Alterta: contaminación en Pekín

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El descontento y la incertidumbre de los habitantes de la capital China alcanza niveles tan altos como la propia contaminación, una nube contaminante (smog) de casi un millón y medio de kilómetros cuadrados se cierne sobre sus cabezas amenazando su vida y su porvenir.

Contaminación en Pekín
Contaminación en Pekín

La escasa información gubernamental contrasta con la alarma social. Las televisiones instan a los ciudadanos a no salir a la calle; muchos trabajan on-line desde casa, otros, los más aventureros, salen a sus quehaceres diarios con mascarillas placebo, algunos no se atreven ni a ventilar sus hogares y mientras tanto, las redes sociales del país están que arden.

¡Y no es para menos! El cielo y los ríos de la zona están entre los más contaminados del planeta, el suelo contiene un 10% más de los metales pesados permitidos por la OMS, a causa de esto, cada año mueren en China 750.000 personas y en los últimos 10 años los casos de cáncer de pulmón han aumentado un 60%.

El Centro Municipal de Control Medioambiental ha afirmado a través de su web que la densidad de PM2,5, partículas más nocivas para la salud, ha alcanzado 700 microgramos por metro cúbico en muchos lugares de la ciudad (tasa de contaminación 27 veces superior a la recomendada por la OMS). El baremo en el que se han de mover estos niveles es de 0 a 500. La contaminación de Pekín rebasa esta escala.

Un informe publicado el pasado jueves por las autoridades chinas, evalúa la ciudad como “inhabitable para la vida humana” y promete el cierre de 300 fábricas contaminantes a lo largo de este año.

Estos cierres entran dentro de un plan de mejora medioambiental quinquenal que se lleva a cabo desde el año pasado. El objetivo de dicho plan es reducir a un ritmo de un 5% anual la cantidad de partículas PM,5. Para ello el plan se verá complementado con la prohibición de la apertura de nuevas industrias en sectores como el del acero o el cemento, peligrosamente contaminantes.

Además de esto, el Ejecutivo anunció la creación de un fondo de 1.210 millones de euros, para promover y recompensar a las empresas que apliquen medidas para mejorar el tratamiento de residuos y lleven a cabo acciones para la recuperación de la calidad del aire.

En total el Gobierno prevé invertir 361.970 millones de euros para acabar con la problemática medioambiental a la que se enfrenta, creando un mercado para compañías que aumenten la eficiencia energética y reduzcan las emisiones.

Los comienzos del 2014 no son nada halagüeños para la megalópolis China (con 20 millones de habitantes), aparte de los datos registrados este febrero, el mes pasado, tuvo lugar un accidente múltiple por la escasa visibilidad que provoca el smog, en el que se vieron involucrados 40 vehículos y cientos de vuelos fueron cancelados.

Pero el problema no es reciente. Es un hecho que la calidad del aire de China, más específicamente la de Pekín, se encuentra entre las peores del mundo (sólo superando este funesto puesto la ciudad de Moscú). Esto es debido al consumo de carbón en sus centrales de energía y el consumo de sus coches.

El uso de carbón en China se equipara al del la totalidad del planeta, y según la organización ecologista Greenpeace, Pekín ha duplicado su consumo en la última década. De ahí que el smog o niebla tóxica que cubre la ciudad, esté compuesta principalmente de hollín y de otros componentes en menor medida como dióxido de azufre y óxido de nitrógeno.

El rápido progreso que ha experimentado el país desde su aperturismo en 1978, eleva el tamaño de su economía a la segunda mundial detrás de Estados Unidos. La otra cara de la moneda en cuanto a la industrialización, son los numerosos casos de corrupción, las grandes desigualdades sociales que vive el país y su grave problema medioambiental. Problema que ahora queda en manos de las autoridades.

Cuestión, que si no es solventada a tiempo, causará daños irreversibles en nuestro planeta y minará la salud de los habitantes del país hasta un punto que, desgraciadamente, aún resulta complicado cuantificar y probablemente sin retorno.

Fotografía propiedad de EFE

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