Aprendiendo a informar sobre violencia machista

1
764

El pasado martes el periodista José María Calleja presentaba su libro “Cómo informar sobre la violencia machista” acompañado de la periodista Luz Sánchez Mellado. Un manual para profesionales de la información encaminado a establecer un marco y unas pautas para realizar una correcta cobertura de estas informaciones.

Pero, ¿tan mal lo estamos haciendo que necesitamos un manual? Eso parece. Desde el feminismo se reclama constantemente a los medios de comunicación que informen de forma responsable sobre los asesinatos machistas en particular y sobre el sexismo y machismo en general. Calleja explica que durante muchos años la violencia machista quedó relegada a la sección de “Sucesos”, como si se tratara de un hecho desafortunado, un incidente fruto de una pelea, culpa de alguien violento y/o borracho o ambas cosas que perdió los nervios en un momento puntual y mató a su mujer. Crímenes pasionales: “la quería tanto que la mató”. El caso de Ana Orantes marcó un antes y un después en este sentido y propició que comenzara a verse la magnitud de un problema que hasta entonces pertenecía al ámbito privado de cada pareja.

IMG_9833
En la presentación del libro “Cómo informar sobre la violencia machista” de José María Calleja

Aun hoy parece que nos cuesta entender que la violencia machista, el machismo, es un problema estructural, que no depende de colores o clases sociales, que puede sufrirla cualquier mujer, precisamente porque lo único que tienen en común las víctimas es eso, que son mujeres, al igual que lo único que tienen en común los maltratadores es que son “hombres, varones, de sexo masculino”, y no locos o enfermos mentales, tal y como apunta Miguel Lorente, ex delegado del Gobierno para la violencia de género. “A los medios de comunicación nos ha costado mucho llamar asesinos a los asesinos. Los periodistas hemos ido siempre por detrás de las víctimas a la hora de informar sobre violencia de género”, explicaba Calleja.

Así, encontramos día sí y día también titulares que rezan “Una mujer ha muerto a manos de”. Ejemplos tras una rápida búsqueda en Google: este, este, este o este. Esto en prensa, en televisión, además, es habitual entrevistar al vecino o vecina de turno que suele comentar lo “buena persona que parecía” (el maltratador), o “lo buena pareja que hacían”. Como apuntaba Luz Mellado: “las mujeres mueren de cáncer de mama, pero no espontáneamente a manos de sus parejas”.

En estas noticias casi nunca hay tiempo —o voluntad— para entrevistar a especialistas o para comentar que este tipo de violencia hunde sus raíces en un sistema patriarcal que sitúa a los hombres a un nivel y a las mujeres en otro. Y que la mujer que aparece ahora “muerta” en titulares, creció pensando que su única meta en la vida era encontrar el amor, que sus familiares y amigos le dijeron que él cambiaría por ella, que si tenía celos o la controlaba es porque la amaba, que cuando le dio una bofetada fue porque perdió los nervios en un momento de tensión y que quien bien te quiere te hace llorar.

“Que en el año 2015 gente que ha nacido en el 2000 vea que los celos son una demostración de amor, que gente educada en libertad y en democracia lo vea normal y lo haya asumido, te hace ver que es un problema tremendo. Hay muchos elementos socializadores”, afirmaba Calleja.

Además, los casos de violencia machista, tanto asesinatos, violaciones, acoso o agresiones de todo tipo, tienen una peculiaridad: la víctima es “presunta culpable”. Siempre se deja flotando en el aire la idea de que “algo habrá hecho”, e incluso se intenta justificar al agresor relacionando el acto violento con su raza, creencias o con el hecho de que fuera alcohólico. Respecto a esta cuestión el periodista afirma que “no se puede generar un contexto exculpatorio para el verdugo y señalar a la víctima. Las víctimas de violencia machista son las únicas que tienen que dar explicaciones”.

Sánchez Mellado señaló también la profesionalidad de las y los periodistas: “lo queremos todo y lo queremos ya y como no lo tenemos todo, queremos lo que haya, ya. No hay un criterio para llamar a expertos, se mete lo primero que salga”. Y una vez que se da el paso de informar, las pocas y pocos periodistas que se dedican a tratar cuestiones de feminismo o violencia machista en medios son acribillados y reciben cientos de comentarios vejatorios e incluso amenazas. Verne de El País publicaba un artículo: “El acoso machista a las mujeres que muestran su feminismio en redes”, en el que recogían algunos testimonios de activistas feministas que han sido acosadas en la red. El propio Calleja cuenta que cada vez que publica un artículo sobre el tema en eldiario.es “le crujen”.

Nos dicen que vivimos en igualdad, pero no es posible que esa afirmación sea cierta cuando cada año son asesinadas una media de 50 mujeres en España, un país occidental, del considerado primer mundo. No puede ser cierta esa afirmación cuando la mitad de la población tiene que justificarse ante la otra mitad constantemente, cuando la mitad de la población no puede caminar por la calle sola, por la noche, sin sentir miedo cuando se cruza con alguien de esa otra mitad. No puede ser cierta cuando la palabra feminismo se demoniza y se compara con el machismo que mata, veja y agrede. Cuando se usan y se inventan palabras como “feminazi”. Cuando una periodista no puede escribir sobre igualdad libremente sin ser acosada.

Podemos creer o no en el poder que ejercen los medios de comunicación en nuestras vidas y en la construcción de nuestras ideas, pero lo cierto es que conocemos gran parte del mundo que nos rodea a través de pantallas y dispositivos que llevamos encima. Periodistas y medios debemos asumir nuestra responsabilidad y no cerrar los ojos ante un problema que como señala Mellado es “transversal y nos afecta a todos”.