Andrés Trapiello y el gran viaje de los secundarios

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9788423348671Si todas las invitaciones fueran como esta -una invitación a probar fortuna- yo me apuntaba a todas las fiestas. Eso es El final de Sancho Panza y otras suertes (Destino): una invitación basada en las aventuras de estos personajes que salen de las manos de Cervantes y que escapan de la protección del Quijote para empezar su viaje iniciático, su autonomía, viajando más allá de los mares. Como si aquello fuera una suerte de tierra prometida; quizá la que queremos pisar todos, la que soñamos todos. Trapiello nos hace viajar con ellos, y nos hace un poco crecer. Y lo hace porque los personajes no calculan, sino que se dejan llevar por sus diversos y respectivos motivos, pero juntos, hasta las Américas: la gran promesa. Tanto crecen los que eran secundarios que necesitan salir de la tierra de La Mancha para cumplir quizá los sueños y aventuras que su señor no pudo.

Este viaje es probar fortuna, aventurarse, continuar con los sueños de los molinos, con el viento necesario para cruzar las distancias entre la vida tranquila y plácida y la vida “quijotesca”. La vida de los que creen en damas, en justicias, en amores y fidelidades, en la palabra y hasta en los ríos de oro y plata. 

Es importante saber que aunque uno haya estado a la sombra de alguien no está condenado a convertirse en una extensión de aquella. Estos secundarios en las páginas de esta novela crecen por sí mismos, sin la alargada sombra de Alonso Quijano, que además es empuje. En esta obra se hacen mayores, logran la independencia para formar un coro que habla de aventura, de sueños que pueden no terminar. Tienen que aprender a vivir solos y lo hacen. Y es que si uno ha soñado alguna vez tiene sed de volver a probarlo; no quiere dejarlo. Y todos los que aparecen aquí han conocido los sueños y la utopía. Después de viajar, no hacerlo es no vivir plenamente.

El equipaje de esta aventura son las palabras que les llevan a viajar. Un momento clave de esta obra es ese Sancho tan mundanal leyendo, aprendiendo a leer. Es así como sale de sí mismo y vuela, y se deja llevar. La gran lección es la fuerza de las palabras que nos sacan de nuestras comodidades para ser: pronunciándolas, leyéndolas, escribiéndolas. Y cuánto lo necesitamos, cuánto necesitamos salir de nosotros y “quijotizarnos”. Quizá por eso es Cervantes grande; supo poner negro sobre blanco lo que todos precisamos. La utopía, la aventura, los sueños, salir, viajar, no para huir sino para encontrarnos, para esa tierra prometida, más allá del mar. Trapiello lo sabe y por eso continúa con esta segunda novela con estos personajes.

El autor conoce también la importancia de las buenas causas de los malos momentos; o de los buenos barcos con los malos vientos; del mar y de la tierra. Todos ellos ingredientes de los sueños. Sancho, tan terrenal antes, descubre que vivir hacia fuera es mejor que estar en casa sin hacerlo.  Este libro es sobre la enfermedad de creer, de creer por leer, por las letras. De los viajes para encontrar. De encontrar por andar. De la mejor meta: el camino. Que lo que parece terminar no tiene por qué hacerlo: no lo hizo al morir Don Quijote ni tampoco hay motivos en el final de Sancho Panza. ¿Hay algo que no entre en otro libro, en otras palabras? ¿Quedará algún hilo suelto? ¿Qué puede hacer que la historia no continúe? Lo hizo a pesar de la muerte de Don Quijote. Alguien pues puede arar nuestra historia, en manos de las palabras quizá no. Buena enseñanza después de leer un buen libro como este. Trapiello ha sido audaz y valiente, no era fácil. Y ha logrado un gran libro. Otro más.

Si novelar es narrar una acción fingida para el placer estético, lo cumple. No sólo eso, salta lo estético para llevarnos a la certeza de que no podemos prescindir de la aventura de los sueños, de buscarlos, y menos en estos tiempos.

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