Ahora lo ves, ahora no lo ves

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Con el nacimiento de la fotografía, la manipulación de hechos históricos se convirtió en poco menos que un arte. Ya desde el principio los profesionales se dedicaron a manipular imágenes a las órdenes de quienes se encontraban en el poder.

Es posible que ninguna de las fotografías que han sido trucadas a lo largo de los años –por los intereses ocultos del poder- haya tenido la capacidad de cambiar la Historia, pero sí que han mediado en la creación corrientes de opinión. Su descriptivo poder, que es inmediatamente captado por nuestra retina, ha servido para enmarcar momentos históricos, y también para desvirtuarlos, para dar otra perspectiva cambiando así la forma y el sentido, o para borrar incómodos personajes al gusto de quien ordena la alteración de la fotografía.

Más que conocidos son los retoques fotográficos con que Stalin eliminaba todo registro de las personas que mandaba asesinar. Tras su llegada al frente del Partido Comunista de la URSS en los años 20, llevó a cabo una serie de campañas contra antiguos aliados, en ocasiones componentes importantes del Partido que percibía como enemigos políticos; ya fuera por ser demasiado populares, o por cualquier otro motivo que inclinara a pensar que eran un peligro para el régimen o contra Stalin mismo. Estas campañas, denominadas “purgas”, consistían en diversos actos contra dichas personas, desde la simple expulsión del partido hasta el encierro en campos de trabajos forzados en Siberia o la ejecución. No contento con ello, el régimen también intentó eliminar de la Historia a las personas que “cayeron en desgracia” (antiguos comunistas miembros del Partido que fueron “purgados”) y borrar toda relación posible que éstos hubieran tenido con el Partido, en aras de limpiar la imagen del mismo.

pageUna de las famosas fotografías que pertenecen a la “reescritura del pasado” es la famosa imagen de Lenin pronunciando un discurso ante militares soviéticos el 5 de mayo de 1920 en la Plaza Swerdlow de Moscú, frente al teatro Bolshoi. Se trata de un proceso de “desmemorización” contra Trotsky. En medio del lugar se alza un podio y sobre él se encuentra Wladimir Lenin, que pronuncia un discurso contra el ejército comandado por el polaco Jozef Klemens Pilsudski. G. P. Goldstein fotografía la asamblea: la toma muestra a Trotsky y a Leo Borissowitsch Kamenew parados sobre las escaleras que conducen al podio, mientras que Lenin, inclinado hacia adelante en una de sus típicas poses de orador, intenta movilizar su discurso a las coloridas unidades milites. En los próximos años, la imagen se convertiría en un verdadero icono y sería divulgada como foto y como postal.

Pocos segundos más tarde de la toma de Goldstein, un fotógrafo desconocido hace una casi idéntica, en la que Trotsky y Kamenew están de perfil. También esta fotografía se reproduce y se hace extremadamente popular. La versión original aparece por última vez en mayo de 1927 en forma de postal avant-garde por el décimo aniversario de la Revolución Rusa. Más tarde sólo se publicará la falsificación. Un retocador se ocupa de que cinco escalones reemplacen a Trotsky y a Kamenew. La intervención se hace famosa en la historia de la fotografía no sólo por su calidad para el estado de la técnica en ese momento, sino también porque el alejamiento de Trotsky de la foto predice el destino que le espera a quien alguna vez fuera compañero de ruta de Lenin. En noviembre de 1927, la cabeza del Partido Comunista lo expulsa del Comité Central. Acusado de supuestas “actividades contrarrevolucionarias”, en 1929 es expulsado de la Unión Soviética y lleva una vida de emigrante hasta que el 20 de agosto de 1940 un agente de Stalin lo mata en México.

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