Amapola querida

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A cinco años de la invasión, Afganistán dista mucho de ser la prevista en los objetivos originalmente trazados. No sólo no se han conseguido los planes de democratizar y reconstruir el país, sino que ahora surge otro problema: el cultivo de opio.

Afganistán se ha convertido en el principal país de producción de cultivo de opio en todo el mundo, opio del cual sabemos, derivan drogas conocidas como la heroína. Según el Informe Mundial sobe la Droga publicado el 2 de septiembre del 2006, y llevado a cabo por la ONU, este país alcanzó cifras record en la producción, incrementándose un 60% desde el pasado año y llegando hasta las 6.100 toneladas de opio, un 92% del suministro total mundial.

Después de estas cifras, que a más de a uno le habrá sorprendido, e introduciéndonos en el concepto y características del opio, podemos destacar que dicha palabra proviene del griego opion para “jugo”, ya que el compuesto se obtenía del jugo de amapolas. Puede presentarse como una resina color marrón oscuro o como una piedra negra y quebradiza. Además, presenta más de 20 alcaloides (estupefacientes, estimulantes) entre los que se encuentra la papaverina, tabaína, morfina y noscapina.

Es obvio que el cultivo de adormidera de opio, como podemos ver en la fotografía, no ha ido en aumento desde que se considera un problema mundial, sino que ha tenido vaivenes a largo de su producción, el año pasado sin ir más lejos, fue el primer año que disminuyó su producción desde la caída Talibán en 2001.

La pobreza rural y la falta de ingresos son las principales razones para que los campesinos cultiven opio, la mayoría de la producción se realiza en terrenos de riego y el mercado de la amapola sirve para abrir otros nuevos, donde el grueso de los beneficios va a parar a los traficantes nacionales e internacionales.

Según la FAO “El precio medio del opio en bruto es 283 dólares el kilo y el rendimiento es superior a los 40 kg. por hectárea, de ahí que el cultivo de amapolas sea mucho más rentable para los campesinos que la producción de otros productos básicos”. Es más, este cultivo asegura a los agricultores unos ingresos efectivos relativamente seguros y el acceso a tierras para los más pobres.

Las mujeres afganas también trabajan en la producción de opio, ante esta situación nos preguntamos qué ocurre con los niños, dado que es un país donde las féminas no suelen trabajar y se ocupan del hogar y los hijos. Pues bien, muchos de ellos son drogados con opio para que estén más tiempos dormidos y las mujeres puedan trabajar más horas y así contribuir en la economía de la casa.

Buscando alternativas
Existen diferentes alternativas para crear ingresos en Afganistán sin tener que recurrir al cultivo de amapolas, entre ellas y según la FAO, “Los agricultores necesitan gastos para los huertos, la selvicultura, el riego y la cría de animales, así como acceso al crédito y a la formación. Hay que restablecer la infraestructura, los servicios sanitarios y el sistema de educación”.

Fomentar la agricultura de subsistencia y también la que se orienta al comercio, creando formas de sustento alternativas para millones de afganos víctimas de la guerra y la miseria, supone una contribución importante para conseguir la paz y la estabilidad en el país.

Por otro lado, también se encuentra el cultivo de productos secos y pasas de producción orgánica, así que fomentar esta industria tendría resultados y beneficios favorables, eso sí, a largo plazo y siempre y cuando los países desarrollados ayuden a erradicar este problema.

Fuentes de texto
www.fao.org; www.elpais.es; http://www.elmundo.es/, El Mundo día viernes 20 de octubre de 2006; www.lukor.com; http://www.unodc.org/
Fuente de las imágenes:
http://www.fao.org/

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