El primer manual de ciberguerra por encargo de la OTAN

El terreno actual de los conflictos armados no necesita necesariamente de tanques. El ‘modus operandi’ para lanzar el primer misil basta con tan sólo hacer clic en ‘Enter’. Sí, ha empezado una nueva forma de entender la guerra como ya comentamos en esta revista en el artículo La primera ciberguerra fría: China hace temblar a EE.UU. Ahora la OTAN ha decidido teorizar sobre la misma en el recién publicado Manual de Tallinn sobre el Derecho Internacional Aplicable a la Guerra Cibernética (CCD COE), documento encargado por la organización militar para intentar normativizar sobre las leyes de la ciberguerra y los denominados ‘hackers’ y ‘hacktivistas’.

Ejemplar del Manual Tallinn.

Ejemplar del Manual Tallinn.

Han sido doce los expertos en derecho internacional que han escrito este manual el cual lleva el nombre de la capital de Estonia, lugar donde se decidió escribirse a petición del Centro de Excelencia en la Defensa Cooperativa Cibernética de la OTAN. “De momento, no es vinculante, pero representa el primer acercamiento serio a una postura oficial de una organización militar transnacional relevante sobre cómo debe actuarse ante los ‘hackers’ y ‘hacktivistas’ civiles en una contexto bélico”, escribe David Pérez en El Confidencial. El texto toma como base las reglas vigentes sobre el comportamiento en el campo de batalla que pueden leerse en la Convención de Ginebra de 1949 o en la Declaración de San Petesburgo de 1968, y las aplica a Internet.

En la elaboración del documento, como comentamos anteriormente, ha participado un equipo formado por 12 expertos que pertenecen al Comité Internacional de la Cruz Roja y al denominado Cibercomando de Estados Unidos, según informó Russian Today. El contenido del mismo está recogido en 302 páginas con 95 reglas cuyo fin último es crear las bases para elaborar un protocolo de actuación en caso de guerra cibernética, según sostiene la OTAN.

“Todos veían Internet como una especie de ‘Wild, Wild, West’“, dijo Michael Schmitt a Associated Press, profesor del Colegio de Guerra de la Marina de EE.UU. y editor del manual, antes de su publicación oficial. “Habían olvidado que el derecho internacional es tan válido para las armas cibernéticas como para cualquier otra arma”, añadió el estadounidense recalcando la importancia de teorizar sobre este asunto de tanta embergadura. ¿Por qué Estonia y por qué Tallinn? Como informó el periódico El Mundo, Schmitt reunió la semana pasada a militares y abogados en la capital estonia, concretamente en el centro para la ciberdefensa abierto por la OTAN ya que esta ciudad se convirtió en un símbolo por ser foco de uno de los primeros ‘ciberataques’ reconocidos, exactamente en el año 2007.

La publicación de este manual encargado por la Alianza Atlántica ha alcanzado mayor repercusión entre los cibernautas debido a que en un apartado se señala a los ‘hackers’ y a los ‘hacktivistas’ independientes como blancos legítimos en conflicto, es decir, serían directos objetivos militares. Con respecto a estos últimos, que la OTAN los define como “uno ciudadanos particulares que por su propia iniciativa se involucran en actividades de ‘hacking’ por razones, entre otras, ideológicas, políticas, religiosas o patrióticas”, ha habido más revuelo en las opiniones de la red al tratarse de “ciudadanos particulares” independientes de cualquier gobierno. El documento detalla además que “a falta de una indicación clara de que el ‘hacktivista’ ya no se dedica a este tipo de ataques, él o ella seguiría siendo objetivo más allá del período”.

Pese a la fuerza de las palabras amenzantes que componen el manual, y la repercusión internacional que puede llegar a tener en el terreno en sus nuevos ataques miliatres contra los peligros cibernéticos que pongan en jaque a cualquier país perteneciente a la organización, desde la OTAN se han apresurado a subrayar que este texto no es un documento oficial del organismo, sino una serie de recomendaciones que no están obligados necesariamente a cumplir los países miembros. Aún es pronto para sacar cualquier conclusión, sin embargo, observamos nuevos límites en el escenario bélico virtual. ¿Se trata de un intento de poner orden en el desorden?, ¿se convertirá el Manual de Tallinn en el próximo ‘best-seller’?, ¿conseguirá más ediciones que el sacrosanto Don Quijote de la Mancha? Ironía aparte, la OTAN mueve sus peones, se posiciona, se hace hueco y se une al nuevo campo de batalla del siglo XXI.

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