieron cita el Joventut de Badalona y el Estudiantes. Eran otros tiempos, en los que la cantera sí tenía la capacidad de ser la base de un equipo ‘top’ a nivel europeo y los patrocinadores no usurpaban protagonismo en los nombres de los equipos. Tanto en la Penya como en el Estu, los jugadores jóvenes forjados en casa han sido la seña de identidad, pero la globalización del baloncesto ha terminado llevándose por delante la filosofía del club con la llegada de jugadores foráneos que no implican un aumento del rendimiento. Concretamente, lo que ha aportado ha sido la desaparición progresiva del Estudiantes de las competiciones europeas, de los puestos de ‘playoffs’ y, en último término, de la categoría de elite del baloncesto español.

El fracaso en la política de fichajes lo protagonizan esta temporada Antoine Wright y Luis Flores. Ni mucho menos tienen toda la responsabilidad de que hoy el Asefa sea equipo de Adecco Oro, pero eran los jugadores llamados a abanderar el nuevo proyecto bajo la batuta de Pepu Hernández. El entrenador que guió a España a la gloria en Japón 2006 quiso contar para esta empresa con Carlos Jiménez, alguien que sí sentía los colores y la filosofía del Ramiro de Maeztu, pero algo debió de percibir el técnico cuando el equipo comenzaba a descarrilar en la temporada regular, presentando una primera dimisión no aceptada.

La evidencia de los resultados finalmente obligó a la directiva a cambiar el rumbo. Nacho Azofra, director deportivo de la entidad, reconoció en su momento que era más fácil dirigir al equipo desde el puesto de base que desde el despacho, y se demostró la falta de cintura para llevar a cabo una reestructuración profunda. De forma escalonada, Pepu Hernández, Wright y Flores salieron por la puerta de atrás, mientras llegaba Rodrigo de la Fuente, otro símbolo del club. Tras la marcha de Pepu se le entregó el mando de la nave a Trifón Poch, consumado milagrero del baloncesto español.

Se reaccionó, pero tarde. Las campañas publicitarias apelando al espíritu guerrero de la afición pueden tener un efecto puntual, pero arengar a los fieles del Palacio de los Deportes para que salven al equipo de la quema deja de ser efectivo a la larga. A la Demencia, con sus luces y sus sombras, no se le puede reprochar nada, porque no han abandonado nunca al equipo, algo que seguramente agradece Germán Gabriel, uno de los pocos que trasladan el ardor de la grada al parqué.

El último mes de competición trajo el esperpento del ‘no fichaje’ de Louis Bullock, a quien se le detectó una lesión justo antes de ser presentado ante los medios, dejando en ‘stand by’ su vuelta al baloncesto español tras su paso por el Cajasol. Al final se recuperó y llegó a debutar a falta de tres partidos para el final de la fase regular, pero el estadounidense anduvo muy lejos de alcanzar los niveles mesiánicos necesarios para salvar al equipo.

Hoy el mundo del baloncesto español seguirá perplejo ante el descenso de un equipo con tanto peso específico en la competición, los aficionados estudiantiles despertarán deseando que haya sido un mal sueño y en los despachos del Maeztu se procederá cuanto antes a la reestructuración de la primera plantilla. Los deseos unánimes de todos los estamentos del basket nacional respecto al regreso a la Liga Endesa del Estudiantes sólo se verán cumplidos si en el propio club colegial deciden volver a los orígenes, abandonar el ‘scouting’ de medianías en mercados exteriores y pulir las joyas que entrenan día tras día en el polideportivo de Magariños. Es el momento ideal para que surja una nueva generación de jóvenes jugadores implicados con la camiseta, el escudo y la afición. Jaime Fernández, un base al que los más veteranos deben cuidar e ir dando responsabilidad de forma progresiva, bien podría ser la punta de lanza en este necesario proyecto de cantera.

Fotografía: Club Estudiantes

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