Antonio Vega, solo gracias

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Al igual que el 7 de noviembre de 1999, una punzada de tristeza me recorrió la espalda el pasado 12 de Mayo.
Nacida en el 85, mamé la movida subida en un cuatro latas en el que mi tía de 18 años nos llevaba de viaje. La banda sonora de mi infancia fue Nacha Pop, Los Secretos, Los Rodriguez, Alaska y Dinarama, Burning o tantos otros con y sin talento que surgieron en esa época. Pero sin duda, y es que siempre he sentido debilidad por los no atractivos que tienen mucho que ofrecer, Enrique y Antonio eran los que pusieron la melodía a esos viajes interminables con un calor asfixiante.
Primero se fue Enrique Urquijo, con una tristeza inmensa por no poder haberle visto en directo me propuse a los 14 años que no me volvería a perder un directo de historia (para mí, claro), cuando cumplí diecisiete años me colé en las ventas y escuché mi canción favorita de los Secretos arrancada de las fauces de esa bestia de la música, un poeta que arañaba el corazón con frases sencillas. Casi calléndose por el peso de la única amante que jamás le abandonó (su guitarra), pedía a María que se agarrase fuerte a él mientras yo lloraba de la emoción de cumplir lo que me había propuesto.

Esa es la última imagen en directo que me queda de Antonio Vega, pero me acompañó a lo largo de las experiencias más importantes de mi vida con su música. Y así, sin más, a través de una pantalla de ordenador, te enteras de que se ha ido, que ya no creará más música para tí. Porque algo innegable es que sus letras estaban hechas desde las entrañas, pero cada receptor escuchaba una historia diferente, la suya propia, y eso pocos lo consiguen.

Se le notaba más, si cabe, que le pesaba más aún la vida desde que Marga le abandonó. Consiguió mejorar cada concierto, consiguió poner los pelos de punta a varias generaciones, consiguió seguir llenando garitos, bares y playas.

Pero aún arrastrando los pies, y con esos andares de rockero- bohemio- punky de los 80, siguió andando por el camino de la vida, casi sin dejarse notar, pero dejando historia a su paso, la historia de uno de los mejores poetas españoles de los 80.

Pero como tantos otros ya lo hicieron, a los que disfrutamos con su música, con cada nota que este virtuoso músico sacaba de su guitarra, nos deja lo mejor de él.

Y disculpadme si este artículo no refleja su vida, pero ya se ha escrito tantas veces su recorrido, que me he permitido (y disculpas a quien le moleste) escribir lo que él fue para mí, y las ganas que sentí, la primera vez que le escuché, de poder llevar yo el cuatro latas y vivir ese “elixir de juventud” .

SOLO UNA PALABRA PARA ÉL: GRACIAS

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=vUHknpJPoyY[/youtube]

Fuente de la imagen:
http://www.fotografosartisticos.es/thomas-canet
Fuente del vídeo:
www.youtube.com

1 Comentario

  1. Precioso artículo, yo nací en el 81 y me ocurre algo parecido, en mi caso con mis hermanos. Como a toda la generación que se drogó, emborrachó y desfasó por primera vez en los 90, tendemos a pensar que lo único que hacíamos era husmear en las sobras de la década anterior. Yo prefiero pensar que ningún tiempo pasado fue mejor, aunque sólo ver a los dos genios que figuran en tus líneas, se antoja difícil.
    Un saludo.

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