Adiós

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No pienses que te he olvidado, porque no es así. Es cierto que estaba tan absorta en mi mundo que apenas hacía un amago de preguntar por ti. No intento excusarme pero sabía que estabas en buenas manos, en las mejores. Pero tampoco quería saber demasiado ya que en la última etapa sabía que era la última.

No sabes cómo duele. Contigo siento que se ha acabado mi tierna infancia donde los juegos y tus nervios eran el motor de mi rutina. Siempre recordaré el primer momento en el que apareciste en el que no estábamos solas, siempre con gente a la que queremos. Recuerdos, viajes y anécdotas a veces no tan divertidas. Vimos el nacimiento de nuevos seres y compartimos algo más que largas siestas. Mi despertador, mi apoyo en malos momentos. Recibirme sin esperar nada a cambio porque tu nobleza no tenía límites. Qué extraño es describirte en pasado puesto que es tan difícil decirte adiós que, como una niña mimada, me aferro a no querer pronunciar esa maldita palabra. Algo más que compañía o ruido. En los últimos paseos ya sabía que serían los últimos.

Las vueltas al hogar me emocionaban al pensar que allí estarías. Cariño, ternura y sobre todo tu obsesión por el juego. No puedo concebir un verano sin la refrescante manguera, sin esos atardeceres junto a la piscina donde nuestras miradas se perdían en trazos pálidos que se dibujaban en el eterno horizonte. Siempre en mis conversaciones, las que manteníamos eran silenciosas porque sobraban palabras y ya sabía que serían las últimas.

 

No demostré suficiente cada día y me hace ver lo efímero de todo esto y las ganas por vivir que me has contagiado. Disfrutaste cada momento y así lo explicaba tu fuerte e intensa mirada. Mirada que se iba marchitando con el paso del tiempo pero no tus ganas por acompañar, no de forma sumisa, tampoco altiva, simplemente estar ahí.

A menudo no nos damos cuenta de lo bello de lo sencillo y es precisamente con lo que me quedo de todo esto. Llevaré siempre conmigo esa frescura por sólo estar ahí y por eso y por millones de razones más, te digo adiós aunque sé que nunca te dejaré marchar.

Ojalá las fotografías pudieran contar todo por lo que pasamos, más es imposible puesto que tantos años no pueden resumirse en una instantánea. La sensación tras salir de la peluquería en la que destilabas tu perfume de fresa o tus simpáticas alergias en tu segundo lugar, el balcón repleto de vida en el que pasaban las horas observando el otro lado del mundo, son recuerdos que aunque el tiempo se proponga, no logrará hacerlos desaparecer.

Adiós.

 Fuentes de las imágenes:
http://1.bp.blogspot.com/-G_V1xIoGRZ8/TcfvhJ5aK3I/AAAAAAAAAEM/irzZIn6ECAs/s400/huellas.jpg
http://fotos.euroresidentes.com/fotos/paisajes/Alto_Ebro/images/atardecer%20%285%29.jpg

4 Comentarios

  1. Precioso. Las palabras que guardan tanto sentimiento tiene que pronunciarse, tiene que escucharlas la Churri. Mucho fue lo que seguro que os dio y también es mucho lo que se lleva. No se va sola, que se va con el corazón minao de reservas de quereres y caricias.Xavi.

  2. Gracias Tati, tu sensibilidad y tu manera de derramar lo que sientes es realmente preciosa..me has abrigado el alma.

    Pequeña compañera de la vida, te he hablado tantas veces en mi interior que apenas me queda que decir. Estar a tu lado ha sido un regalo diario..tu presencia y tu forma de sentir la vida me arrancaba sonrisas, risas y preciosos sentires.
    No puedo, sino agradecerte cada instante en el que te distes y nos distes..siempre lo mejor de ti. No hay nadie como tu, y nadie podrá llenar el vacio que me dejas.

    Siempre seguirás viva en mi.
    Espero que el cielo de los perros esté lleno de naranjos, y que seas tan feliz como lo fuiste en este mundo loco.

    Este poema, es para ti.

    Soy vertical (Sylvia Plath)

    Pero preferiría ser horizontal.
    No soy un árbol con raíces en el suelo,
    que sorba minerales y amor maternal,
    para que al llegar marzo sus hojas resplandezcan;
    ni encarno la belleza de un jardín,
    que atraiga exclamaciones y mueva a que lo pinten,
    sin saber que muy pronto sus pétalos caerán.

    Comparado conmigo, es inmortal el árbol.
    Y una corola, no muy alta, pero más sorprendente,
    y de uno anhelo la longevidad, y de la otra la audacia.

    Esta noche, a la luz infinitesimal de las estrellas,
    las flores y los árboles han estado esparciendo su refrescante aroma.
    Yo camino entre ellos, pero ninguno se da cuenta.
    A veces pienso en eso cuando duermo,
    tengo que parecérmeles lo más posible:
    pensamientos que se han ido empañando.
    Yo, que estoy acostada, lo siento como algo natural.
    Así es que el cielo y yo tenemos nuestras charlas,
    y he de ser útil cuando yazca al fin:
    por una vez, entonces, me tocarán los árboles, y tendrán tiempo para mí las flores.

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