Aprender a soñar

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Por fin llega el día que tantos niños y niñas esperan con ansia. Se presenta una noche llena de inquietud y nervios, hay que limpiar los zapatos e irse pronto a la cama.
La magia que cada año Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente llevan a tantas casas arranca la sonrisa y emoción de pequeños y mayores.
La ilusión que entraña este acontecimiento tan especial
se refleja en esas miradas inocentes cuando, al despertar después de una noche llena de expectación e impaciencia descubren que esos tres individuos famosos han logrado un año más entrar en sus casas, se han comido todo el turrón y los mazapanes y, lo más impresionante de todo: sus camellos también han dejado rastro de sus presencia.

Paquetes y paquetes anegan los hogares. Los más pequeños de la casa descubren, en la mayoría de los casos, que Sus Majestades han atendido correctamente a sus peticiones por lo que deducen que han sido muy buenos durante el año. Entonces, la pregunta que se formulan esas pequeñas mentes que al levantarse el día de reyes descubren que sus deseos se han visto frustrados es… ¿he sido malo? ¿ por qué los Reyes Magos no han dejado más que un regalito en mis zapatos?

La espiral de consumismo en la que nos vemos envueltos comienza desde nuestra infancia, algo tan hermoso como el desarrollo de la fantasía y la ilusión se ha transformado en un gigantesco monstruo: el consumismo.

Millones de niños en el mundo son víctimas de la guerra, viven muy por debajo del umbral de la pobreza y mueren antes de llegar a la adolescencia víctimas de enfermedades mortales como el sida o la malaria.

El contraste que existe, en cuanto a nivel de vida, entre los países desarrollados y aquellos que algunos se empeñan en llamar “en vías de desarrollo” – no están en proceso de evolución alguna, llevan cientos de años estancados- es escalofriante. Y, a pesar de todo, la conciencia social sigue manchada por el la codicia y la apariencia.

Vivimos anclados en un sistema capitalista donde el que más posee es el mejor y tiene un mayor reconocimiento social.

Mucha gente cree ser feliz cuando va de compras, la acción de adquirir y gastar les hace sentir poderosos aunque sólo sea por un momento. Sin embargo, deberíamos detenernos por un instante y reflexionar: ¿Realmente tener el último móvil de tercera generación o la nueva consola de moda me hace más feliz?

Me niego ser una esclava de este sistema capitalista que nos educa en el consumismo desde que apenas tenemos noción de conciencia y nos hace sus presas durante el resto de nuestras vidas. No quiero pensar que la ilusión y la felicidad de tantos niños se mide en relación proporcional al número de regalos recibidos.

En una noche tan especial como esta la magia y el encanto pueden ser posibles, sólo hace falta una cosa: aprender a soñar.

Fuentes de la imágenes:
www.google.es

1 Comentario

  1. Y sin embargo, los Reyes Magos también pueden educar. Hoy me contaba una compañera de trabajo que a su hija, hace ya muchos años, los “Reyes” la trajeron a ella y a su hermano un cubo lleno de carbón… pero no de azúcar, sino de verdad. Ellos supieron supo, porque así se lo dijeron sus padres, que había sido mala… Pues mano de santo, aprendieron el truco y mejoraron su comportamiento.
    Yo también viví la ilusión de los Reyes, y ahora la sigo viviendo, pero haciendo regalos a los míos. Y creemé, no me considero consumista, porque, entre otras cosas, a eso me enseñaron mis padres. Simplemente hay que saber educar, pero por desgracia hay padres que no lo hacen.

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