¿Agur PNV?

0
292

Los teletipos navegan de una redacción a otra con una noticia que demasiada gente lleva esperando desde hace décadas: posible primer lehendakari no nacionalista en Euskadi. Ayer, por fin, tras casi un mes de espera, se ha hecho oficial el principio de acuerdo del PSOE y el PP en el País Vasco. El pacto, por ahora, es sencillo: jefatura del gobierno autonómico vasco para el socialista Patxi López y presidencia del Parlamento Vasco para un “popular” que se decidirá el próximo lunes. Atendiendo a los tres candidatos sobre los que se ha especulado- Arantza Quiroga, Carmelo Barrio y Laura Garrido- habrá que decidir si es más importante el dominio del euskera o la experiencia y, desde luego, olvidarse de la cuota de mujeres por el mero hecho de la cuota. Desde luego, por mucho que les pese a algunos agoreros, tanto Barrio como Quiroga como Garrido son compañeros y seguidores- Barrio es incluso amigo personal- de la “tesis San Gil”, una manera que parece equilibrada a la hora de repartir puestos y estilos políticos y no un giro total de las posturas- de hecho, no hay que olvidar que el propio Basagoiti fue el principal impulsor de la candidatura a Lehendakari y a presidenta del PP Vasco de la carismática exlíder-.

Dejando al margen los temas meramente personales, la trascendencia política del acontecimiento escapa a un mero cambio de partido ostentador de la lehendakaritza El entramado de poder nacionalista- auspiciado y construido por el constante gobierno del PNV desde la Transición- en el País Vasco no solo afecta a cuestiones meramente gubernamentales como fomento o empleo, es algo que se encuentra imbricado en el día a día de la población de sus tres provincias: la manera de enseñar el idioma en los centros públicos, la influencia de las eukastolas, las pintadas, la violencia callejera, la vigilancia a determinadas personas, las máscaras cubriendo el rostro de los hertzianas, la gente con escolta por haberse declarado no nacionalista en público, las ayudas a los presos, la ignorancia y marginación hacia las víctimas y familiares, las herrikotabernas… todo relacionado, lamentablemente, con el primo hermano rebelde de ese nacionalismo rampante: el terrorismo.

Desarticular todo ese entramado, desconocido para muchas personas que sólo ven al País Vasco como un paraíso de vacaciones o del arte, debería ser el primer objetivo del nuevo gobierno socialista-popular si realmente quiere erigirse como garante del constitucionalismo. Es una cuestión más moral que política para con todas las víctimas no sólo del terrorismo activo sino también del entramado del PNV. Sólo cuando no hagan falta ni escoltas, ni exilios de gente no nacionalista a la que no dejan vivir, ni máscaras por parte de los hertzianas se hablará de auténtico cambio en Euskadi.

Para conseguirlo, lo que parece más conveniente es establecer una hoja de ruta previa con los pasos a seguir, convenientemente consensuada entre PSOE, PP y el resto de partidos constitucionalistas antinacionalistas. Sobre todo, es importante que éste segundo imponga condiciones estrictas antes de dar sus votos a la investidura de López. La experiencia de la anterior legislatura en cuanto a las aventuras del Partido Socialista Vasco, el Partido Nacionalista Vasco y los radicales de Batasuna hace más que necesaria esta exigencia por parte de los “populares” ya que nada garantiza que, una vez conseguida la lehendakaritza por parte de López, de nuevo se vuelva a pactar con los nacionalistas y el sueño de desarticulación de su aparato propio se desvanezca. No hay que olvidar que el poder central socialista puede ordenar pactos puntuales con PNV a fin de no perder su apoyo en el Congreso de los Diputados. Es un factor peligroso para el cambio real. No sería mala idea incluir en esa hoja de ruta las ideas de UPyD, por mucho que les fastidie a los socialistas, porque se han presentado desde el principio como los defensores del constitucionalismo sin reservas y a riesgo de ni siquiera entrar en el Parlamento Vasco. No se puede dejar a un lado a un clarísimo aliado para el cambio de cara a un gobierno estable y de cara a un cambio real en Euskadi.

Lo más importante ahora es la oportunidad que se presenta. Habrá que ver si los constitucionalistas logran sus objetivos: no por el poder sino por toda esa gente que necesita el cambio real y factible en Euskadi.

Fuente de las imágenes:
http://4.bp.blogspot.com/

1 Comentario

  1. Poco menos que estás diciendo que el PNV es eta, y eso me parece una barbaridad. En cuanto a lo de pactar con nacionalistas, el primero que lo hizo fue J.María Aznar y por último debo decir sinceramente, que después de la rastrera oposcición realizada por el PP desde que gobierna Zapatero, me parece fatal que se asocien con ellos en Euskadi o donde sea. De todas formas si esto sirve para acabar con eta, bienvenido sea, que quede claro.

Dejar respuesta