Al calor de los petrodólares

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Qatar está de moda. En España, los aficionados al deporte (especialmente los aficionados al deporte rey) nos hemos acostumbrado a escuchar, cada vez con mayor asiduidad, noticias cuyo protagonismo recae en el el país del Golfo Pérsico: la celebración de la Copa del Mundo de 2022, el contrato que el F.C. Barcelona firmó con Qatar Foundation y que reportará al club catalán 165 millones de euros durante los próximos 5 años o la adquisición del Málaga C.F. por parte del jeque Abdullah Bin-Nasser Al-Thani son algunos de los ejemplos más relevantes.

Sin embargo, no sólo de fútbol vive el hombre (y menos aún en Oriente Medio). Por ese motivo, el jefe del gobierno qatarí, el emir Hamad bin Khalifa al Thani, visitó hace un par de meses nuestro país con la intención de estrechar nuevos lazos económicos y comerciales. La relevancia del acontecimiento quedó patente cuando, Sus Majestades los Reyes de España, fueron a dar la bienvenida a su homólogo a pie de pista, nada más aterrizar éste en Madrid, cuando tan cálida acogida se reserva únicamente a aquellos jefes de Estado con quienes los Reyes guardan una especial relación (debe de ser que el jeque es amigo íntimo de la Familia Real y no nos habíamos enterado).

Las relaciones económicas de Qatar con España son escasas aunque no nuevas: en 2010, el fondo soberano QIA adquirió el 5% de Santander Brasil por 1.950 millones de euros y se anunció también la compra por parte de Qatar Holding de un 6,17% de las acciones de Iberdrola (operación valorada en unos 2.100 millones). Además, unas 17 compañías españolas están presentes en Qatar (entre ellas la propia Iberdrola) y, precisamente, a propósito del Mundial de Fútbol, nuevas empresas nacionales intentarán sacar tajada de los 15.000 millones de $ que el emirato tiene previsto invertir en dicho acontecimiento (una cifra equivalente a los ingresos de España por turismo en todo un año).

A pesar de lo que acabamos de comentar, el monto total de las operaciones entre ambos países queda concentrado en el sector energético, lo que permite un amplio margen a la diversificación inversora. Es por ello que, durante su visita oficial, Hamad bin Jalifa Al Thani anunció una inversión total de 3.000 millones de euros en nuestro país, de los cuales 300 millones se destinarían a capitalizar las cajas de ahorro. Más allá de cifras concretas, las inversiones suponen un espaldarazo cualitativo para que los mercados recuperen la confianza en nuestra economía (hay que tener en cuenta que en 2010 Qatar fue el país con mayor crecimiento económico y el segundo a nivel mundial en renta per cápita).

Con estos datos en la mano, parece obvio que la participación de Qatar en nuestras empresas es bien recibida. Sin embargo, lejos de parecer crítico en mi observación (reitero que considero estas inversiones altamente recomendables), es importante tener en cuenta el riesgo potencial que supone dejar en manos ajenas determinados sectores estratégicos. El ejemplo más claro de ello es la alta dependencia exterior de la que adolece España en el ámbito energético (precisamente el sector donde se concentran las principales operaciones hispano-qataríes). El país árabe es uno de los principales proveedores de gas del mundo, recurso del que España importa el 60% de Argelia y el 25% de Libia. Nuestro tercer proveedor más importante es, precisamente, Qatar.

Ante este escenario, muchos empresarios se frotan las manos gracias a las nuevas oportunidades que el emirato ofrece, muy especialmente en el ámbito de las finanzas. Sin embargo, esta inyección de petrodólares no puede ni debe ser la solución a la crisis por la que atraviesan nuestras cajas de ahorro. Es completamente necesaria una reforma estructural de dicho sector para que el crédito vuelva a fluir: urge imperiosamente que los bancos comerciales se dedican a hacer su trabajo (es decir, conceder créditos) y pongan fin a las actividades especulativas propias de los bancos de inversión, además de una mayor regulación y supervisión de las operaciones efectuadas por estas instituciones. Hasta ahora hemos podido alardear de la buena salud de la que gozaban nuestras finanzas, gracias a lo cual no ha sido necesaria (ni será, que con no cunda el pánico) la intervención por parte de la UE o del FMI. Bienvenidos sean los fondos qataríes, siempre y cuando no sean ellos quienes tengan que rescatarnos.

Fuente de la imagen:
www.layijadeneurabia.com

3 Comentarios

  1. Efectivamente, tenías razón. Ya hemos corregido la errata. Muchas gracias por la apreciación.
    El editor de Opinión,
    H. A.

  2. Creo que todo se resume así: Bienvenidos sean los fondos qataríes, siempre y cuando no sean ellos quienes tengan que rescatarnos. Esperemos que la economía pueda mas o menos enderezarse sin una nueva recaída.

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