Albert Boadella, un tipo que no olvidaré

2
369

Son muchas las cosas que se han dicho sobre el dramaturgo Albert Boadella tanto para bien como para mal. Parece que cuando uno pronuncia su nombre lo primero que viene a la cabeza son los altercados que ha tenido con la justicia española y con el nacionalismo catalán. Pero puede ser que los medios se hayan encargado de vendernos, al igual que nos venden otras cosas que no necesitamos, la imagen distorsionada de un hombre que dice siempre lo que piensa. Una imagen que sustituye a la real, es decir, la de un hombre modesto que vive por y para el teatro porque es lo único que sabe hacer en su vida, profesión con la que se casó hace casi cincuenta años. Boadella es el director de Els Joglars (los juglares) que constituye una de las compañías de teatro más importante de nuestro país creada en 1961.

Tuve la gran oportunidad de conocerlo en la clase 3.8 de la Facultad de Comunicación de Sevilla. Gracias a la labor de las profesoras de literatura Pilar Bellido y Mercedes Comellas, la Facultad de Comunicación este año ha podido traer a dramaturgos de la talla de José Luis Alonso de Santos (el pasado octubre), Albert Boadella y Angélica Liddell, que prometió venir para el mes de diciembre. Y ahí estaba aquel hombre de estatura media y de pelo canoso y largo. Se acercó al centro de la tarima y como si se tratara de un verdadero “juglar” empezó a relatar las batallas de las guerras que había librado con su mejor espada: el teatro. Boadella venía con algunos objetivos y entre ellos explicar el montaje de la obra Daaalí, estrenada el 10 de septiembre de 1999 en Figueras. El director del Joglars comenzó describiendo la figura del pintor Salvador Dalí. A Boadella lo que le interesó para hacer posible Daaalí fue la personalidad de niño que siempre adoptaba el pintor, de hecho el núcleo de la obra lo constituye la conexión de la infancia que establece constantemente Salvador en el delirio último de su agonía. Mientras Boadella narraba las anécdotas personales del pintor, los alumnos miraban con atención lo que aquel juglar de blusa de cuadros y de pantalón azul marino decía. Era tal la admiración que sentía Boadella por el pintor que a veces no sabía si me estaba hablando o bien Dalí en persona o bien Albert Boadella. De hecho se puede llegar a pensar que los dos tienen muchos aspectos en común, aunque el director de Els Joglars nos afirmó que él era un modesto iluminador que intentaba desvelar la realidad y que Dalí simplemente era un genio. “Si pudiera reencarnarme en alguien lo haría en Dalí”, decía desde el corazón el director catalán.

Poco después el dramaturgo nos habló un poco de la historia de su compañía. Su teatro formó parte, y lo sigue haciendo, de ese movimiento de teatros independientes que empezaron como rechazo a la dictadura de Franco. Boadella nos contó cómo el uso de los gestos o la rapidez de las acciones eran elementos claves para pasar desapercibidos ante la censura. “Los censores no entendían lo que hacíamos y siempre estaban pendientes de la ropa transparente de las chicas”, decía risueño y orgulloso. Hasta 1975 consiguieron vencer la censura del régimen, al público le gustaba lo que hacían aquellos actores y entendían que su teatro tenía un fuerte compromiso social. La obra no se monta a partir de un texto previo, sino que va haciendo el montaje el mismo actor acercándose a la personalidad del personaje y que no culmina hasta que se llega al tema esencial de la obra, en este caso la conexión con la infancia de Dalí. La obra está en constante movimiento, se corrige sobre la marcha y así como un gran puzle que hay que montar entre todos se va construyendo el sueño de Els Joglars. Para finalizar nos leyó un decálogo con las diez normas de su compañía que a mi juicio no tiene desperdicio ninguno. Para pertenecer a Els Joglars se debe: uno, reconocer a Dios como el único creador, ser modesto y reconocer que el director y los actores son simples iluminadores de la realidad. Dos, no sucumbir a la norma, pilar esencial de su compañía. Tres, acabar con el monopolio de la poesía. Cuatro, rechazar la fantasía porque la realidad es más fantástica de lo que se cree. Cinco, no telefonear cuando se esté en el baño, para Boadella siempre existe el típico individuo que no tiene conciencia de tiempo y que siempre llama en los momentos menos oportunos. Seis, fomentar los enemigos. Siete, practicar el mal gusto, porque el gusto es la moda y la moda es efímera. Dato que es espantoso para el artista porque producir en un tiempo tan rápido hace que disminuya la calidad. Els Joglars hace su propia moda y no están a favor de lo estéticamente bien visto del momento. Ocho, defenderse de la modernidad porque para ellos la modernidad ha hecho cosas terribles. Nueve, nadar a contracorriente de las masas y como última norma no trabajar nunca, para Boadella cuando uno hace teatro no está trabajando sino jugando, él ama su profesión y no la considera como un trabajo. Tras una rueda de preguntas la entrevista finalizó con un gran aplauso al que Boadella respondió con una reverencia como si por unas horas se hubiera vuelto a subir al escenario del Joglars. Aquel juglar recogió su laúd y su maletín para irse a otra aldea a difundir su cantar épico. “Nuestra historia es una historia de libertad”, y así resumió toda su carrera en una frase sencilla, humilde y reivindicadora, tal y como es él: un tipo al que no olvidaré.

Fuente de la imagen:
Google

2 Comentarios

  1. Me gustaría que Boadella diera su opinión acerca de las experiencias sexuales de su amigo Sanchez Dragó con niñas de 13 años, que este le explica en el libro de conversaciones entre ambos publicado hace poco.

Dejar respuesta