Alejandro Sanz convierte Madrid en un paraíso

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El tiempo pasa para todo el mundo, incluido para Alejandro Sanz. Sin embargo, para él no parece que la vida pase tan deprisa por algunas buenas razones de peso, entre ellas el poder de convocatoria para llenar hasta la bandera el Palacio de Deportes de Madrid, y eso que se trataba de la tercera vez que lo hacía este mismo año.

Alejandro Sanz supera ya los cuarenta sin crisis emocionales ni artísticas, está en plena forma y aún conserva intacto su poder de congregación para poner patas arriba un Palacio de Deportes de Madrid, aunque sea con un público mayoritariamente femenino, aunque esas fans ya no hagan locuras por su ídolo y hayan madurado junto a él, aunque sea la tercera vez que lo hace ya este mismo año.

Ahora se trata de un cantante que es capaz de contar en sus conciertos con VIP’s tan especiales como los Príncipes de Asturias, y artistas invitados como David Bisbal, Malú, Dani Martín, Junior o el guitarrista Daniel Casares, que quisieron acompañar al cantante en su nuevo éxito.

El pasado miércoles 8 de septiembre ya no había largas colas de fanáticas que esperaban días antes a que se abrieran las puertas del recinto para optar al mejor sitio en primera fila. Todo transcurrió con sosiego y el Palacio se fue llenando poco a poco, hasta que la cuenta atrás dio comienzo al espectáculo cuando eran las diez y cuarto de la noche. Antes habían caldeado el ambiente las cantantes Lía y Sara Vega, ambas enraizadas en un estilo andalusí cercano a las voces de Niña Pastori o Pastora Soler.

Le pese a quien le pese el artista gaditano, adoptado como hijo predilecto por la capital del reino, sigue siendo uno de los grandes en nuestro país, aunque a uno no le guste su música, su estilo, o vaya a saber usted qué. Grande de España,  porque sigue apasionando a sus miles de fans en un concierto que arrancó con “Mi Peter Punk” y “Lo que fui es todo lo que soy”. Canciones coreadas por más de quince mil almas, y que contó con el apoyo de una super orquesta internacional perfecta en su papel.

Alejandro sabe manejar con dilatada experiencia esta multitud de masas con bromas, bailes y guiños en las transiciones melódicas. Dedicó el concierto a su hija Manuela y acto seguido hacía botar a todo el personal con “Viviendo deprisa”, hasta que David Bisbal subió al escenario para interpretar a dúo “Desde lejos”. Entonces fue el delirio colectivo.

Después llegó un genial Daniel Casares para aflamencar con su guitarra “Corazón partío”. Hit al que siguió “Cuando nadie me ve”, en el que el descuido de la bailarina principal con su relleno en el sujetador provocó algún despiste y risotada general. Más tarde, Alejandro invitó a una gran amiga para compartir su protagonismo, fue Malú la encargada de arrollar el dueto con su infinito chorro de voz en “Desde cuándo”.

El público bailó de lo lindo con cada una de las canciones que iban desgranándose, como acabó haciendo el héroe de la velada frente a su continuo estatismo en las tablas. Sí, bailó junto a su corista a petición de la muchedumbre. “Mala” funcionó a la perfección en el meridiano de la noche cuando Junior rapeo por sorpresa el final del tema, mientras que “No es lo mismo” se convirtió en una coral colectiva fanática con las manos arriba.

Se fue despidiendo de su paraíso particular con “Looking for paradise” a dúo con su corista Sara, que hizo las veces de Alicia Keys sin desmerecer en nada su ausencia. Y emocionó, lo volvió a hacer por enésima vez. Entonces llegó una pausa para tomar energías y aliviar los calores del recinto. Alejandro Sanz volvió al piano para interpretar “Lo ves”, cantado hasta la extenuación por sus miles de fans entregadas. Algunas de ellas llegaron a confesar en ese momento que “este tema bien vale el concierto entero”.

Un solitario pie de micrófono en medio del escenario presagiaba la llegada del último invitado, Dani Martín, para el que fue todo un honor “estar aquí junto al maestro”. Juntos cantaron “Tu letra podré acariciar” con el beneplácito de todas las féminas apasionadas.

La última parte de su concierto concluyó con un remix de temas que Alejandro se guardó en la manga. Así, fundió viejos éxitos como “Mi soledad y yo”, “Amiga mía” o “Y si fuera ella”, que catapultaron al éxtasis a las quince mil almas a las que el cantautor quiso dedicar también este concierto. Sus fans se lo agradecieron de corazón y le despidieron con el alma abierta.

Crónica: Óliver Yuste.
Fotografía: Carmen García Pintado.

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Óliver Yuste es licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Su experiencia profesional como periodista se ha desarrollado en diversas publicaciones periódicas como las revistas culturales Experpento o Paisajes Eléctricos Magazine, las revistas universitarias La Huella Digital, Punto de Encuentro Complutense y mÁs UNED, o la colaboración como escritor en la revista literaria chilena Cinosargo, además de mantener sus propios blogs, como la bitácora personal donde se ahogan los gritos de mi mitad. En estas publicaciones en soporte papel y digital se divulgan algunos de sus artículos periodísticos de opinión, críticas y entrevistas musicales, además de artículos literarios como relatos cortos, cuentos y poesías.

También está dedicado a la creación literaria como escritor de novelas y poesía, una faceta en la que cuenta con el libro de cuentos Azoteas, en proceso de edición, y la publicación del cuento “La Libertad de Ser Feliz” en el libro Cuentos Selectos III, publicado en 2002 por la Editorial Jamais. Además de ser galardonado en algunos certámenes literarios: Primer Premio de Poesía Ramiro de Maeztu 1997, Premio Accésit del IV Concurso de Redacción “El Teatro Clásico en Escena 1997” o Finalista en el Concurso de Relatos Cortos “Premios Jamais 1999”.

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