Anuncio: se busca culpable

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Ahora ya no te puedo echar la culpa de cada cosa que me pasa. Tú ya no estás, no existes, en realidad, nunca has respirado.

Quien sí que respira es mi madre, pero sus canelones y el olor de ese perfume tan característico suyo, se han ido a vivir a Madrid centro, y mi padre se ha quedado en Alemania con una chica que no sé cómo se llama, pero por la foto que me enseñó podría salir en algún anuncio de L’Oreal.

Mis vecinos sólo hablan de resultados de la petanca y comparan precios de residencias como si les fuese la vida en ello. Mi memoria de teléfonos hace ya tiempo que está vacía.

A veces me sorprendo deseando que estés a mi lado y tener una razón, pero en seguida se me pasa.

Y ahora qué puedo hacer yo, además de apartar los suspiros que voy dejando por todas las esquinas.

Podría salir, lo sé, dejar de lamentarme y ser como aquellas chicas súper fashion, que están en la onda y que se lo pasan genial, bailando y bebiendo por la noche, existiendo sin preocuparse en pensar. Lo que pasa es que no me sale, lo he intentado pero creo que soy diferente al resto del mundo, y por eso nadie me entiende. No lo entiendo.

A ver, es que yo no busco a nadie para salir a bailar, pasarlo bien, o derivados, yo necesito a alguien para poder gritarle: “¡Por tu culpa!”. Y claro, conocer a alguien sabiendo que solo lo utilizarás para gritarle es algo incómodo. Si es que en el fondo no soy tan mala persona.

Claro que también necesito a alguien que duerma conmigo, otro alguien que venga conmigo al cine o me hable sobre ropa y cosas interesantes y algún otro que me cuente cosas sobre algún cursillo de fotografía por correo; pero esas cosas las necesita todo el mundo en mayor o menor medida.

Pero lo primordial es eso, tener a alguien que me guíe y al que echarle la culpa cuando se me corte la mayonesa o me caiga o me despidan o cuando me equivoque al comprar por Internet.

Y ya no hay nadie. Es triste, estar yo conmigo. En serio. Todo es culpa mía y ya no sé donde me encuentro. Ni sé dónde meterme. Hoy he descubierto que el sofá no me habla. Que él no me guía. Tampoco la nevera ni el microondas, ni siquiera la cama me ayuda.

El motivo principal de esta “publicación” (ni que fuese Charles Dickens) es que necesito a alguien CULPABLE de mi ser.

Por favor, contacten conmigo, señores/as (no discrimino ni por sexo ni por edad).

Fotografía: María Jesús Pérez Girón

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