Álvaro Pombo perfila los estragos del tiempo en “El temblor del héroe”

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Portada El temblor del héroe

Hace tiempo que Álvaro Pombo, poeta y académico de la lengua, dejó de ser aquel chaval inquieto que estudiaba Filosofía y Letras en la época franquista; o aquel joven que trabajó de telefonista en un sótano londinense desde el que veía caer la lluvia y pasar los mocasines, y que con la Transición llegó a presentar sus obras en locales y librerías de la zona de la movida y el barrio de Argüelles.

Con el paso de los años, Pombo se ha convertido en uno de los nombres más prolíficos y consagrados de la literatura contemporánea española. Así lo demuestra, una vez más, en El temblor del héroe, Premio Nadal 2012, un texto en el que el novelista rememora el paso imparable del tiempo, la falta de entusiasmo por la vida, la duda y ese “furor heroico” que mencionaba el filósofo italiano Giordano Bruno como camino hacia la sabiduría.

En una de sus librerías “de toda la vida”, escondida, pequeña y con suelos y estanterías de madera, la mítica Librería Alberti de Argüelles, el alegre y bromista setentón acudió el pasado 20 de febrero a presentar su última novela, editada por Destino. Rodeado de amigos y admiradores varios, entre los veinte y los indefinido años, Pombo (Santander, 1939) estuvo acompañado durante la presentación por el también escritor y crítico literario de El Cultural Ernesto Calabuig.

Amigos y colegas, Pombo y Calabuig charlaron sobre los personajes de la novela, su estilo, la filosofía, la literatura y los años que pasan. Calabuig felicitó a Pombo por haberse hecho con algunos de los premios más prestigiosos de las letras españolas, como el último Nadal o el Premio Herralde de Novela en el año 1983. “Pero aún queda el Príncipe, el Cervantes… ¡hasta el Nobel!, bromeó el hiperactivo escritor, autor de obras como El héroe de las mansardas de Mansard, El metro de platino iridiado o Contra natura.

Filósofo por la Universidad Complutense de Madrid y Bachelor of Arts en Londres, todas las palabras y por ende las obras de Pombo están cargadas de una profunda filosofía. Casi podríamos decir que las reflexiones y la poesía se esconden tras la prosa, creando historias pausadas, sobrias y que se detienen en el tiempo, uno de los protagonistas de El temblor del héroe. Por todos los personajes ha pasado y causado estragos: Román, un profesor de filosofía jubilado que se apaga, solitario y desconfiado, en un viejo sillón; Ernesto y Elena, una pareja de médicos, antiguos alumnos de Román, que no logran despegarse de su perturbador mentor; Héctor, un joven periodista cuyas ansias llenan el discurso filosófico de Román, y que aparece de improviso con un oscuro y asfixiante secreto desmoronándolo todo a su alrededor.

Álvaro Pombo durante la presentación en la librería Alberti

Los caracteres de la ficción avanzan en una caída lenta e inevitable, causada por esas cosas que en su momento no supieron evitar y que el tiempo ha devuelto de forma aún más cruda. La falta de entusiasmo por la vida, la duda y la inseguridad, la insatisfacción, el furor heroico del que hablaba Giordano Bruno en su teoría de la divinidad individual –y que iba a ser el titulo inicial de la novela-, se entremezclan en las casi invisibles acciones de unos personajes plagados de matices. Una lectura sin prisa y una tarde de charla que llevan a preguntase: ¿quién es el verdadero héroe de la historia?

“No podemos alcanzar el infinito, pero no podemos no intentarlo”, sugirió el poeta. Llegan las nueve de la noche. Las pastas del libro se arrugan. Y de fondo, en la novela y en la trastienda iluminada de la calle Tutor, se encuentra un Madrid de “este burdo tiempo democrático y sin héroes”, como subraya Pombo, sin duda un nombre ya esencial de la literatura española contemporánea.

 Fotos: Editorial Destino y Raquel Moraleja San José

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