A ochenta años vista

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El 14 de abril se cumplían ocho décadas desde la proclamación de la Segunda República Española en medio del entusiasmo generalizado. Sin embargo, apenas cinco años más tarde una conspiración militar unida a una trama civil no menos importante dio al traste con ella. Para profundizar en la naturaleza que dio lugar al alzamiento del 18 de julio, Julio Aróstegui y Ángel Viñas, dos de los historiadores que mejor conocen el tema, intervinieron en una conferencia bajo el título “Memoria republicana”, donde revelaron algunos datos con seguridad ajenos al gran público sobre este acontecimiento crucial en la historia de España.

Julio Aróstegui, que además de ser catedrático de Historia en la Universidad Complutense es director de la Cátedra Extraordinaria “Memoria Histórica del siglo XX”, centró su intervención en la victoria del Frente Popular. Hay que recordar que España venía de dos años de gobierno conservador conducido por la CEDA y el Partido Radical, durante el cual se habían paralizado y derogado algunas de las reformas que puso en marcha el gobierno republicano socialista anterior, tales como la reforma agraria, centro de todos los grandes debates. Tras una serie de liturgias políticas Alcalá Zamora, presidente de la República, disuelve las Cortes y nombra a Portela Valladares presidente del gobierno a la espera de nuevas elecciones. Éstas tuvieron lugar el 16 de febrero de 1936, a la cual concurrieron las derechas y las izquierdas integradas en bloques, ya que el sistema electoral favorecía este tipo de formaciones conjuntas. El Frente Popular (entonces conocido como Frente Electoral de Izquierdas) ganó la partida al Frente Nacional, la coalición derechista. Sin embargo, como apunta Aróstegui, este triunfo electoral no reflejó en los escaños la verdadera polarización que vivía ideológicamente el país, ya que la izquierda obtuvo 278 diputados, la derecha 124 y el centro 51. A juicio de este historiador, fue el hecho de la victoria electoral del Frente Popular y no su obra lo que dio inicio a la conspiración militar.

Hoy conocemos que el Frente Popular fue mucho más eficiente como coalición política de cara a las elecciones que como cuerpo de gobierno, ya que la génesis de unión entre burguesía y proletariado (que era lo que al final representaba este partido) nunca llegó a tener la suficiente enjundia y consenso entre sus partes para llevar a cabo su programa político que, por otra parte, no tenía nada de revolucionario al girar en base a tres puntos: retomar de la reforma agraria, enseñanza y reformas financieras, como afirmaría el propio Azaña. Pero poco importaba eso porque, a los pocos días de los comicios, la idea que ya había empezado a fraguarse entre la amplia derecha española fue la de que el vencedor de las elecciones era una manifestación de la política soviética cuyo contenido revolucionario ponía en peligro la estabilidad del país y el estatus de poder de alguna de sus personalidades. Esto rompe el mito de que la muerte de José Calvo Sotelo el 13 de julio a manos de la guardia de asalto fue la gota que colmó el vaso de una situación insostenible que requería una intervención armada para ser solucionada. La llamada “contrarrevolución preventiva” que debían llevar a cabo los militares de orden para evitar la revolución izquierdista en España fue el verdadero germen del alzamiento militar del 18 de julio. Por eso para Aróstegui, la victoria del Frente Popular en febrero supone la fecha clave de los años 30 en España.

Ángel Viñas, por su parte, precisamente haría hincapié en este golpe militar durante su ponencia. Viñas es un economista e historiador que se ha pasado media vida mirando archivos de primera mano, por lo que, junto a Aróstegui, está considerado una eminencia en la materia. Ambos inciden en que la preparación del golpe era conocida por el gobierno y que podía venir gestándose incluso desde 1935, cuando Alcalá Zamora se niega a nombrar a Gil Robles (líder de la CEDA) presidente del gobierno. Se estima que la derecha en aquel instante dio por cerrada la vía institucional de acceder el poder y hacer efectivas sus pretensiones. La victoria del Frente Popular únicamente confirmaría este hecho y abriría la puerta a acciones alternativas, como la destrucción de la República por la fuerza. Sea como fuere, Casares Quiroga, ministro de la Guerra, estaba sobradamente informado de la trama que estaban preparando algunos militares en colaboración con líderes civiles como José Calvo Sotelo o Gil Robles. En una ocasión un alto mando militar le llegó a advertir de informaciones fundadas sobre actividades subversivas por parte del general Franco, destinado en Canarias, a lo que el ministro respondió a su interlocutor con la terminante prohibición de no poner más en duda la lealtad del general. Aunque es cierto que el gobierno subestimó el potencial insurreccional de los conspiradores, la República tomó precauciones, por ejemplo, trasladando a los militares sospechosos a puntos diversos (Franco a Canarias, Goded a Baleares, Mola a Navarra). Sin embargo, esto no evitó la insurrección, de hecho Mola se vio favorecido por esta situación al encontrarse con el gran movimiento carlista en su lugar de destino, un caldo de cultivo excelente para sus pretensiones.

En determinados momentos la República abusó de la confianza que tenía en sí misma para acabar con cualquier posible golpe de Estado que se presentara, teniendo en cuenta que la Sanjurjada se había despachado fácilmente cuatro años antes. De hecho, en una ocasión Manuel Azaña fanfarroneó afirmando que podría desarmar un alzamiento militar con unos pocos bedeles. En palabras de Ángel Viñas, “El gobierno no quería ver”.

Ahora únicamente los rebeldes tenían que asegurarse que el golpe de Estado que estaban preparando estuviera respaldado, y para ello tenían que crear el ambiente propicio. Esto se tradujo en actos terroristas por parte de los grupos armados de la extrema derecha para caldear el ambiente y en la preparación del post-golpe. Para ello se aseguraron la inhibición de Gran Bretaña, y si lo conseguían Francia tampoco se movilizaría; y el apoyo del gobierno fascista italiano, de tal forma que Mussolini acogería a los militares exiliados si el alzamiento saliera mal. Con estas bases bien firmes la sublevación estaba lista para ser ejecutada, lo que no se esperaba nadie es que fuera a salir mal y que el resultado de aquello sería una amarga guerra civil de tres años. Pero esa es otra historia.

Estas son las conclusiones a las que han llegado Ángel Viñas y Julio Aróstegui acerca del fin por las armas de la segunda experiencia republicana en España. De cara a la posibilidad de vivir una tercera, los historiadores apuestan más a favor de profundizar en la democracia ya existente que a discutir la jefatura monárquica del Estado, ya que al fin y al cabo el sistema parlamentario es parecido al que existía entre 1931 y 1936 del siglo pasado.

Fuentes del texto:
Propias
Fuentes de imagen:
http://imagenes.publico.es/especial/charlas/images/usuarios/angel-vinas.jpg
http://www.ucm.es/info/memorias/IMAGES/fotosprensa/artic06.jpg
http://www.fideus.com/mola%20i%20franco.jpg

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