África: una deuda histórica

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Hace poco más de dos siglos, Europa entraba en un periodo de desarrollo sin igual favorecido y sustentado, en gran medida, por el imperialismo y el colonialismo. África fue el lugar predilecto de los grupos de poder europeos, que la convirtieron en su particular vertedero. Europa tiene una deuda histórica con el continente africano que deberá ser saldada si queremos solucionar, de una vez por todas, el hambre y la inmigración.
Entre los años 1884 y 1885 se celebraron las conocidas como Conferencias de Berlín, impulsadas por Otto von Bismarck en el marco de las colonizaciones europeas en África. Desde que España descubriera “las indias”, y esta fuese colonizada por nuestro reino y Portugal en el sur, y por Francia y Gran Bretaña en el norte, las potencias europeas habían comprendido lo lucrativo que era poseer territorios donde las actuaciones burguesas no tenían por qué estar sometidas a las leyes nacionales de sus países de origen. Si a esta nueva conciencia de los grupos de poder le añadimos la peculiar evolución de los territorios americanos, que se habían independizado y conformado en naciones soberanas, obtenemos una nueva estrategia de los grupos de poder europeos: conseguir territorios coloniales que aseguren materias primas y mano de obra fuera de las condiciones de trabajo surgidas del enfrentamiento entre el liberalismo y los grupos de presión obreros.

Así, el XIX es el siglo de las colonizaciones. El siglo en el cual la prepotencia liberal del XVIII llega a su máxima expresión, y una nueva casta europea, los burgueses, hoy conocidos como empresarios, enajenados por una supuesta misión civilizadora, considerabansé los auténticos dueños del mundo. Esta conciencia fue explicitada por el político francés Benjamin Constant en su libro “Cursos de política constitucional”, en donde defiende el sufragio censatario y la hegemonía burguesa en todos los ordenes organizativos y políticos de la nación. Su razonamiento explica que la burguesía, en su condición de propietaria, es la única capacitada para gobernar al ser la única que puede educarse en el conocimiento debido a que disponen de tiempo para el ocio, precisamente por no tener que trabajar (no os suena esto un poco a lo qué se pretende con el proceso de Bolonia).

Todo comenzó en el Congo belga, actual República Democrática del Congo. Leopoldo II de Bélgica pretendía ocupar esta rica tierra en minerales, y se adueño de ella “por la cara”. Entonces, Francia y Gran Bretaña hicieron lo propio, y reivindicaron su soberanía sobre otros tantos territorios. A esto se unieron Italia y Alemania, que no estaban dispuestos a quedarse sin su trozo de pastel, por lo que Bismarck aprovechó todas sus dotes diplomáticas para realizar un primer reparto de tierras africanas y asentar unos principios colonizadores que rigiesen toda nueva ocupación en el futuro. Una de estas reglas o principios, la más llamativa, es que cualquier territorio, para considerarse propiedad de una potencia, debía ser ocupado de forma efectiva. Esto fue lo resultante de las Conferencias de Berlín, amén de una serie de artículos muy en la línea ilustrada, como el art. 6, que no fueron nunca aplicados, y se mostraron como puro maquillaje.

África fue dividida con una escuadra y un compás, y con el demagógico e hipócrita pensamiento que lleva derramando las lagrimas de Jaquín y Boaz durante más de tres siglos, se erigieron como civilizadores de los “salvajes”. Lloraron, y lloraron sangre, al ver que defraudaban la búsqueda del homo initium en favor de intereses económicos y geoestratégicos. Aquellos supuestos mendigos del conocimiento usaron la antigua vida de los canteros para sus propios fines mercantiles, y la cantera nunca ha vuelto a ser la misma. Igualmente, esos civilizadores, unidos bajo el dintel de la casa de Jedidiah, y aprovechándose de su calida hospitalidad, convirtieron África en un vertedero para las potencias europeas. Partieron pueblos y zonas étnicas por la mitad, y unieron bajo el mismo techo pueblos enfrentados históricamente. Promovieron la segregación y el clasismo, de lo cual el Apartheid británico en Sudáfrica, mantenido hasta 1994, es el mejor y más sangrante ejemplo. En definitiva, crearon el caldo de cultivo perfecto para la pobreza y el conflicto armado, conflictos que son producidos por las antiguas reparticiones y los intereses extranjeros sobre los recursos nacionales de los países africanos.

Durante el siglo XX sucedió la descolonización que configuró el mapa actual (aunque cambiante) de África. Los territorios colonizados se independizaron en su Forma y se constituyeron como naciones aparentemente soberanas. Naciones con fronteras artificiales y, en casi la totalidad de los casos, sin historia constitutiva y/o cultural, sin raíces, condenados al conflicto y la continua reestructuración. Suprimimos su lengua; exterminamos tribus y etnias (como la guerra contra los Bóers, secuestrados, cuando no asesinados, en los campos de concentración británicos); los usamos como esclavos, gracias a ello EEUU es hoy la potencia que es; sostenemos nuestro progreso en su pobreza; usamos móviles gracias a la muerte –no biológica- de los niños del coltán; vivimos como vivimos, en definitiva, gracias a que ellos mueren.

Europa tiene una deuda histórica con África, y no puede eludirla. Lo peor es que parece no ser consciente de ello, parece ignorarlo. ¿Cómo es posible que, por ejemplo, no exista una asignatura de libre elección sobre las colonizaciones africanas en la Facultad de Historia de la UCM?. Fenómenos sociales como la inmigración son un pequeño pago que debemos realizar por nuestros errores pasados. Nuestras manos están manchadas de sangre, de su sangre, de sangre africana. Europa tiene una deuda histórica con África, y la pagará por las buenas… o por las malas.

Fuentes del texto:
Francisco Sánchez Pérez: Historia del mundo contemporáneo para 1º de Bach. Oxford Educación.
Benjamin Constant de Rebecque: Curso de política constitucional: textos seleccionados.
Alberto Vázquez-Figueroa: Coltán. Ediciones B.
Fuentes de la imagen:
http://lavozdelosdebiles.wordpress.com/
http://lasumadevidas.blogspot.com/2008/10/coltan-la-tecnologia-sangre-muerte.html

1 Comentario

  1. Muy bueno. Estoy de acuerdo contigo, les debemos mucho, pero… sabes que pasa? que a los que están arriba no les interesa que se acabe ni el hambre ni la pobreza, solo que se haga un poco el paripé para poder seguir llenándose los bolsillos a consta de los demás. Lo hacen con nosotros… no lo van a hacer con ellos… ni lo justifico ni me parece bien, pero está claro que ellos no es que no sean conscientes del daño que han ido haciendo con los años, es que lo veían necesario para ver crecer sus intereses (a los de abajo muchas veces les vino bien y por eso en su momento se callaron, otras simplemente les engañaron o les ocultaron la verdad. Tienes razón, también me suena…).
    No sé como lo verás tú, pero cada vez que esos prepotentes a los que denominamos “los grandes”, sean quienes fueren a lo largo del tiempo, han llevado a cabo grandes proyectos (de buena o mala fe) al final siempre han acabado alborotando todo y no sé en qué medida pesa más las cosas positivas que las negativas porque, como en todo, no todo es blanco o negro.
    Sigue así, tienes mucho que ofrecer.

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