Alfonso Zapico, el dibujante comprometido

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Nacido en Blimea, un pequeño municipio de la cuenca minera asturiana, el dibujante Alfonso Zapico siempre ha gustado de trasladar su imaginación a otras latitudes. En La guerra del profesor Bertenev plasmó la Crimea de 1856, mientras que en Café Budapest partió de la mágica capital centroeuropea para cerrar su periplo en Jerusalén.

En abril de 2011, sus inquietudes le llevaron a publicar Dublinés, una biografía en viñetas de James Joyce para cuya documentación recorrió las cuatro ciudades más representativas en la trayectoria del escritor irlandés. Dublín, Trieste, París y Zúrich se convierten ahora en las protagonistas de La ruta Joyce (Astiberri), un cómic de viajes en el que Zapico invita a descubrir los rincones más bellos de este póker de urbes históricas.

Alfonso Zapico

A veces acompañado por su novia, en otras ocasiones en solitario, este joven ilustrador se adentra en las bibliotecas, las cafeterías, los museos, las casas, los ‘pubs’ y las callejuelas que un día recorriera Joyce. Quizás el lector no aprenda mucho en estas páginas sobre los vaivenes existenciales del autor de Dublineses, pero podrá disfrutar con un paseo delicioso por los lugares que tuvieron la fortuna de acogerle. Zapico no se oculta ni se mantiene en un segundo plano, sino que nos lleva de la mano en cada uno de sus pasos, incluyendo su visita a Bilbao y su estancia en la prestigiosa Maison des Auteurs de Angoulême.

Ganador en 2010 del premio Josep Toutain al Autor Revelación en el Salón del Cómic de Barcelona, Zapico charla con La Huella Digital acerca de su último trabajo y desgrana sus inquietudes políticas, recientemente plasmadas en su blog en forma de “reflexiones preelectorales“, una serie de historietas cortas en las que argumentaba su ideario socialista y reclamaba el voto para el PSOE en los comicios autonómicos asturianos.

Portada "La ruta Joyce"

Si el lector ya conoce Dublinés, ¿por qué debería leer La ruta Joyce (a partir de aquí, LRJ)?
Es una buena pregunta, pero para encontrar las respuestas, me temo que el lector tendrá que leer LRJ. Si saca algo de provecho de esta mezcla de proceso creativo, guía de viaje y reflexión de autor, habrá merecido la pena.

Y al revés: si no conoce Dublinés, ¿por qué debería leer LRJ?
Como LRJ es, a pesar de todo, un libro independiente de Dublinés, puede leerse a pelo. No hace falta conocer la vida y obra de Joyce para disfrutar de un viaje, y LRJ es un viaje.

En una época en que la documentación se realiza prácticamente por Internet, usted cogió el petate y recorrió los lugares más importantes en la vida de Joyce. ¿Qué esperaba descubrir en esos viajes que no apareciera en las muchas obras de consulta que existen acerca del autor irlandés?
Esto es un poco como La pipa de Magritte: uno puede ver un documental sobre una ciudad, puede leer sobre ella y puede imaginársela, pero nunca estará en ese lugar hasta que no coja la maleta, se haga quinientos kilómetros y ponga un pie en sus calles, entre en sus cafés, escuche sus ruidos y vea el color de su cielo. Y así, el trabajo del autor será más fiel y el lector lo apreciará.

¿Sabía desde el principio que aquellos viajes se terminarían convirtiendo en un cómic?
Sí. Dublinés y LRJ son hermanos mellizos y se fueron gestando a la vez, aunque uno vio la luz antes que el otro. Era un proyecto doble, lo que supuso más trabajo, pero también más facilidad para llevarlo a cabo.

La ruta comienza en septiembre de 2008, pero Dublinés no se publicó hasta abril de 2011. ¿Cómo se afronta un proyecto tan largo sin caer en la extenuación o el aburrimiento?
Bueno, no he estado todo el tiempo con Joyce en la cabeza. He compaginado el cómic con mis otros trabajos de prensa, de proyectos editoriales, de publicidad… Dublinés era el gran proyecto que realizaba poco a poco, se convirtió en mi refugio creativo.

Ya que LRJ es ante todo una guía para viajeros, ¿qué destacaría de cada una de las cuatro ciudades visitadas?
Así en unas pocas frases: Dublín es mágica y está muy viva; Trieste es hermosa, pero se muere; París es vida y muerte, pasado y presente; y Zúrich está muerta, pero es un cadáver perfumado.

Uno acaba el libro y se queda con la sensación de que aprender, lo que se dice aprender, tampoco aprendió mucho sobre Joyce. ¿Le ocurrió a usted algo parecido cuando terminó el último de sus viajes?
Llegué a la conclusión de que Joyce no es un autor de moda. A pesar de las estatuas de bronce, su figura ha desaparecido en estas cuatro ciudades. Incluso en Dublín se ha convertido en algo abstracto, superficial, folklórico a veces. Pero su filosofía vital, la defensa del ser humano auténtico, ordinario, de la vida real, permanece vigente en todas partes.

