Apariciones inesperadas que son un regalo

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La primera prueba de nivel del Mundial de balonmano para España ha finalizado con victoria del combinado anfitrión (22-28) ante Hungría, en el cuarto partido que ambas selecciones disputaron dentro del grupo D. Casi una semana después de debutar en el torneo, el equipo de Valero Rivera protagonizó un choque de verdadero relieve. Tras las holgadas victorias ante Argelia, Egipto y Australia, tres selecciones de un escalón inferior, llegó el primer éxito frente a una de las escuadras más potentes y con mejor plantel del campeonato.

Víctor Tomas lanza ante la mirada de los jugadores de Hungría. Fotografía: RFEBM
Víctor Tomas lanza ante la mirada de los jugadores de Hungría. Fotografía: RFEBM

“El argumento soñado para ganar es que sean decisivos jugadores que llevan poco tiempo en el equipo”, contaba Valero Rivera después del encuentro. El momento definitivo del choque llegó a poco más de diez minutos para el final, cuando el marcador mostraba un ajustado 20-21 favorable a España. La anfitriona cerró su portería y los goles de Antonio García, Carlos Ruesga y Ángel Montoro, tres no habituales, abrieron una brecha insalvable para Hungría. Se rompió el partido, siguió creciendo aún más el parcial (0-7) y España rubricó el triunfo. “Habían jugado poco hasta el partido contra Australia pero el partido se ha decidido con ellos en la pista”, reconoció Rivera.

La afición madrileña respondió llenando la Caja Mágica. El partido empezó vibrante, con ritmo y goles. España encontraba a sus extremos y Dani Sarmiento y Alberto Entrerríos asumían galones desde el eje. Hungría respondía con Gabor Czaszar, Tamas Mocsai y Laszlo Nagy y tomaba la iniciativa en el marcador. Para evitar el peligro exterior de los centroeuropeos el equipo ayer de blanco alternaba defensas; todas ineficaces. Paraba la sangría Arpad Sterbik, que terminaría siendo reconocido como mejor jugador del partido. No había modo de detener la buena circulación de los magiares ni su poderío en el lanzamiento. España había recibido 11 goles en 18 minutos y marchaba por debajo en el tanteo.

En Hungría el balonmano es un deporte en auge. Su liga emerge como uno de los campeonatos más poderosos del Viejo Continente capaz de discutir el fichaje de figuras internacionales a los grandes equipos de otros países, como Francia o Alemania. Hungría llegaba al choque contra España contando sus dos primeros partidos por victorias y cosechando en el tercero una derrota frente a Croacia, uno de los ogros del torneo. Nagy es el gran baluarte del conjunto magiar. El lateral derecho que milita en el Veszprem es uno de los grandes cañoneros mundiales, un jugador temible por su importancia numérica y sentimental.

El remedio contra el ataque húngaro lo encontró España con Aitor Ariño, quien empezó a defender al lateral derecho rival, ocupara la posición Nagy o Mocsai. Y el joven avanzado fue capaz de frenar el brío magiar y su permanente amenaza exterior. La celosa defensa de Ariño consiguió alejar al astro de Hungría de muchas jugadas de ataque, dificultándole entrar en contacto con el balón. El equipo español veía como disminuían los disparos desde fuera, mientras minimizaba a un jugador que posee un amplio abanico de recursos ofensivos. Al descanso, igualdad numérica (14-14).

Ariño llegó al equipo reemplazando a Cristian Ugalde y como una apuesta personal del seleccionador. El joven extremo tuvo una actuación portentosa en defensa, reduciendo a Nagy en la segunda mitad a un solo gol. Todo el pánico, todo el temor que provocaba el gigante magiar se disipó con su marcaje. La defensa 5:1 mixta sobre el lateral derecho de Hungría fue un factor decisivo para el triunfo. “Sabía que era un gran defensor y ha terminado siendo decisivo. El partido ha cambiado cuando él ha presionado, tiene unas cualidades físicas extraordinarias y una inteligencia que le permite anticipar el juego”, dijo sobre el inesperado protagonista Valero Rivera.

En la segunda mitad Víctor Tomás puso por delante a España. Hungría sufrió dos expulsiones en los primeros minutos y el combinado español tomó el mando. Mediado el segundo período la ventaja se había agrandado (16-19), aunque los magiares volvieron a reducir (20-21). Surgieron entonces los no habituales en ataque, más Sterbik en la portería y la fenomenal actuación defensiva con Ariño sobresaliente, y se decantó el triunfo del lado español. García, Ruesga y Montoro asumieron la responsabilidad anotadora y no defraudaron. La defensa y el portero frustraron un ataque húngaro que había empezado delicioso. España se desató en los últimos diez minutos. Aguarda Croacia (19.00) para dirimir el campeón de grupo.

 

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