Ante el reto de impulsar un acción común en defensa de la Tierra

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Como es costumbre desde hace cuatro décadas, y coincidiendo con el primer equinoccio del año, el pasado 22 de abril se conmemoró el Día Mundial de la Tierra. El senador demócrata y activista ambiental Gaylord Nelson fue el impulsor de un evento que, desde su creación en 1970, tiene la firme intención de promover la concienciación social sobre los problemas medioambientales y sus posibles soluciones.

Con la ayuda de 2.000 universidades y 10.000 escuelas primarias y secundarias, Nelson lideró una manifestación que partió con el objetivo de poner en marcha una agencia medioambiental que se preocupase por plantear futuras soluciones a los problemas emergentes en la Tierra como consecuencia de la acción descontrolada del ser humano. Nelson buscaba con su iniciativa frenar el aumento descontrolado de la población en el planeta y, a su vez, mostrar su preocupación por los niveles elevados de contaminación, advirtiendo la obligación que todos tenemos a la hora de proteger la biodiversidad del planeta. 

El proyecto, desde sus más tiernos inicios, gozó de una participación y trascendencia que pronto dieron sus frutos. Ese mismo año de 1970, la administración de Richard Nixon dio vida a la Environmental Protectol Agency (Agencia de Protección Ambiental), y además puso en marcha proyectos de ley a favor de la protección medioambiental.

Poco más tarde, en 1972, tuvo lugar la Cumbre de la Tierra de Estocolmo, primera conferencia realizada a nivel internacional para reflexionar sobre la situación y los problemas medioambientales. Como ya ocurrió en 1970, la intención de esta reunión era concienciar a los políticos y a las altas esferas sociales sobre la dimensión de los problemas ambientales. Además, se expuso la urgente necesidad de crear nuevas normativas políticas que regulasen la situación y detuviesen el proceso degenerativo del planeta.

Desde entonces, parece que tanto los gobiernos como los ciudadanos tienen una mayor conciencia respecto al cuidado medioambiental, y cada vez hay más proyectos para proteger determinadas zonas del plantea que se ven gravemente afectadas. 

Angie Estrada es una de las investigadoras del Proyecto de Rescate y Conservación de Anfibios en Panamá, país en donde el “hongo quitridio” está siendo controlado por su acción nociva sobre los anfibios, cuyos índices de mortalidad han crecido hasta situarse en niveles alarmantes. 

En la actualidad se calcula que más de doscientas especies se han extinguido, y un tercio de las 6.500 existentes corre el peligro de sufrir las mismas consecuencias. Ante esta situación, Roberto Ibáñez, compañero de Estrada y miembro del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales de Panamá, ha administrado un medicamento antimicótico a los anfibios con el fin de prevenir la enfermedad y obstaculizar la pérdida de estos animales.  

Otro ejemplo de especie en peligro por la despreocupación humana es el tapir, el mamífero terrestre salvaje más grande de América del Sur, que ha visto cómo su  nivel de mortalidad ha ascendido a causa de de la caza, la deforestación y los atropellos automovilísticos. Patricia Medici, bióloga brasileña, asegura que para la supervivencia de este animal es necesario llevar un control sobre los bosques, ya que éstos contribuyen a la conservación de la estructura y diversidad de la fauna.  

 Imágenes: howardignatius/NASA

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