Adolf: las dos caras del Holocausto

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Más allá del cliché del manganime, Osamu Tezuka legó al mundo una brillante historia sobre los males del racismo y del egoísmo humano a través de una historia de la Segunda Guerra Mundial.

Adolf, o Adolf ni tsugu para los quisquillosos, es el nombre de una de las obras maestras de Osamu Tezuka, padre, dios y en general maestro del manganime en todos los sentidos de la palabra. La historia nos lleva a la Segunda Guerra Mundial y la protagonizan tres tocayos: un judío, un alemán y el mismísimo Adolf Hitler. Empezamos bien.

 

Una obra anti-nazi
Una obra anti-nazi

La historia, contada en tono de thriller bélico, es la de toda una vida, y se centra en la transición de la infancia a la adolescencia y más adelante a la adultez de los Adolfs que no son considerados asesinos de masas antisemitas (Hitler aparece de vez en cuando gritando, pero su historia no tiene mucho peso). Ambos contemplan desde Japón el cómo Alemania se convierte al nazismo y empiezan a ver sus caminos separarse conforme los lazos de sangre les atan a un destino inevitable. En la tradición de Tezuka, este manga es ambicioso en su extensión y elaboración, y a lo largo de miles de páginas se detalla el cómo la sociedad y la idea del nacionalismo definen a las personas más que sus voluntades individuales. Tezuka retoma su habitual tratamiento del ser humano, mostrando cómo nuestro deseo por separarnos mediante etiquetas supera nuestras ansias por vivir unidos y en paz, y para ello hace gala de un cinismo que dejaría seca a más de una obra con pretensiones de ser “gris” y “adulta”.

Adolf no es un cómic gentil y amable, y aunque no se compara a la amargura de Ayako, logra ofrecer imágenes de pura crueldad al ver a Adolf Kaufmann pasar de joven entusiasta y amigo de todos a un frío asesino a las órdenes del Tercer Reich. En la línea del autor, la obra contiene decenas de personajes secundarios cuyos arcos enriquecen una trama que se vuelve más profunda, tensa y dramática a cada nueva página, y que muestra un fiel reflejo de la vida durante la Segunda Guerra Mundial tanto desde la perspectiva japonesa como desde la alemana. La trama se alarga hasta superar el arco de muchas series, desarrollando a unos personajes humanos e imperfectos que intentan encontrar su lugar en un mundo que se mueve demasiado deprisa. Durante el camino Tezuka expresa su amor hacia la Humanidad matándolos a casi todos, mostrando con ello el cómo los hombres amamos el asesinar a nuestros hermanos y reafirmando el cómo la idiotez humana supera a todas sus virtudes. Pero sin duda, lo que hace relucir más a esta magistral joya es su dominio del dibujo: Tezuka, quien ya había trabajado el poder narrativo de las viñetas con Crimen y Castigo u Oda a Kirihito, pone aquí todo su empeño para transmitir la intensidad de unas vidas sacudidas por la Historia y por los prejuicios, y si bien no llega a los límites experimentales de Kirihito, logra impactar por su fluidez y el poder de su trazado.

Adolf es un imprescindible en cualquier librería. Otras muchas obras han expresado los males y las desgracias del Holocausto, pero esta obra logra destacar por su ambiciosa extensión, la complejidad de sus subtramas y especialmente por el cómo no divide entre bien y mal, blanco o negro: son todas personas, y el ser humano conoce tanto el amor como el odio. Adolf es demasiado grande para contenerla en una frase, y la brevedad de esta reseña no puede hacerla justicia.
Sólo leyéndola se puede descubrir la genialidad de esta historia tan particular y tan fresca.

Fotografía: Propiedad de Nemo, usuario de pixabay.com

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