Argentina, en manos de Dios

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Todos los preparativos estaban hechos. Sólo faltaba un día para inaugurar el año 48 DD, una de las navidades más peculiares del planeta, cuando la profecía se cumplía. Maradona era confirmado como nuevo entrenador de la albiceleste. En la “Iglesia de la Mano de Dios”, fundada hace ya diez años por cuatro argentinos fanáticos del fútbol, se escribía un capítulo más en la historia de su corta Biblia y se rezaba a coro el “Diego Nuestro”.

Esto no representa sino el extremismo de un país en el que el fútbol es prácticamente una religión y en el que el ex-futbolista es la figura viva más importante. Le bastó ofrecerse para el puesto de seleccionador tras la dimisión de Basile para que sus deseos fueran satisfechos y de paso los  de un pueblo ansioso, como en la Antigua Roma, de “pan y circo”. La cuestión que se plantea ahora es el coste que el nombramiento puede causar a nivel deportivo, donde deberá reconducir a un equipo en plena crisis de resultados. Es constatable que la experiencia en los banquillos de “El Pelusa” es preocupante. Once partidos al frente de “Mandiyú de Corrientes”, un equipo argentino de segunda fila y doce  como preparador de “Racing de Avellaneda” con tan sólo tres victorias entre las dos etapas parece un bagaje muy escaso para liderar a uno de los combinados más importantes del planeta. Ello unido a la inestabilidad de su vida personal y a su tendencia a hablar más de la cuenta incita a pensar que se está jugando con fuego. El hombre que le ha colocado en el puesto, Julio Grondona, presidente de la federación argentina desde hace diecinueve años y “perro viejo” en esto del fútbol lo sabe, y junto a Maradona estará Carlos Bilardo en la labor de asistente. El veterano entrenador, que ya dirigió al hoy seleccionador durante la última Copa del Mundo conquistada por Argentina en el año 86, estará en la sombra para vigilar que la cosa no se le vaya de las manos.

En el lado opuesto de los que piensan que con esta decisión “El diez” no tiene nada que ganar y mucho que perder se encuentran los que postulan lo contrario. Andrés Calamaro, en una canción dedicada al astro decía “Estamos esperando que vuelvas, siempre te vamos a querer por las alegrías que le das al pueblo y por tu arte también”. Muchos opinan que Diego se ha ganado ya de por sí el respeto de sus compatriotas y que aunque fracase habrá merecido la pena dar las riendas del orgullo del país al hombre que tanta felicidad regaló a lo largo de su carrera como futbolista. Precisamente a esa larga y provechosa carrera hay que agarrarse para creer en él y pensar que merece una segunda oportunidad para redimirse de sus pecados pasados. Los que le conocen le conceden una capacidad innata para motivar a los jugadores gracias a su experiencia y una cabeza privilegiada para ver cosas que otros no pueden.

Los jugadores de momento se muestran encantados con la idea de tener que rendir cuentas ante el que probablemente sea el mejor futbolista de la historia. Una presión añadida a la que ya de por sí ejerce la afición, que quizás con Diego al frente tendrá más paciencia a la hora de pedir que rueden cabezas si los malos resultados continúan.

Pasará lo que tenga que pasar pero el año que viene, el 30 de octubre, seguirá siendo San Cenobio, San Lupercio, San Saturnino y cómo no el día en que en una remota iglesia perdida de Argentina se celebre un nuevo año en la era “Después de Diego” y se recite aquello de “Diego nuestro que estás en las canchas. Santificada sea tu zurda…”.

Fuentes de la imagen:
http://diariodeheroe.nireblog.com/blogs/diariodeheroe/files/maradona.jpg

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