"Amo la diferencia"

0
123

Islamistas, extremistas islámicos, musulmanes fundamentalistas, radicales islamistas… Estos seres peligrosos y diabólicos que pertenecen a un mundo oscuro que predica una religión que atenta contra todo intelectual, una fuerza represora para todo derecho humano que nuestro querido mundo occidental aceptó largos años atrás. Esos nombres y adjetivos que sólo pueden pertenecer a una civilización inferior, violenta y atrasada que reza cinco veces al día y cubre los rostros y cuerpos de sus mujeres con una “tela”, mientras nuestras mujeres lucen sus bonitas piernas por la calle… Esos ignorantes que todavía mezclan política y religión, ponen bombas en nuestros aviones y matan a sus vecinos mientras hacen la compra en el mercadillo…  Esos enemigos de la sociedad occidental que sólo pueden chocar con nuestra desarrollada civilización…

¿SON ESO LOS MUSULMANES? ¿O SON ESO LOS MUSULMANES DE LOS REALMENTE IGNORANTES?

Este artículo va para aquellos que empezaron a leer mis primeras palabras por acercamiento de ideas, porque ya he dicho algo que sabían, porque les entra el pánico cada vez que ven a un árabe con la piel oscura o porque sienten repugnancia cuando les hablan de respeto a los musulmanes y ustedes sólo piensan en las decenas de personas que murieron en los atentados del 11 de marzo o en las miles del 11 de septiembre en ya sabemos dónde y cuándo. Este artículo también va para los que creen saberlo todo (yo allí me excluyo, pero, por eso, quiero aprender), periodistas, intelectuales, políticos y empresarios…, que todavía se atreven a confundir Islam con islamismo, musulmanes con árabes y Corán con terrorismo. Ah! Y, por supuesto, una especial dedicatoria para los que creen que los occidentales vivimos en un mundo de justicia, igualdad y fraternidad donde las mujeres no nacen para fregar platos y parir niños porque, ¡por Dios! (el Nuestro, claro),  podemos ponernos una minifalda… Para todo este colectivo, que no es nada reducido, tengo unas pocas recomendaciones.Para empezar sugiero recordar cuál es la cuna de un término al que teóricos e intelectuales en la actualidad echan mano con frecuencia: “Civilización”. La civilización o el conjunto de civilizaciones en el mundo, amigos míos, no tuvo sus orígenes en la Unión Europea ni en el discurso del actual Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, donde aseguró que un país árabe, llamado Irak, tenía armas de destrucción y todos nos fuimos corriendo al mapa a descubrir dónde estaba ese país. Dicha “civilización” tampoco se plantó repentinamente en alguno de los estados federados de EE UU. Posiblemente a algunos les hubiera gustado que fuera así, pero NO lo es, y menos mal, porque no me quiero ni imaginar lo que llegarían a hacer países como éste último, si fueran la cuna de las civilizaciones, viendo lo que están haciendo, teniendo apenas 400 años de historia. Pues, no, la civilización no fue fabricada por el Occidente, sino que se formó como tal en las tierras que hoy llamamos tierras de “terroristas y fanáticos islamistas”.

El “Choque de civilizaciones”, por lo tanto, concepto tan de moda, cuyo autor probablemente ni se podía imaginar los perjuicios que su invento llegaría causar, no sólo que no existe, sino que tampoco sería natural. ¿Cómo es posible que dos civilizaciones, en este caso, la de Occidente y la del Mundo Musulmán, que tengan unas raíces conjuntas y que hayan crecido, basadas en el intercambio cultural, intelectual, comercial, político y económico desde hace siglos, choquen frontalmente como si de niños pequeños se tratara? ¿Acaso todavía seguimos en la Guerra Fría? ¿O necesitamos tener un enemigo rápido a quien mantener en agonía, sin “cargarnos” del todo, que se liquide por sí solo porque las armas de unos cuantos, pocos pero importantes, necesitan ser vendidas? Y cuando la Opinión Pública, la real y consciente, despierte de su letárgica, no importa, llamaremos a los chinos…

Escuché hace poco decir a un filósofo valenciano: “¡Amo la diferencia!” Pero para amar la diferencia, hay que leer, escuchar, conocer y, lo más importante, no tener miedo. No tener miedo de que nuestra identidad sea invadida por otra diferente, recordar lo común y entonces admirar lo diferente, leer sobre una religión cuyo Libro Sagrado ni en un solo versículo llama a la violencia, que menciona tantas veces a la mujer como al hombre, que llama al diálogo y al respeto de las demás religiones…

Para todo ellos que están preparados para emprender ese viaje al verdadero Mundo Árabe que forma tan sólo una parte pequeña del mundo musulmán, le invito a que sacuda la cabeza de viejos mitos y clichés y empiece pensando en que no tenemos ninguna razón de sentirnos superiores a los que no son inferiores. Para los inquietos y poco cómodos, intentaré, con vuestro apoyo, dar a conocer en mis próximos artículos pinceladas sobre lo que nos preocupa y debería preocupar, pero de una forma diferente.
 

Dejar respuesta