Ascenso y caída de los grandes poderes: la debacle estadounidense en el tenis masculino

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Andy Roddick durante un partido del US Open 2010./ Papushin (CC)

El 5 de septiembre de 2012, en la pista central del USTA Billie Jean King National Tennis Center, más conocido como Flushing Meadow (que es la parte de Nueva York donde se localiza el complejo tenístico), Andy Roddick caía derrotado ante Juan Martín Del Potro por un marcador de 7–6(7–1), 6–7(4–7), 2–6, 4–6. Esta derrota suponía el adiós de Andy Roddick al mundo profesional del tenis tras una carrera exitosa que lo podría haber sido más si el bueno de Andy no hubiese coincidido en varias finales y semifinales de Grand Slam con Roger Federer. Pero la retirada del cañonero de Nebraska suponía mucho más que el adiós a un jugador talentoso. Suponía que por primera vez en mucho tiempo, el tenis estadounidense se quedaba sin un referente de clase mundial en el mundo tenístico, algo traumático para un país que ha tenido jugadores de la calidad de Pete Sampras, del carisma de Andre Agassi o John McEnroe o del buen hacer y  sacrificio de Jim Courier o Michael Chang.

Muy lejos quedan aquellos días de gloria en los que los tenistas estadounidenses eran respetados y temidos al mismo tiempo en el circuito. Muy lejos, esos tiempos en donde ganar a Estados Unidos en la Copa Davis era todo un mérito (como hizo España en semifinales de su primera Ensaladera en el año 2000). Muy lejos quedan ya los tiempos en los que Estados Unidos era un referente mundial del mundo del tenis. Más aún, con la llegada de Raonic al top ten y el buen hacer de Vasek Pospisil, Estados Unidos ha dejado de ser el referente del tenis en Norteamérica. Probablemente un golpe al orgullo del ciudadano medio estadounidense que siempre se ha considerado más guapo, rico y famoso en comparación con el ciudadano medio canadiense.

Sin embargo, lo peor de todo no es tanto que Estados Unidos esté de capa caída en el mundo del tenis, sino que no se percibe que a corto plazo se pueda remontar la situación. Si uno analiza el ranking ATP, podrá observar como John Isner es el primer jugador estadounidense en el número 19 de la lista. El problema no está tanto en la posición, sino en el hecho de que John Isner es un jugador que, tras una marcha triunfal en el circuito tenístico de la NCAA, no ha podido nunca afianzarse entre los 10 mejores del mundo. Tras John Isner, nos encontramos a jugadores como Sam Querrey, Steve Johnson o Jack Sock, que aunque aún sean jóvenes (Jack Sock tiene 22 años), no parece que vayan a situar de nuevo a Estados Unidos como potencia mundial en el mundo del tenis.

Problema complicado el que debe abordar la Asociación de Tenis de los Estados Unidos, que se ha visto obligada a observar y ver cómo sus jugadores caían en el lista mundial, mientras que otros jugadores consolidaban a sus países como nuevas potencias tenísticas. La cuestión es que no parece que dicha asociación tenga muchas ideas en el corto plazo para revertir la situación. Pero cómo tenerlas si después de todo las causas tampoco están demasiado claras. Se ha apuntado a una edad tardía de incorporación de los tenis estadounidense al circuito profesional (22-23 años), del estancamiento del modelo universitario en la formación de jugadores profesionales y de élite, en la obsolescencia de las instalaciones, y también en el hecho de que los deportistas estadounidenses centren sus esfuerzos en otros deportes que aportan mayores salarios y plusvalías económicas tales como el baloncesto, el béisbol o el fútbol americano. Sea la razón que sea, lo que sí parece cierto es que, al menos en el corto plazo, el tenis estadounidense estará en un segundo plano. Aunque no estará solo ya que la escuela sueca, que también desde hace un tiempo está en las penurias del tenis mundial, le hará compañía.

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