A mis queridos buitres

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DSC_0109Llevamos décadas leyendo sobre cobertura de conflictos, de naciones históricas enfrentadas y enemigos públicos para darnos cuenta de que la realidad más conflictiva emerge en el círculo más cercano. Todo empieza en tu querido y valorado entorno. Al que le das todas las oportunidades sin importar cuándo perdiste la cuenta. Recientemente, a través de las conversaciones vía mail con una colega a la que admiro mucho, alcancé uno de mis momentos de mayor lucidez.

El frío empieza a quemar y, con él, arde mi paciencia. ¿Es posible que el invierno te haga más sensata? Me adapto al frío como a las consecuencias de los actos de otras personas. Y no me he equivocado de frase, que conste. Tú actúas y yo cambio, es así. Las y los que piensan que las personas no cambian es que no han crecido en su vida.

Recuerdo que quise ser astronauta, y hasta aspiré un día a un príncipe azul. Descubrí desde los diez años que ni lo primero era mi vocación ni lo segundo creíble. Al final, sí terminé amando el espacio. El de la justicia y la honestidad; lo llamé periodismo, mi periodismo. En cuanto a lo segundo… comprendí con los años que se trataba de una construcción. Algo que el cine me había mostrado y yo creí, como una tonta. También ayudaron a mi no-aprendizaje mi familia y mis amigos y amigas. Qué le vamos a hacer… es evidente que les quiero por mil razones, pero su fuerte no es la idea que tengo del denominado “amor romántico”. 

Tú actúas y yo cambio, es así, aunque desconocía los detalles de mi paciencia, la que cambia como consecuencia de tus actos. ¡Hasta tengo contados los cambios que sufre mi persona cuando tú actúas a expensas de ti mismo/a! Es de locas. Cuando esto ocurre, termino pensando que he dado con otra persona tóxica (cada vez más en mi lista).

Es cierto eso que dicen. Las personas que más quieres son las que pueden hacerte más daño. Qué cansancio de vida, chico/a. Te levantas triste y quieres que tu entorno lo esté por ti. Te levantas sin ganas y quieres arrastrar al que llamas amigo/a. Querida persona tóxica, qué cansancio tengo; me agotas.

Fuente del texto: El egoísmo del ser humano.

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