¡Que viva la música!

0
203

Además de ser el grito  por antonomasia del perfecto melómano es el título que da nombre a la primera y última novela de Andrés Caicedo, escritor colombiano de la sociedad urbana y de sus problemas sociales, que apenas fue escuchado en su momento por los ruidos que en aquellos tiempos hizo otro realismo, el mágico de García Márquez.

¿Qué sería de la vida sin música, de una película sin banda sonora o de una fiesta sin canción? Simplemente no sería.  Es imposible quitar el sabor a la comida o el latido al corazón, lo mismo ocurre con la música en esta novela, sin ella no  encontraríamos la explicación.

¡Que viva la música! es la invitación a la fiesta privada y desenfrenada de María del Carmen, una adolescente de la alta sociedad de la ciudad colombiana de Cali, una niña bien que baila su vida con la letra del propio lema de Caicedo: “vivir cada día como si fuera el último”.

Andrés Caicedo dejó mucho de sí mismo en cada una de sus obras, pero es sobre todo en esta última donde mejor podemos conocerle, ¡Que viva la música! es la novela en que se le va, literalmente, la vida.

Hablar de un escritor suele ser sinónimo de hablar de su obra. El escritor que narra en primera persona juega con el lector a crear dos mundos, el real y el de ficción, que a veces llega a ser tan real como nuestra propia vida. Suele ser habitual descifrar qué hay de realidad y de ficción y qué proporción pone el autor de sí. Con Andrés Caicedo llama la atención el caso contrario y hablar de la obra supone hablar del mismo autor sin la pretensión de hacerlo.

Caicedo nació en Santiago de Cali, a finales del melancólico mes de septiembre de 1951, allí creció, se enamoró y comenzó a escribir de una manera enfermiza, podría decirse que era lo único que le apasionaba en la vida, eso y la música. Andrés además lideró diferentes movimientos culturales en la ciudad vallecaucana, como el grupo literario Los Dialogantes, el Cineclub de Cali y la revista Ojo al Cine, sin duda, grandes iniciativas para la cultura colombiana.

Como vemos, Cali es su cuna, es su realidad y es el escenario donde la protagonista de ¡Que viva la música! se mueve, baila y se consume. El decorado no es sólo un telón de fondo en la obra, esta ciudad se muestra relevante de norte a sur, donde los pasos de baile de María del Carmen nos pasean por la realidad de los más jóvenes de la sociedad colombiana y de los pasos que dio el propio autor para la creación de su obra maestra. Mientras Macondo era la ciudad más conocida de Latinoamerica en los años del Boom en la literatura, Cali apenas se situaba en el mapa.

La complejidad de las realidades en este instante es algo que sorprende. Cuando el Realismo mágico se está desarrollando y tiene al gran público hipnotizado en esa realidad camuflada de magia y tradiciones que caracterizan al continente suramericano, encontramos a un autor contra la corriente que mueve las grandes plumas de su continente: Andrés Caicedo, que intenta hacerse un hueco entintando la realidad de real, pura y directa, sin metáforas que despisten al lector ni sueños que nos alejen del verdadero mundo.

Los problemas existenciales de los adolescentes es la mayor preocupación de este joven colombiano, porque él también lo es y los conoce en primera persona. Empieza a escribir con trece años sus primeros cuentos, comienza dos novelas que nunca llegará a concluir y se aventura en la escritura de algunos guiones de cine y teatro.

Pero en su vida, fuera de las historias que narra, Andrés pronto se desplaza al conocer a dos niños de unos nueve años, Clarisol y Guillermito, y desde entonces quedó atrapado en su mundo. Con ellos pasa del norte al sur, del rock a la salsa, de lo real a lo imaginario, bajo los efectos del alcohol y las drogas se desordena, se radicaliza, se pierde, pero jamás deja de escribir. Es esta la trama que se desentraña dentro de las páginas de ¡Que viva la música!

Las andanzas de María del Carmen, chica de familia acomodada del norte con sus canciones en inglés de The Beatles y Rolling Stones que cruza la línea en dirección al sur, donde la rumba y la salsa la enredan y ya no sabrá vivir de otra manera. El camino al sur se transforma así, en un sendero oscuro bajo el dominio de las drogas y la adición a la salsa, a Bobby Cruz, Ray Ruiz, Willi Colon y La Fania, que hacían de su vida una rumba que la derrumbó. Nos acercamos de la mano de Maria del Carmen a ese grupo de la fiesta que no habla con nadie, que no baila y que no les importa nada mientras haya una fiesta en la que privar. El grupo marginal y fuera de lo socialmente aceptado es el protagonista, y la juventud y la fiesta eso que quema, nos quema y al final consume.

A través de la protagonista encontramos el reflejo directo de Andrés y su reflejo refleja a la vez a todos los adolescentes de todas las épocas.

Alberto Fuguet es el principal propulsor de la obra de este curioso escritor, apenas conocida y difundida ya que se vio mermada por el Boom Latinoamericano de los años ’60, éste le convierte en “el primer enemigo de Macondo” creando  una nueva corriente literaria al margen de la de los grandes escritores del Boom, desarrollada posteriormente por escritores como Rafael Chaparro, Efraim Medina, Octavio Escobar y Ricardo Abdahllah. Andres tal vez no tuvo tiempo para darse a conocer, o tal vez no encontró el sentido para hacerlo. Él fue de esas personas fiel a su manera de pensar.

Entre sus ideas encontramos el peculiar pensamiento de que vivir más de veinticinco años era una vergüenza, era el límite de la genialidad, aunque para él cada día no tenía reemplazo y a pesar de que sufría una profunda angustia existencial, supo sacar lo mejor de sí en ese breve tiempo y dejar su huella marcada en el arduo camino de la literatura.

Cuando el 4 de marzo de 1977 recibió una copia de su libro publicado ¡Que viva la música!, Andrés contaba con veinticinco años y en esos momentos piensa que ya le ha ganado a la muerte, había conseguido lo que quería. Tras la ingesta de sesenta pastillas y con la copia del libro recién enviada de una editorial argentina, Andrés se suicida acorde a sus principios dejando esta partitura en clave de mi mayor, un mi transformado en yo menor para todos aquellos lectores que les guste disfrutar de la música y la lectura.

Fuentes del texto:
¡Que viva la música!, de Andrés Caicedo.
Blog de Andres Caicedo.
Entrevista a Andres Caicedo.

Fuentes de las imagenes:
Google imágenes.

Dejar respuesta