Alzheimer, la ausencia del recuerdo

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Un equipo de científicos de la Universidad Case Western de Cleveland (Estados Unidos) publicó el pasado 15 de febrero un estudio que sostiene que el bexaroteno -fármaco utilizado en la lucha contra el cáncer de piel- es capaz de contrarrestar efectos que inciden en el Alzheimer. El trabajo, recogido en la prestigiosa publicación científica Science, podría suponer un avance muy importante en la configuración de un tratamiento curativo para esta afección.  

Los investigadores percibieron que, al emplearse el bexaroteno en ratones genéticamente alterados, los déficits cognitivos, patológicos y de memoria -propios de la enfermedad neurodegenerativa- disminuían ligeramente. Uno de los factores más importantes en el desarrollo del Alzheimer es la acumulación de placas de la proteína beta-amiloide, que en el caso de los pacientes sanos son destruidas por diferentes enzimas. Sin embargo, este proceso no funciona en las personas afectadas por la enfermedad, derivando en una progresiva muerte de las neuronas.

Los científicos liderados por Gary Landreth y Paige Cramer observaron en su estudio una reducción de los niveles de fragmentos de la proteína en los cerebros de los ratones en un 25 por ciento, persistiendo el resultado transcurridos tres días. El bexaroteno sólo ha sido testado en las primeras etapas de la enfermedad, ignorándose hasta el momento la eficacia a largo plazo y la dosis exacta que debiera emplearse en el paciente.

Asimismo, expertos de la Universidad de Columbia aseguraron en un estudio previo que la enfermedad se propaga en áreas vulnerables del cerebro, infectando una neurona tras otra y propagándose de esta forma a otras zonas interconectadas. El trabajo observó que la expansión interneuronal en esta patología se debe a la proteína tau -reguladora del tránsito de las células-, que unida a la placa beta-amiloide favorece el desarrollo del Alzheimer.

A su vez, la investigación capitaneada por Landreth y Cramer, que tuvo por objeto el estudio del cerebro de pacientes fallecidos por esta afección neurodegenerativa, permitió observar que, cuando hay presencia de la proteína tau, el proceso degenerativo se inicia en la entorrinal –región cerebral fundamental para la memoria-, suponiendo que a largo plazo las áreas interconectadas se verán afectadas.

La Enfermedad de Alzheimer (EA) o el mal de Alzheimer, como también es conocida esta patología, aparece sobre todo en personas mayores de 65 años. No obstante, científicos ingleses llegaron a la conclusión, tras un estudio realizado a 7.000 empleados en un periodo de diez años, de que el razonamiento, la memoria y la comprensión empiezan a deteriorarse a los 45 años.

Por lo general, el síntoma inicial en el desarrollo del Alzheimer es la dificultad de adquirir nuevos conocimientos, una incapacidad que suele confundirse con la vejez y el estrés. A medida que progresa y se expande esta afección, aumenta la confusión mental, los cambios de humor, los trastornos en el lenguaje y la pérdida progresiva de memoria, lo que  a largo plazo conduce a la muerte.

Las causas principales en la formación de esta patología, que recibió el nombre de su descubridor, Alois Alzheimer, son el tabaquismo, la inactividad física, la depresión, la hipertensión en la población de mediana edad y la diabetes. Por este motivo, la Universidad de Cleveland señaló que reducir en un 25 por ciento estos factores permitiría prevenir la aparición de tres millones de casos en todo el mundo.

Para que el paciente pueda hacer frente a esta afección, en la actualidad existen tratamientos que originan de forma moderada beneficios sintomáticos. Sin embargo, los expertos a día de hoy no disponen de técnicas o medios que detengan este proceso degenerativo. 

Los investigadores españoles del Centro de Tecnología Biomédica (CTB), en su lucha por progresar y dar luz a esta enfermedad, presentaron el pasado 23 de febrero el proyecto Alzheimer 3D, cuyo objetivo es lograr un atlas microscópico del cerebro para seleccionar a aquellos pacientes que podrían estar en riego de desarrollar la enfermedad, incluyéndolos posteriormente en ensayos farmacológicos y sometiéndolos a tratamiento.

Aunque los continuos avances científicos derriban las barreras existentes en torno a esta enfermedad, son muchas las incógnitas de una patología que en España sufren alrededor de 650.000 personas.

 Imágenes: digustipado/M. Martín Vicente

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