Antonio Díaz Fernández: “El Estado ha perdido gran parte del monopolio de intermediación con la sociedad”

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La Asociación de la Prensa del Campo de Gibraltar (APCG) celebra este sábado la jornada Cómo comunicar ante un atentado terrorista, una iniciativa que dará a conocer el documento de la Unión Europea ‘Counter-terrorism crisis communications strategies for recovery and continuity’. En una entrevista concedida a La Huella Digital, Antonio Díaz Fernández, profesor de la Universidad de Cádiz y miembro del equipo de redacción del documento, reflexiona sobre el tratamiento mediático en materia antiterrorista y su ruptura ante la llegada de internet.

La jornada, que se celebra este sábado de 9:30 a 14:30 horas en la sede de la APCG, está orientada a proporcionar a los periodistas la formación necesaria para saber cómo comunicar ante actos terroristas y, por otro lado, repasar la gestión de atentados como el 11S, el acontecido en Londres durante 2005 o la evolución de los medios de comunicación españoles en materia contraterrorista desde la década de los setenta hasta el 11M.

¿Cree que los medios de comunicación informan correctamente sobre atentados y actos terroristas?
Sí. Los medios de comunicación, al mismo tiempo que las sociedades y los gobiernos, han aprendido durante las últimas décadas cuál debe ser el tratamiento del fenómeno terrorista. Se ha depurado el uso de las imágenes de forma que no se ataque a la dignidad de las víctimas, se distingue entre el terrorista y el grupo étnico, político y religioso al que pertenece, y se ha colocado a la víctima y a la sociedad en el centro con dos mensajes claros: “no nos vencerán” y “estamos haciendo todo lo posible para proteger los valores democráticos y que esto no vuelva a suceder”.

¿Cómo cree que afecta internet, especialmente las redes sociales, en su actuación frente a actos terroristas?
Ha sido un cambio fundamental. El acceso a los grandes medios y, por lo tanto, su influencia sobre la creación de la opinión pública, estaba limitado a unos pocos editores a los cuales el Estado tenía acceso. Con la irrupción de internet y los diferentes soportes como las redes sociales, cualquiera puede generar su núcleo de información con independencia de quién sea y su seguimiento irá en relación a aquellos que compartan esas ideas. El Estado pierde gran parte del monopolio de intermediación con la sociedad.

En la actualidad, las FARC tienen secuestrado al periodista francés Roméo Langlois. La opinión pública se desconcierta ante el hecho de que cualquier grupo terrorista pueda tener su propia cuenta de Twitter y se pregunta si las autoridades deben intervenir sobre su facilidad para llegar al ciudadano sin filtros previos.
Es imposible poner cuentas al campo. Hoy, la Red es sustituida por otra continuamente, esa es la diferencia respecto a la forma tradicional de comunicarse, que era más jerárquica. Si un nodo se rompe, es sustituido inmediatamente por otro. Evitar el acceso a estas redes, bien sea desactivándolo o filtrando sus contenidos, tiene poco recorrido.

El Estado y la ciudadanía deben hacer frente a esta problemática con su capacidad para generar opinión y transmitir imágenes con información de calidad. Pasados unos momentos, el ciudadano quiere criterio e información fiable, y eso lo acabará buscando en las redes más formales, siempre y cuando estas redes sean ágiles y no den pábulo a mentiras o insidias. Pero sin duda es uno de los grandes retos, no sólo en comunicación contraterrorista, sino en otros fenómenos como los disturbios que se produjeron en el Reino Unido el pasado verano.

Imagen cedida por Antonio Díaz Fernández/ FAPE

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