¿Llegó a pensar que, si al final no salía adelante el proyecto de Dublinés, LRJ podía ser un buen sustituto?
No, la verdad es que los dos proyectos se gestaron con la seguridad de que iban a salir adelante. Astiberri ya estaba al tanto de ambos libros y, entre todos, hemos conseguido que el doble alumbramiento haya salido bien.

Dublinés lo desarrolló durante un año en la Maison des Auteurs de Angoulême gracias a una beca de Alhóndiga Bilbao, pero ¿cómo sufragó toda la investigación previa?
Pues como se emprenden todas las aventuras creativas, por amor al arte. La creación de Dublinés no obedece a criterios económicos, estratégicos o editoriales; es un impulso y los impulsos no se controlan, se llevan a cabo y punto.

Y hablando de esa estancia en Angoulême, ¿de verdad había tan buen rollo con Álvaro Ortiz y Martín Romero? ¿Se daban mucha caña unos a otros?
La relación con estos dos autores ha sido, y sigue siendo, fantástica. Son muy profesionales, pero también generosos y comparten su experiencia; son grandes compañeros. La Alhóndiga ha tenido mucho ojo y yo he tenido mucha suerte. Y eso que Álvaro a veces se las trae…

Más allá del protagonista, nada tienen que ver una obra con la otra, pero aun así, ¿le queda la sensación de que LRJ resulta mucho más fluida que Dublinés?
Sí, es una obra mucho más ligera, ya no nos estamos poniendo en contexto histórico, no aparecen tantos personajes… No es una biografía literaria. En LRJ utilizo mi lenguaje, tiene otra narrativa. Se lee mejor y se lee de otra forma.

Oiga, ¿y de verdad tenía tan mala pata con la lluvia o es que siempre era un buen momento para echar unas cervezas?
Siempre he sido muy cenizo con el tiempo. Da igual que sea invierno o verano, otoño o primavera, cada vez que viajo pillo lluvia, o frío, o alguna huelga. Qué le vamos a hacer.

¿Ha tenido suficiente Joyce para el resto de su vida?
He tenido Joyce de sobra para una temporada. Pero es imposible renunciar a Joyce, porque Joyce es la vida misma, es la gente que la vive, son todos los lugares, los recuerdos y los pensamientos que transitan por doquier.

¿Le ha gustado esta experiencia con el cómic de viajes? ¿Tiene alguna idea para repetir?
Sí que me ha gustado. Quizá haga algo en el futuro, porque el formato es muy ágil, me permite trabajar rápido y contar muchas cosas. Pero ahora mismo no me planteo nada.

¿Qué será lo próximo de Alfonso Zapico?
Quiero hacer algo con un trasfondo histórico (para variar) ubicado en Asturias. Pero todavía no he podido coger este toro en serio, me falta tiempo y documentación.

Reflexiones preelectorales

En las semanas previas a las elecciones autonómicas asturianas, usted tomó partido por el PSOE y así lo hizo saber a través de su blog. ¿Qué le empujó a mostrar sus inclinaciones de una manera tan abierta y decidida?
Ahora vivo lejos de Asturias, y ver cómo un sátrapa neoliberal utilizaba una región de un millón de habitantes para dar gusto a sus ansias de revancha me ponía enfermo. Y de todas formas, me cansé de suspirar en silencio, porque nunca he sido apolítico, pero sí tenía mis ideas aquí escondidas, debajo de la mesa de dibujo. Éste momento (que es, por cierto, el peor momento) era el más propicio para sacarlas a la luz.

Zapico, en un mitin de Javier Fernández, líder de los socialistas asturianos

Estos dibujos de corte político, ¿respondían a la creencia de que el PSOE puede mejorar las cosas para los habitantes de su comunidad autónoma? O por el contrario, ¿se trataba de una reacción en contra del PP y Foro Asturias?
Estoy completamente convencido de la capacidad del Partido Socialista para mejorar las cosas, no sólo en Asturias. Sus ideales de igualdad y progreso, de socialdemocracia moderna, son los míos. Y mis dibujos son la forma que tengo de expresarlos. El PSOE de Asturias no es un ente abstracto, una masa política gris y corrupta, sino muchos hombres y mujeres que tienen rostro, que dedican muchas horas a hacer política porque están convencidos de lo que hacen y quieren mejorar las cosas. Son trabajadores, hijos de trabajadores y padres de trabajadores.

