Aleksandr Deineka, una vanguardia para el proletariado

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La obra de Aleksandr Deineka, principal figura del llamado realismo soviético, conmueve a través de la propaganda, la pintura y los mosaicos. La sala de exposición de la Fundación Juan March de Madrid acogerá hasta el 15 de enero de 2012 una amplia muestra del artista ruso.

Maestro de la pintura, el cartel y la ilustración, Aleksandr Deineka (Kursk, 1899 – Moscú, 1969) formó parte del final de la Vanguardia y del advenimiento del realismo socialista. Ahora, y por vez primera en España, su obra se ve expuesta a través de óleos, carteles, revistas, libros infantiles, fotografías, numerosos documentos y material audiovisual.

La propaganda soviética es uno de los ejes centrales de la exposición del artista, mensajes visuales que se disparan a una velocidad casi imperceptible. En las obras reside la generación de la conciencia de la clase obrera, acogida tanto en carteles como en pinturas. 

“Conocer la vida para saber representarla verazmente en las obras artísticas. No solo como realidad objetiva, sino en su desarrollo revolucionario”, reza el método del realismo socialista, plasmado desde un principio en la exposición junto a las obras de Deineka. 

Pasillos de inmensos cuadros que anteceden a salas de material audiovisual, escaparates de revistas y diarios, algún objeto de la época… Son algunos de los brillantes ejemplos recogidos en la exposición, que se completa con recreaciones de los mosaicos (impactantes y bellos) que decoran el metro de Moscú. 

Manifestación, una obra que vio la luz en 1928, alteraría el carácter más apacible de los tiempos. “Todo el mundo oye estos días el andar pesado de los batallones proletarios”, se lee en la descripción. Se trata de un cuadro que goza de narración completa. Si algo define a Deineka es su capacidad descriptiva y su gusto por los detalles. El artista es, además, un maestro de la historieta que logra proyectar una gran fuerza visual en su trabajo. 

La muestra funciona como ventana abierta a las pasiones del autor. El deporte, especialmente el fútbol, es un tema recurrente en la obra de Denieka, que rinde culto a la juventud y la fortaleza en cuadros como El juego de la pelota o El portero. Este último, de gran tamaño, deja maravillado al espectador ante el realismo de la imagen; casi se podría detener el balón que está a punto de ser interceptado por el guardameta. 

Con una forma lacónica y particular, Deineka es capaz de dotar sus pinturas de paisajes idílicos, alejados de cuanto ocurría en aquella época. Mediodía es un perfecto juego de sombras que deja impresionado a todo aquel que la contempla. Un grupo de mujeres se bañan y se divierten mientras el mundo sigue su curso. También posee gran fuerza El balcón, de acentuada luminosidad. 

Alejados de pinturas idílicas que hacen creer al más escéptico, se debe destacar el innegable poder de la propaganda soviética. Puede que ésta tuviera menor influencia que la realizada en la Alemania nazi, pero favoreció la tendencia artística predominante en la historia de la Unión Soviética, cuyo realismo se puede degustar ahora de mil maneras a través del genio de Deineka. 

Imagen cedida por la Fundación Juan March.

 

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