Alianza de Civilizaciones: Papel Mojado

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Hace tiempo fui a un seminario sobre el Islam y el “diálogo” con Occidente o viceversa. Algo así como diálogo de civilizaciones entre dos “culturas” para forjar alianzas entre la gran sociedad capitalista y el mundo musulmán. Los ponentes del seminario eran todos proárabes, prodiversidad y prodiálogo, todos indignados por el creciente brote de islamofobia y por la cantidad de periodistas e intelectuales cegados por la teoría de Huntigton sobre el “choque de civilizaciones”.

El semanario fue de lo más sereno y, a la vez, triste que había en aquellos tres días de encuentros. Sereno por la denuncia de un problema real del s. XXI que tanto tiene que ver con el terrorismo internacional, el petróleo y la guerra masiva por unos pocos. Triste por tener que hablar de diálogo, hoy en día, entre “civilizaciones”, ya que algunos se han ocupado de que una de las principales ventajas del ser humano que le diferencia del resto de animales, la de hablar, tenga que ser revocada para comunicarse con su prójimo… Triste también porque los que tenían que haber estado en ese seminario eran precisamente los que no estaban y los que estaban, sólo reforzaron sus ideas antirracistas proárabes.

En medio de toda esa sensación de injusticia universal y falta de entendimiento intercultural, uno se pregunta ¿cuándo y cómo se nos ocurrió plantear la existencia de varias culturas como un problema? ¿No es eso la humanidad? ¿Un abanico de gentes dispersas que nunca y bajo ningún concepto renunciarían al derecho de conocerse y comunicarse entre ellos? ¿En qué momento dejamos de hacerlo para dejar paso a los poco comunicativos que venían con mensajes precisamente vacíos de contenido?

Saber que la cultura musulmana no se puede identificar con el terrorismo radical islamista, que el Islam no evoca a la violencia ni a al machismo y que los árabes son los primeros perjudicados por el uniformismo occidental es tan fácil como abrir unos cuantos libros o consultar a la gente adecuada. Y no sé si entre esa lectura de gente adecuada se encuentra el documento de Alianza de Civilizaciones, promovida por el Presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, el 21 de septiembre de 2004 y que actualmente se encuentra estancada entre el apoyo de la ONU y el rechazo de Estados Unidos.

Volviendo a los ponentes del seminario, todos mencionaron dicha alianza, pero con bastante poco entusiasmo… Y no me extraña. Cuando acabé de leer la propuesta de Zapatero, pensé: “Muy bien, y ¿qué?” Porque después de leer 35 páginas de palabras contra el racismo, contra el terrorismo y a favor de la diversidad cultural te quedas como cuando empezaste. Porque eso no es un ensayo de un estudiante de Bachillerato, sensibilizado con la situación de los musulmanes en todo el mundo después de los atentados del 11-S y 11-M, sino el “ensayo” de un grupo de dieciocho personalidades de alto nivel que redactan una especie de diccionario de los valores humanos, necesitados de la diversidad cultural para seguir existiendo. Así que, ¿qué se propone para evitar racismos, brotes islamófobos y, lo más importante, para conseguir la solución, por fin, del conflicto palestino-israelí? Intercambios académicos, actividades deportivas interculturales y, en definitiva, mucha educación para todos bajo la supervisión de las instituciones internacionales.

A todo ello, las 35 páginas de palabras, eso sí, bienintencionadas se reducen a recomendaciones sobre cómo evitar el choque de civilizaciones entre la cultura occidental y musulmana, incidiendo en la plaga de prejuicios y falta de entendimiento, potenciados por los medios de comunicación. En fin, un buen intento que se queda en eso: un intento. Porque lo que no puede ser es que dieciocho “personalidades”, supuestamente expertas en el tema y bajo el apoyo de nuestro Presidente, hablen de valores en una declaración de buenas iniciativas, sin mojarse a fondo en el conflicto palestino-israelí y la invasión de Irak. Lo que no puede ser es que esa Alianza de Civilizaciones sea presentada como una propuesta de paz y de convivencia que pide el apoyo internacional, sin recibir el apoyo del máximo responsable del orden internacional: Estados Unidos.

A todo eso, se reconoce el papel positivo y negativo de los medios de comunicación, sin pedir responsabilidades y haciendo la típica propuesta de objetividad, veracidad e imparcialidad…

Y me vuelvo a preguntar yo: ¿Cómo nos vamos a tomar en serio cualquier iniciativa de paz para Oriente Próximo si ni siquiera los políticos se la toman en serio? ¿Y hasta cuándo todo intento, por muy insuficiente que sea, se hará para hacer creer que no faltan las iniciativas?

Otra propuesta de papel mojado, falto de voluntad política. Y mientras sea sustituido por otro papelito que distraiga nuestras mentes, los que quieran familiarizarse con dicho documento, he aquí un resumen, a mi criterio, de esas 35 páginas de “buenas palabras” sobre la convivencia pacífica de civilizaciones. Y si son periodistas, presten especial hincapié a la parte dedicada a los medios de comunicación: alianza de civilizaciones.

Fuente de la imagen:
www.abc.es

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