A un paso de cazar el bosón de Higgs

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La ciencia parece estar cada vez más cerca de demostrar la existencia del bosón de Higgs, la única partícula que falta por hallar del Modelo Estándar de Física de Partículas. De ser descubierta, esta ultima pieza del puzle ayudaría a conocer cómo se formó el Universo.

Colisión en el proyecto CMS

El Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) anunció el pasado 13 de diciembre que si bien hay indicios esperanzadores en los dos experimentos llevados a cabo en la región de masas Higss, todavía no se puede afirmar que la “partícula de Dios” haya sido descubierta.

El Modelo Estándar de Física de Partículas es la teoría que los físicos utilizan para describir el comportamiento de las partículas fundamentales y las fuerzas que actúan entre ellas. Este modelo, que describe la materia ordinaria de la cual está formada el ser humano y todo lo visible en el Universo, no abarca el 96 por ciento del cosmos que permanece invisible. Así, uno de los objetivos principales del programa de investigación del acelerador y colisionador de partículas del CERN (LHC) es ir más allá del Modelo Estándar, siendo para esto fundamental el bosón de Higgs.

No es nada inusual en la física que una partícula sea descubierta primero en papel y más tarde en el laboratorio. En el caso de la antimateria, pasaron cuatro años entre la idea y el descubrimiento, y los científicos aún tardarían veinte años más en detectar los neutrinos. Sin embargo, el lapso entre la idea y el descubrimiento nunca ha sido tan largo como en el caso del bosón de Higgs, que se ha erigido en la búsqueda más larga en la historia de la física.

Según el modelo antes mencionado, sólo una de cada mil partículas de Higgs se desintegra en ‘quantums gamma’ de alta energía, y es en estos procesos donde los científicos confían en detectar la partícula de Dios. No obstante, los expertos son conscientes de que el número de eventos es aún demasiado pequeño para que puedan demostrar sus postulados.

Sin embargo, los científicos se muestran alentados por el hecho de que tanto los centros del Atlas como los del CMS, ambos grupos de investigación del CERN, estén viendo señales similares y coincidan, además, en que la investigación debe dar sus frutos a finales del próximo año.

Colisión en el proyecto Atlas

En 1964, el físico Peter Higgs postuló la existencia de un campo de energía que abarcaba todo el Universo y al que los científicos se refieren como Campo de Higgs. La razón por la que se propuso este campo de energía se debió a la dificultad de entender las diferencias de masa entre partículas subatómicas. El campo de energía propuesto por Higgs interactuaría con las partículas subatómicas y les daría su masa correspondiente, de forma que las partículas masivas interactuarían mucho con el campo y las partículas sin masa verían reducida su actividad a la mínima expresión.

El estudio de este científico inglés constataba que si el Campo de Higgs no existiera, ninguna de estas partículas poseería masa. En este campo de energía se encuentra el bosón de Higgs, la partícula más pequeña de esta área de energía.

Leon Lederman, Premio Nóbel de Física, publicó en 1994 The God particle, un libro en el que hablaba de la física de partículas, de las teorías de Higgs y de la dificultad de probar la existencia del bosón. En un principio, el autor tituló el libro The Goddamm ParticleLa partícula maldita-, pero el editor suavizó el encabezamiento para incrementar el número de ventas. La obra caló en público y prensa, pero la clase científica no utilizó nunca este apodo para referirse al bosón de Higgs.

Para el director del CERN, Rolf Heuer, el hallazgo de la partícula no llega a una conclusión clara, pero sí marca el comienzo de una nueva era. Durante unos ochenta años, los científicos se esforzaron por encontrar lo que los teóricos habían predicho mucho tiempo atrás. Ahora, los investigadores quieren embarcarse en la exploración de un territorio virgen real y dejar a un lado la especulación, progresando en sus estudios gracias a unos datos sólidos obtenidos en el laboratorio.

Imágenes: CERN

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