Ahora ETA la toma con los estudiantes

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Hay momentos en los que siento rabia. Demasiada rabia. Lo siento, no puedo evitarlo. Uno de ellos sin duda alguna lo experimenté el pasado jueves 30 de octubre, a eso de las once de la mañana, quizá un poco antes. De nuevo esos inclasificables de ETA volvía a azotar nuestras ansias de cordura y de libertad con su método favorito: la bomba.
Yo lo supe en medio de mi trabajo, en un momento incluso alegre en el que me regocijaba de haber cerrado una rueda de prensa. En la redacción de noticias se siente el impacto de manera inmediata- casi tanto como la gente que debe experimentarlo en primera persona: un fatídico mensaje sms a tu compañero experto en País Vasco, un teletipo por iNews ratificando las sospechas… ¡De nuevo un atentado de esa gente! Al principio sientes una inmediata compenetración con las víctimas, rabia, quizá conformidad por la insostenible costumbre… pero que te digan que el coche bomba se dirige a la universidad…

Dicen que la cólera es como una aguja hipodérmica. Se te va metiendo lentamente en la piel y te inunda por dentro hasta que de nuevo debe de salir y te afecta. ¡Vaya si te afecta! Sobre todo cuando sabes que una persona a la que aprecias especialmente estudia en dicha universidad. Entonces explota: tu jefe de sección te mira extrañado y te comenta si te ocurre algo porque de repente se te ha puesto la piel blanca y los ojos rojizos. Te pregunta si quieres irte pero no puedes. Quieres saber más y más. Llamas, mandas mensajes por email y por teléfono… y te tienes que aguantar las lágrimas porque no puedes llorar delante de todos. Yo, por lo menos, no puedo. Dicen que la gente de la tierra deliciosa de Euskadi sufre igualmente en silencio aunque yo no tengo el privilegio de ser su habitante.

Esos minutos sin respuesta, esas llamadas en las que una y otra vez te salta el contestador- mi amigo tiene el “yavoy” ese que te plantan una canción y él tiene puesta la Jiga Céltica de Gwendal- en fin, que esos minutos son inacabables. Al final odias la Jiga, odias a Gwendal y odias al mundo en general porque el único sonido que te apetece escuchar es bien la voz de esa persona que te confirme que está a salvo bien el horrible soniquete del móvil con la respuesta a un mensaje.

Siguen llegando datos. ¡Hay heridos! Una impactante fotografía del portal LD, un vídeo de El Mundo de humo y vehículos ardiendo junto al campus que visitaste el año pasado en verano… El estómago te arde. Vuelves a llamar. No hay respuesta. Más datos. Un teletipo de EFE confirma que son 17  y que son leves.  Respiras. Vuelves a llamar. ¿Es que no hay nadie? DPA dice que avisaron a un medio vasco- ¿hace falta saber cuál?- y que pueden volver a explotar nuevos artefactos en Ciencias. Mi amigo estudia en Comunicación pero te identificas con todos: con ciencias y letras, mixtas o bíblicas ¡lo que sea!

Por fin llega… el mensaje. Disculpas, tranquilidades y un vídeo casero con los alrededores de la zona que el editor rechaza porque, en realidad, no se ve gran cosa. Sigue la rabia creciendo pero por lo menos la desazón se marcha y lo que te penetra es un dolor de cabeza como un punzón. Mi amigo me confirma que no le ha ocurrido nada y que van a salir de la facultad. Nos reímos recordando el aviso de bomba que vivimos juntos cuando éramos niños en el colegio, en realidad una excusa de los más vagos de octavo para perderse un examen que no sabían. Parece mentira que tras semejante inquietud de repente te encuentres bromeando sobre las travesuras de los mayores con ese amigo al que minutos antes creías herido por la metralla de unos impresentables.

Tras el terremoto llega, efectivamente, la calma. Hablamos largo y tendido por la tarde, una vez que he salido del trabajo, por el messenger. Nos preguntamos las causas por las que de repente ETA atenta contra los estudiantes universitarios. En los foros abertxales se defienden diciendo que sus “ídolos” jamás habrían atentado contra una universidad normal pero que la afectada era del OPUS y ¡les lavan el cerebro! Hay veces en las que pienso que no habla una mente humana sino un robot porque no soy capaz de concebir semejante falta de escrúpulos. ¿Buscaban una masacre y sólo se defienden diciendo que por ser la Universidad del OPUS ya son menos personas?

Hoy estoy más calmada, la verdad. Ahora sólo me queda pensar en la causa real por la que de repente los estudiantes universitarios somos objetivo de ETA. Supongo que no les interesa que las generaciones venideras se eduquen o se instruyan o les molesta demasiado que los medios de comunicación les tratemos como debemos de tratarles. No quiero pensar que de repente van a tomarla con nosotros. Sólo me queda esta tarde enterarme del lugar en el que de nuevo nos concentraremos, inútilmente porque no nos escuchan, todos los que repudiamos a ETA. Gritaremos como de costumbre que tenemos las manos blancas y cerraremos los ojos por los que han caído o pudieron caer.

Espero encontrar rostros conocidos en esa concentración que preveo. No podemos dejar sola la causa de nuestras víctimas. Y desde luego no podemos permitir que ocurran atrocidades como la del pasado jueves.

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