Las peras con las peras: ¿es posible amar en libertad?

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¿Llegará el día en el que si a una persona le gusta otra del mismo sexo no haya que reunir a toda la familia/amigos/compañeros para decirles la noticia? ¿Llegará el día en el que esas personas no se sientan cohibidas y rechazadas por la sociedad?

En 1973, la homosexualidad y la bisexualidad fueron retiradas del manual diagnóstico y estadístico de enfermedades mentales. Más tarde, el día 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) descartó la homosexualidad de su lista de trastornos mentales, pero, sin embargo, tuvieron que pasar muchos años para que, en el 2005, más de 40 países del mundo celebraran el 17 de mayo como el Día Mundial contra la Homofobia, para denunciar y erradicar la discriminación en contra de la comunidad de la diversidad sexual.

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La heterosexualidad es la única fórmula aceptada, y la mayor parte de las razones vienen de mitos antiguos o esquemas fanáticos religiosos. Existen varios mitos relacionados con la homosexualidad:

  • Si es una “opción” sexual, podría elegir otra. La realidad es que no elegimos nuestra orientación sexual, los sentimientos son algo que la mayoría de la gente no puede explicar, nacen por sí solos, en función a la personalidad de la otra persona.
  • La homosexualidad es producto de ser mal criado. Todas las personas crecemos en todo tipo de familias, unas con más problemas y otras con menos, y ninguna investigación ha logrado establecer un vínculo entre la homosexualidad y los conflictos familiares.
  • Los homosexuales no tienen parejas estables. Existen muchísimas parejas homosexuales duraderas. Mucha gente asocia el ser gay o lesbiana al “vicio”. Y no es así. La necesidad de formar pareja, de sentirse amado, de construir una familia, de darle a otra persona lo mejor de sí, todo ello está presente en hombres gays y mujeres lesbianas.

En cuanto a los esquemas religiosos, algunos sectores del catolicismo ven desde un punto de vista negativo a las personas que se sienten atraídas por personas de su mismo sexo, solo por el hecho de no poder procrear. Encontramos en www.mercaba.org, una página web donde se habla sobre el catolicismo y la familia cristiana, varios enunciados como “En la Sagrada Escritura la Biblia se narra la creación del primer hombre y de la primera mujer […] Dios mandó que el hombre y la mujer se unieran para formar la comunidad de vida y amor que es el matrimonio.” Casi todas las webs de este tipo concluyen en que lo importante es formar una familia, constituida por un hombre y una mujer, y así tener descendencia.

Paralelamente, las cifras de niños pendientes de adopción se elevan hasta los 170 millones, según la ONG internacional Humanium. El hecho de tener dos papás o dos mamás también suele ser muy criticado, en vez de ver como algo positivo que esas parejas puedan adoptar y ofrecer además de felicidad, un hogar, cuidados y todo lo que no han tenido muchos niños durante su infancia.

Al tratar el tema de la homosexualidad en ocasiones se escuchan frases como “antes no había tantos homosexuales y ahora salen de debajo de las piedras”. En realidad tan solo es cuestión de perspectiva, lo que sucede es que antes el concepto homofobia —rechazo, miedo, repudio, prejuicio o discriminación hacia mujeres u hombres que se reconocen a sí mismos como homosexuales— era la norma, y las personas homosexuales se veían obligadas a llevar una vida clandestina alejada de los espacios públicos. Una realidad que con el paso del tiempo ha mejorado y, poco a poco, aunque el proceso sea lento, se consiguen logros en la lucha contra el odio y la homofobia.

En la revista digital Psicomemorias la psicóloga evolutiva y Máster Oficial en Intervención y Mediación Familiar, Carmen Paniagua, se acerca a otra realidad: qué ocurre con las personas homosexuales cuando alcanzan la vida adulta y la vejez. En el artículo cuenta cómo éstas pueden sufrir discriminaciones específicas ligadas a cada etapa de su vida, siendo las más importantes las sufridas en la infancia-adolescencia y en la vejez. Sin embargo, cada vez es menos tabú hablar de la sexualidad en la juventud, pero aún lo es que un anciano o anciana viva y disfrute de su sexualidad.

Además, resalta que hay que entender dos ideas para comprender la situación actual de los mayores homosexuales en la sociedad: Por un lado, la sociedad invisibiliza la vejez, y cada vez existen más prejuicios hacia esta. Hay todo un mercado que vende formas de disimular o evitar el envejecimiento. Y al contrario, todo lo que tenga que ver con la juventud es deseable. Por otro, el sexo se considera algo propio únicamente de la juventud. El sexo en la vejez no se imagina y cuando se hace, provoca repulsión. Es perfectamente imaginable una joven homosexual, pero esa misma persona con los años pasa a ser una anciana sin sexualidad.

Estamos tan condicionados por la sociedad que muchas veces en vez de mirar por la felicidad de esa persona, miramos por el qué dirán. Y todo porque desde nuestro primer día de vida nos imponen unas condiciones que hay que cumplir: un chico se tiene que enamorar de una chica y viceversa. Es la única forma posible. A día de hoy, se sigue escuchando a menudo cosas como “si un hombre crece entre un ambiente viril es imposible que tenga síntomas de homosexualidad”.  Es preocupante que en el siglo XXI se siga hablando de este tema como si se tratara de una enfermedad.

En el último siglo, la homosexualidad y la sociedad han ido progresando sucesivamente. Con ello, han ido surgiendo varios colectivos de gays, lesbianas, transexuales… para la coordinación e intercambio del movimiento asociativo LGTB. Entre ellas destacan, FELGTB, organizando cada año jornadas de reflexión y debate que trabajan temas como la salud, la cooperación internacional o la educación. Arcópoli o Cogam, destancando logros (en colaboración con otros grupos LGTB) como la legalización del matrimonio homosexual en España, la promulgación de la Ley de Identidad de Género y la celebración en Madrid del Europride 2007. Todas ellos con el objetivo de conseguir la igualdad completa y el respeto social hacia la diversidad afectivo-sexual.

Cualquiera se puede enamorar de una persona de distinto o igual sexo. La sociedad ha avanzado y actualmente en países como España las personas homosexuales gozan de derechos y de un nivel de aceptación que parecía casi inimaginable tan solo unos años atrás. Sin embargo, no está todo hecho, las agresiones homófobas han vivido un repunte y en el imaginario colectivo la homosexualidad continúa viéndose demasiado a menudo como algo fuera de la norma. Por ello es necesario recordar y repetir cada día que cualquiera puede amar y ser amado, sin importar el sexo.

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