Al tren que perdí

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Despidámonos como desconocidos,
que los besos vayan de dos en dos,
mejor que de uno en uno,
encanto,
apenas queda tiempo
para el último verso,
me siento Marlowe
en un sueño eterno,
la nueve milímetros aprieta en el bolsillo
mientras sonrío,
aunque no puedan verlo. 

Madrid,
al partir
su despedida
en una nota
con carmín.

Quise arrancarla de mi alma,
pero la vi acurrucada
y sonaba Ella Fitzgerald,
volví a la cama,
soñamos con Vacaciones en Roma
y una despedida cordial,
como al final de la historia,
aunque no puedan verla. 

Madrid,
al partir
su despedida
en una nota
con carmín. 

Siempre jugó sucio,
en competición
con los ojos
de Liz Taylor,
los suyos
y el brillo del proyector,
intenté olvidarlo,
aunque no puedan verlo. 

Madrid,
al partir
su despedida
en una nota
con carmín. 

Lo que el viento se llevó
nos lo devolvieron tus abrazos,
cogí el 975 a Exopotamia
sólo por escapar de sus sábanas:
“no soy un cobarde”
repetí en cada alarde,
reguardando nuestro recuerdo
del secuestro del tiempo,
ella sentada en la ventana
aunque no pueda verla,
aunque no puedan verlo. 

Madrid,
al partir
su despedida
en una nota
con carmín.

Imagen: Hans (Creative Commons)

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