Argelia inicia el cambio

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Argelia abre sus puertas a observadores internacionales para constatar la transparencia de sus instituciones. Ante la amenaza de una posible revolución, el país norteafricano inicia sutilmente un proceso de apertura. Sin embargo, la desconfianza de los argelinos no logra disiparse.

Argelia ha abierto sus puertas. Abdelaziz Bouteflika, presidente argelino, anunció el pasado 18 de diciembre que los observadores internacionales serían bien recibidos. Comprobar la transparencia y pureza legislativa del país es la misión de estos observadores. Se trata de un hecho sin precedentes, pues cuesta imaginar que un país tan celoso de su soberanía como Argelia pueda llevar a cabo una propuesta semejante.

Para comprender esta iniciativa, es necesario explicar su contexto. Hasta ahora, Argelia es el único país norteafricano impermeable a la “Primavera árabe”, movimiento social que ha cambiado el panorama político de Marruecos, Egipto, Túnez y Libia. Existen tres razones que han permitido al régimen argelino sortear la revolución: primero, cuenta con el PIB más alto de la región gracias a la exportación de hidrocarburos a toda Europa, lo que le permite destinar unos 75.000 millones de euros a ámbitos sociales; segundo, los argelinos no olvidan la guerra civil de los años noventa entre el Ejército y los terroristas islamistas, conflicto que causó 200.000 muertos; y tercero, Bouteflika no despierta el mismo rechazo que sus homólogos Hosni Mubarak o Ben Ali.

Pese a ello, ninguno de los tres argumentos citados protege al gobierno argelino de una posible revolución. Muestra de ello es el reciente enfrentamiento entre las fuerzas del orden y los parados de Skikda, Ouargla y Laghouat o los disturbios en Argel y Orán, en los que se exigían viviendas sociales. El germen de la revolución permanece latente.

Islamistas y laicos reclaman transparencia en las elecciones legislativas del próximo mes de mayo. El gobierno argelino es consciente de la desconfianza que despierta en el pueblo y, además, teme que surja un levantamiento civil reclamando un cambio político.

Ante esta amenaza, Bouteflika ha decidido calmar los ánimos y permitir la entrada de observadores internacionales. Sin embargo, son muchos los argelinos que no confían en la labor de estas instituciones, especialmente cuando la invitación del Gobierno no incluye a ONGs especializadas, cuyos criterios son mucho más exhaustivos que los de cualquier otro organismo internacional.

A pesar del recelo social, la iniciativa de Bouteflika ha marcado un punto de inflexión en la historia de Argelia. Cabe la esperanza de que no se trate de una estrategia política y configure una verdadera apertura democrática. El Gobierno no debe perder de vista el cambio pacífico ocurrido en Túnez y en Marruecos.

Fotografía: Zoo Wire

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