Hay una frase muy en boga en los últimos tiempos, “Ya no hay derechas e izquierdas”. ¿Qué piensa cuando escucha algo así?
Evidentemente, no puedo estar de acuerdo. Que no todos los políticos son iguales lo puede ver cualquiera cada mañana al abrir un periódico. No quiero hacer propaganda guerracivilista ni volver a los tiempos de la CEDA o el Frente Popular, pero está claro que nuestra sociedad se debate entre una visión neoliberal muy egoísta, que crea desigualdad, y una visión socialdemócrata que busca reducir esa desigualdad y no tolera el “sálvese quien pueda”. Todo esto hay que asumirlo dentro de un sistema muy imperfecto, el capitalista, que es en el que vivimos ahora y el que trataremos de cambiar.

En sus historietas habla de valores, de ideales, de los logros conseguidos por los socialistas europeos y españoles desde principios del siglo XX. Eso no se discute, pero ¿considera que los actuales dirigentes socialistas, en este caso los nacionales, representan correctamente el legado de sus antepasados?
Cuando dibujé a estos personajes ilustres no quería hacer un agravio comparativo entre Bernstein y los políticos socialistas de hoy, eso no tiene sentido. Pero cuando un partido como el Socialista sufre una riada que se lo lleva por delante, ¿dónde se agarra uno para que no le arrastre la corriente? Pues a las raíces. Y la gente tiene que saber de dónde vienen estas ideas y este partido que, a pesar de todo, nunca ha dejado de ser el partido de los trabajadores en este país.

Durante los últimos años se ha criticado mucho la falta de implicación del colectivo artístico en cuestiones de índole política. ¿Coincide con esta opinión? ¿A qué cree que se debe esta apatía o falta de compromiso?
La falta de implicación no es una peculiaridad del colectivo artístico y, de hecho, hay destacados artistas implicados en política. Yo achaco esto a un desencanto general de la gente: los mayores no ven colmadas sus expectativas y abandonan sus ideales, mientras que los más jóvenes ven la política como un negocio, una oportunidad de medrar, algo muy lejano. ¿Quién se puede comprometer con algo tan deslegitimado y tan abstracto? Sin embargo, la política es un medio de acción, un instrumento de cambio, la única forma aceptable de cambiar las cosas. Y por eso la gente joven tiene que comprometerse con la política, porque es nuestro futuro lo que está en juego.

De alguna forma, y en un país tan polarizado como España, ¿teme que su posicionamiento pueda provocar algún tipo de represalia?
Sí. De hecho, ya me ha costado las primeras represalias, pero es que no tengo otra opción; tengo 31 años, tengo que vivir en esta realidad en la que no todo me gusta. Y de todas formas, ¿no estamos todos siendo “represaliados” a diario? La sociedad actual castiga a muchas buenas personas que permanecen al margen de todo conflicto, así que cuanto antes alcemos la voz para decir lo que pensamos (y aquí cada uno que piense lo que quiera), mejor.

Ya se pudo apreciar en La ruta Joyce y ahora queda todavía mas patente en, por ejemplo, las entrevistas que llevó a cabo con Javier Fernández y su equipo de colaboradores. ¿Nota que en su interior hay un periodista en potencia?
No sé si un periodista, pero sí un ansia por conocer qué hay detrás de muchas cosas y comunicarlo a los lectores. Fabrico cada libro en función de las preguntas que me hago y una realidad que desconozco. No digo que luego encuentre respuesta a todo, pero quizá esto sea una especie de “periodismo historietístico”.

Sólo por curiosidad, ¿cómo se queda uno cuando le da una colleja a Franco (aunque sea en las viñetas)? ¿Se ha quedado con ganas de repartir unas cuantas collejas más?
Bueno, lo de Franco no era por una pretensión particular de repartir collejas. Era una metáfora dirigida a tanta gente que, con todo el derecho del mundo, manifiesta un abstencionismo total en lo que implica la vida política. Vivimos en una democracia que aún está muy verde y el derecho a votar, que es el derecho a decidir, es un bien muy preciado que no disfrutan en todas partes. En España, por ejemplo, estuvo cercenado durante la mayor parte de su historia, aún más para las mujeres. Por eso hay que pensárselo dos veces antes de despotricar alegremente contra esta democracia tan imperfecta. Aparte, no soy muy de repartir collejas, aunque hay alguno que se merece unas cuantas.

Finalmente, ¿qué sabor de boca le han dejado los resultados electorales?
El PSOE ha ganado las elecciones en Asturias, pero se respira un ambiente de incertidumbre hasta que no se celebre la investidura en la Junta General. De todas formas, soy optimista. Ha ganado el mejor candidato y también la mejor persona. Por una vez, a falta del remate final, ha habido justicia poética en esta tierra, que ha sufrido tanta injusticia y ha disfrutado de tan poca poesía.

Imágenes cedidas por Astiberri/Alfonso Zapico