Adiós a la dama de los ojos violetas

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Fallece en Los Ángeles Elizabeth Taylor, la última gran actriz de la Edad Dorada del cine universal

Los ojos de Elizabeth Taylor se han cerrado ahora por última vez. El mito no ha nacido hoy. El mito nació el día que dejó atrás su Inglaterra natal para convertirse en una de las actrices más legendarias de todos los tiempos. Nacida en Hamsted, Londres, un 27 de febrero de 1932 acaba de fallecer a los setenta y nueve años víctima de una insuficiencia cardíaca y quizá del agotamiento de protagonizar una apasionante vida de excesos.

Liz, como ella misma reconoció, nunca quiso ser actriz, fue más el empeño de su madre en convertirla en estrella a cualquier precio lo que hizo que recorriese durante su niñez un casting tras otro en busca de la gran oportunidad. Así, protagonizó anuncios y participó en cameos de películas de escasa calidad hasta mediados de los años 40 cuando protagonizó National Velvet (1944), El coraje de Lassie (1946) y El padre de la novia (1950), su primer gran triunfo. Gigante (1956), junto a James Dean y Rock Hudson la convirtió en leyenda. Al año siguiente fue nominada a su primer Óscar por El árbol de la vida. De 1958 es La gata sobre el tejado de zinc protagonizada junto a Paul Newman y que le valió su segunda candidatura al Óscar. De repente el último verano, le reportó una nueva nominación al Óscar y su primer Globo de Oro en 1959 y al año siguiente, por fin el premio Óscar por Una Mujer Marcada. Fue sin embargo Cleopatra (1963), con la que rompió la taquilla y la inmortalizó como faraona para siempre convirtiéndose en la primer actriz en cobrar un millón de dólares por la cinta, cifra que se vio incrementada hasta los siete por retrasos en el rodaje y un elevado porcentaje de la taquilla contemplado en su contrato. Cleopatra le dio también a Richard Burton, compañero de rodaje y con el que mantendría un escandaloso romance estando ambos casados. Contraerían matrimonio hasta en dos ocasiones (de los ocho totales para ella) y perpetuarían su tormentosa relación entre peleas, drogas, alcohol y muchas joyas. Burton regaló a Liz por esta época algunas de las más importantes gemas de la historia como la Perla Peregrina (que fuera propiedad de la Casa Real Española), la esmeralda de la gran duquesa Vladimir de Rusia, el diamante Krupp (33,19 quilates) y el Taylor-Burton de 69 quilates que sumados al resto de sus tesoros harían de su colección la tercera más importante del mundo.Con él adoptó además a su cuarta hija.

La colección de maridos la compusieron el multimillonario Conrad Hilton, el actor británico Michel Wilding, padre de dos de sus hijos, el productor Michel Todd, padre de su tercera hija, el cantante Eddie Fisher y el senador republicano John W. Warner que la abocó al alcoholismo y obligó a la actriz a retirarse de las pantallas.

Finalmente, contrajo matrimonio para de nuevo divorciarse en 1996, con el obrero de la construcción Larry Fortensky.

Los años 60 marcaron la paulatina desaparición en el cine para Liz Taylor a pesar de que de esta época es ¿Quién teme a Virginia Wolff? Con la que consiguió su segundo Óscar y que es considerada su mejor película.

A partir de los 70, sí se considera el inicio del declive artístico de la actriz, si es que alguna vez lo hubo y su participación en películas es cada vez más escaso, comenzando una etapa que se prolongará hasta los años 90 de intervenciones esporádicas en TV.

Una de las facetas que más grande la hizo en lo últimos años fue su labor humanitaria en la lucha contra el SIDA, principalmente tras la muerte de su gran amigo Rock Hudson. Creó la Elizabeth Taylor Aids Foundation y junto con su también amigo Michael Jackson impulsó nuevos proyectos y recaudó cifras millonarias para la causa por lo que le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1992.

Su defensa y activismo por los derechos de los homosexuales le ha valido el respeto de la comunidad LGBT internacional.

Por su talento, su compromiso y su belleza, hoy muchos lloran su muerte. Su cine y su labor humanitaria, el mayor patrimonio que nos ha dejado a todos en su testamento la última gran actriz de la Edad de Oro.

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