Andrew Bynum, o cómo una mala cabeza es superior al talento

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Fotografía: NBA Media Central
Fotografía: NBA Media Central

Cada día se vuelve más difícil encontrar un pívot dominador en la NBA al estilo de lo que había en las décadas de los 80 y 89, con hombres como Kareem Abdul-Jabbar, Hakeem Olajuwon, Patrick Ewing o Shaquille O’neal. Los jugadores altos con talento no aparecen y cuando sale alguno él mismo se encarga de destrozarse la carrera, como es el caso de Andrew Bynum, quien cambió Los Ángeles por Filadelfia el pasado verano.

Bynum llegó a la NBA en el draft de 2005, escogido por Los Ángeles Lakers en la décima posición. El pívot de New Jersey saltaba a la NBA directamente del instituto, donde promediaba 22 puntos, 16 rebotes y 5 tapones por partido, cuando ni siquiera llegaba a los 18 años de edad. Así, se convertía en el jugador más joven en jugar en la NBA y hacía soñar al Staples con nuevos tiempos de gloria junto a Kobe Bryant, que se encontraba solo en California tras la salida de Shaquille O’neal. Todo estaba de su lado para dominar la liga.

Los Lakers, dirigidos por Phil Jackson, sabían que habían recibido un diamante que sólo necesitaba ser pulido. Para ello contrataron al mítico Kareem Abdul-Jabbar con el que las prestaciones del center mejoraron considerablemente. Su rol en el equipo crecía, cada día iba siendo más importante como gran dominador en la pintura y su situación aún mejoraría más con la llegada de Pau Gasol al equipo. El español era el jugador perfecto para formar la pareja interior que devolviese el anillo de campeón a Los Ángeles.

Sin embargo, Bynum lejos de mejorar sus prestaciones comenzó a tener problemas con sus rodillas y a reducir considerablemente sus apariciones con la camiseta de los de oro y púrpura. Los escándalos en su vida privada y su falta de profesionalidad comenzaron a truncar la carrera del que se suponía sería el sucesor de ‘Shaq’.

En 2008, llegó su primer paso por el quirófano tras un dislocamiento de la rodilla izquierda y tras esta un sinfín de problemas en su articulación desde desgarros en sus ligamentos hasta desgarros en el menisco pasando por un edema óseo. A estas lesiones hay que sumar la falta de ritmo competitivo causada especialmente por las subidas de peso durante los períodos de inactividad.

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Desde la dirección de los Lakers, cansados de sus continuos problemas con las lesiones y a pesar de alcanzar la condición de All-Star, decidieron incluirle en el traspaso a tres a cuatro bandas del pasado verano,  el mismo que llevó Dwight Howard a ser compañero de Bryant y Gasol. Bynum era enviado a Filadelfia, donde los Sixers le esperaban para construir un equipo ganador a su alrededor. Para ello se desprendieron de Andre Iguodala, uno de los líderes del equipo durante los ocho últimos años.

El joven pívot tenía una nueva oportunidad para demostrar su nivel, pero nuevamente su mala cabeza ha dado de qué hablar. Llegó a Filadelfia con problemas físicos y, cuando estaba a punto de reaparecer, una nueva lesión en su rodilla prolongó la baja de manera indefinida. Esta vez, el motivo de la lesión era un partida de bolos junto a un grupo de amigos, razón por la cual acabará la temporada 2012/13 sin haber disputado ningún minuto.

Lejos de sentirse avergonzado por su escasa profesionalidad, Bynum ha declarado que no tiene pensado darle un trato de favor a los Sixers cuando se abra de nuevo el mercado de fichajes, en el que será agente libre sin restricciones y podrá elegir su destino. Aún así desde la franquicia del Estado de Pensilvania han asegurado que la intención es ofrecerle al jugador una jugosa cifra para asegurarse su continuidad, ya que lo contrario sería aceptar un error de peso en la dirección.

Ahora solo queda esperar ver si Bynum es capaz de reconducir su carrera, algo que es posible teniendo en cuenta que solo tiene 25 años. Su calidad le llevó a ser All-Star en 2012, solo le falta centrarse para ser considerado un referente del baloncesto estadounidense.

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