Antonio López: Una vida dedicada al realismo, una vida pintada

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“Una vida dedicada al realismo. Una vida pintada”. Así se podría definir la larga trayectoria y vida del prestigioso pintor Antonio López García al que se considera padre de la escuela hiperrealista madrileña y, que a influido con su estilo, a artistas de más actualidad como Toral o Villaseñor. Aunque, dentro de su característica humildad, él prefiere autodenominar a su obra bajo el nombre de “realismo mágico”.

Se formó junto a su tío, también pintor, Antonio López Torres, por lo que en este caso se puede afirmar que procede de una familia de artistas dedicados a plasmar la realidad por medio del arte pictórico. Una realidad no siempre bella e idílica, sino muchas veces marcada por los aspectos más sórdidos con rasos de de la literatura naturistas. Simplemente la verdadera realidad de su época.

Entre 1950 y 1955, estudió pintura en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, actual Facultad de Bellas Artes perteneciente a la Universidad Complutense de la misma ciudad y, la cual, da nombre al Museo de Bellas Artes de San Fernando. Una vez finalizados sus estudios, alternó su trabajo entre Tomelloso, su ciudad natal que plasmará repetidas veces en su obra a modo de homenaje, y Madrid, ciudad de la que estaba enamorado por su gran versatilidad; sentimiento que conocemos pues se preocupa en trasmitir a través de sus propias palabras y en obras tan conocidas como “Gran Vía” o “Vistas desde Vallecas”. Fue entonces, cuando realizó sus primeras exposiciones individuales (entre 1957 y 1961) en Madrid, siendo también profesor encargado de la Cátedra dzze Preparatorio de Colorido en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.

 

Su obra está influida por el grandísimo Salvador Dalí, de quien tomó el gusto por la realidad y el predominio del dibujo sobre la pintura. Asimismo, en su estilo hiperrealista se identifica la temporalidad y el deterioro de lo material. Antonio López es, en definitiva, un artista que busca, dentro de la realidad que lo circunda, los aspectos más cotidianos tratados con un enorme detallismo fotográfico como bien está demostrado en “Cuarto de baño”.

Como datos que nos muestran su reconocimiento dentro del panorama artístico y cultural, hay que destacar que su obra fue adaptada al cine por el director cinematográfico Víctor Erice en el film titulado “El sol del membrillo” (1992).  En el año 1985 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias y en enero de 1993 nombrado miembro de la madrileña Real Academia de San Fernando.

En la actualidad, el nombre de este gran pintor que supo plasmar a la perfección los rasgos de la vida del S. XX, vuelve a resonar en el ámbito académico y, más concretamente, en los oídos de los estudiantes de Bellas Artes de Madrid, pues su figura personal y sus rastros de influencia o los legados que ha dejado en el mundo del dibujo y la pintura, se recuperan para el estudio. Pero también por la curiosidad que despertó la sombra de su presencia en el verano de la Puerta del Sol, y digo sombra de su presencia pues, aunque era conocido que durante largos día el pintor iba a comenzar el regalo de un nuevo lienzo, fueron pocos los afortunados que consiguieron coincidir con él. Una servidora, por más que lo intento, nunca lo consiguió. Pero también hay que recordar sus recientes y gigantes bustos de niños, que duermen y observan como la noche y el día, bustos que podemos visitar en la estación de Atocha.

Con todo esto, se demuestra una vez más, que el nombre o renombre del arte nunca mueren; dejando siempre paso a nuevas y creativas generaciones que siempre vivirán a la sombra y, al mismo tiempo, aprovechándose de los grandes legados, de los artistas del presente-pasado. En este caso, de la realidad pintada de España por la virtuosa mano, casi fotográfica, de Antonio López.

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